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LOS MENSAJEROS CRISTIANOS DE IEUE
 
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General: ARREPENTIMIENTO, BAUTISMO Y PERDÓN DE PECADOS
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From: GOYOBRITO  (Original message) Sent: 17/03/2015 22:09
 

ARREPENTIMIENTO, BAUTISMO Y PERDÓN DE PECADOS:

 

   En el inicio de los tiempos, gran remordimiento de conciencia embargaron a nuestros primeros padres (Adán y Eva), por la expulsión del Paraíso o Huerto del Edén, donde impregnados de inocencia tenían una relación feliz y gloriosa con el Padre Creador, ya que en ellos no había desobediencia alguna ni tampoco estaba la savia de conocer el bien y el mal; y no obstante siendo que el Espíritu y el agua desde el principio de las cosas, son de gran importancia con respecto a la creación del Todo Poderoso, fueron cohesionados con la sangre de un Cordero sin mancha, para revertir el pecado que el hombre en Adán adquirió, por la maldad de uno de los querubines más hermosos y esplendorosos de Dios, y quien por ello se convirtió en la serpiente antigua, diablo o Satanás “el adversario” del Creador y enemigo del género humano. Desde entonces Dios diseñó el plan de redención, salvación y vida eterna, conocido como “el Misterio de la Piedad”; y para esto seleccionó, a hombres de conducta intachable, y fue prefigurando lo que había de venir en los postreros tiempos. Así empero la escritura nos relata a muchos personajes, tales como: Enoc, Noé, Abram, Isaac, Jacob y Moisés entre otros, hasta que por fin con su mensajero “Juan bautista” llegó JESUCRISTO, él cual es la figura esencial de dicho Misterio; y por tanto en su Nombre, tenemos la oportunidad del arrepentimiento, bautismo y perdón de pecados. Veamos la definición de cada una de estas tres temáticas en lo particular:

Arrepentimiento:

El vocablo arrepentimiento, proviene del latín tardío pænitere. Esta expresión es utilizada en el Nuevo Testamento, como un paso que da el pecador, al sentir un gran abatimiento y un enorme remordimiento por obrar mal contra alguien o contra Dios. En el Cantar de Mio Cid (1140), aún aparecía la forma antigua repentirse, procedente del latín tardío pænitere ‘arrepentirse de haber pecado’, ‘sentir dolor, pesar o pena’.

Bautismo: 

Por otra parte el bautismo que significa inmersión, simboliza el diluvio universal, con el que todo el pecado y los inicuos del mundo antiguo, perecieron consumidos en las aguas. De esto desde luego se hizo una práctica conmemorativa de sumergir a las personas en las aguas, para que del mismo modo el pecado también les quedara inmerso y el viejo hombre se sumiera sepultado. Por esto es que dos destacados apóstoles de Jesucristo respectivamente nos comentan:

Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua”. (2. Pd. 3:5-6).

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en Espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados. Los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”. (1 Pd. 3:18-21).

“Y todos en moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos bebieron de la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (1 Co. 10:2,4; Ex.17.6; y Nm. 20.11).

Perdón de pecados:

Perdón de pecados en cambio, se refiere a la indulgencia-misericordia o gracia que Dios concede a una persona, por el mal proceder contra alguien, falta o transgresión a un mandato divino. El perdón de pecados no se obtiene por la mera disculpa a un ser humano, sino que según el Nuevo Testamento, es mediante la sangre de JESUCRISTO, que como poderoso antídoto contra el veneno de la antigua serpiente/diablo o satanás, aún sigue actuando desde que la derramó en la cruz del calvario en propiciación de toda la humanidad.

