Un día como el de hoy, pero del año 1972, el norteamericano Bobby Fischer vivía el momento cumbre de su carrera coronándose Campeón Mundial de Ajedrez, al vencer a Boris Spassky y poniendo fin a la hegemonía soviética, incontestable desde 1948. En plena Guerra Fría, la final del Mundial de Ajedrez, disputada en Reykiavik (Islandia), fue un episodio más de la pugna entre Estados Unidos y la URSS. Nunca una partida de ajedrez había tenido semejante cantidad de espectadores. Tanto se politizó aquel evento que para ambas potencias se convirtió en una razón de Estado. Temperamental y excéntrico, desistió de defender su Título tres años después y se retiró voluntariamente. Pero, de manera sorpresiva, reaparecerá en 1992 para jugar en Belgrado un revival de aquella final histórica. Era un torneo de exhibición donde volvería a enfrentarse con Spassky. El resultado se repitió, pero Fischer se buscó, por ello, graves problemas con el Gobierno de EEUU : deliberadamente había violado el Bloqueo contra
la Yugoslavia de Milosevic. De “héroe americano” pasó a ser un “villano” perseguido por la CIA. Casi acaba en prisión, pero finalmente, Islandia le concede Asilo político. “El genio de Brooklyn” tenía un coeficiente intelectual de 184 (superior al de Einstein).
Aquel 31 de Agosto nacía la Leyenda. Y hasta el día de hoy, se lo sigue considerando el mejor de todos los tiempos. Murió a los 64 años, tantos como casillas tiene un tablero de ajedrez.