    Ahora bien, en el mismo orden de ideas del arrepentimiento, bautismo y perdón de pecados, es que llegado el cumplimiento de la Palabra de Dios, de manifestar las Buenas Nuevas de Salvación al pueblo de Israel, Juan bautista anticipándose a nuestro Gran Dios y Salvador JESUCRISTO, predicó el bautismo en agua para arrepentimiento; y con lo cual necesariamente para cumplimiento de toda justicia, el mismo Cristo también se bautizó en el río Jordán, pese a que Juan bautista se le opuso, diciendo: “¿Yo necesito ser bautizado por ti, y tú vienes a mí?” (Mt. 3:13-15). Desde entonces Juan bautista debía menguar para que Cristo creciera, y así el cambio del oficio bautismal del uno al otro no se haría esperar, porque el Divino Maestro como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, por él en su Nombre debían conjugarse el arrepentimiento para el bautismo en agua y el perdón de pecados, a fin de darnos la infusión de su Espíritu, que consiste en el poder concedido de su ser desde lo alto, para poseer los dones espirituales (Jn. 3:30; 1:29,36; Hch. 2:38; 1 Co. 12:1-13; y 10:4). Sin embargo era primero necesario, de que Cristo con su propia sangre supliera el sacrificio de animales para la remisión del pecado del pueblo hebreo, y así fuera extensible a las demás poblaciones del mundo, en cumplimiento a la promesa dada al patriarca Abraham, de que en su simiente serían benditas todas las gentes de la tierra (Heb. 8:27; 9:7-15; Gn. 22:18; Hch. 2:39; y 3:25;). Por tanto, muerto Juan bautista y muerto el testador para la confirmación del Nuevo Pacto, era empero necesario el levantamiento del Señor de entre los muertos, a fin del arrepentimiento del pecador y el bautismo en el Nombre de Jesucristo, porque no habiendo otro Nombre dado a los hombres en el que podamos ser salvos, ya no solo sería para la obtención del perdón de los pecados, sino también el recibimiento de los dones del Espíritu Santo, la resurrección de entre los muertos y la vida eterna, (Mt.14:10-12; Heb.9:17; Lc.24:1-8; Hch. 2.38; 4.12; 1 Co. 12:1-13; 10:4; 15:21 y 1 Jn.5:11-13).

En base a ello son los mandamientos contenidos en el Nuevo Testamento, de que en el Nombre de Jesucristo y en virtud del Evangelio Santo y Eterno, para la honrosa tarea de hacer discípulos en todas las naciones del mundo, se predicase el arrepentimiento, el bautismo y perdón de pecados, comenzando desde Jerusalén (Mt.29:18; Lc. 24:47; y Hch. 2:38).  De modo que todo quien creyere y fuera bautizado, será salvo, más el que no creyere será condenado (Mc. 16:15; y Jn. 5:29). Entonces pues hay que creer, hay que tener fe para ser justificados por ella, y no por la ley mosaica con la que el pueblo hebreo estaba bajo el ayo, sino por la fe en Cristo IESUE todos somos hijos de Dios, porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos (Gl. 3:15-29).

 El bautismo en cuanto al agua como lo hemos visto con anticipación, ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo (1 Pd. 3:18-21). Bien se lo dijo el Divino Maestro a Nicodemo, de que era necesario nacer de nuevo, es decir, de agua y del Espíritu para poder ver y entrar en el reino de Dios (Jn. 3:1-5).

    Con el bautismo en Cristo IESUE, ocurre que somos bautizados en su muerte, porque somos sepultados juntamente con él por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la Gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva (Hch. 2.38; Ro. 6:3-4). Esto es perfectamente entendible, desde el punto de vista de la equivalencia que tenemos a la muerte de Cristo, quien después de ser sepultado resucitó al tercer día de entre los muertos, y nosotros al ser bautizados en su Nombre, es por tanto que en un sentido figurado morimos para el mundo y vivimos en Cristo IESUE, como nueva criatura, porque las cosas viejas pasaron he aquí todas son hechas nuevas. Lo cual en discordancia a la muerte física, se transmutará en nuestra resurrección, ya que así como cristo resucitó, también resucitaremos para vida eterna.

    Arrepentimiento, Bautismo y Perdón de Pecados, devinieron del Evangelio o buenas nuevas de salvación, en un Nombre sobre todo nombre “JESUCRISTO”, a fin de que como Él resucitó de entre los muertos, todos los creyentes resucitemos y tengamos la vida eterna. En esto pues el agua, la sangre y el Espíritu, que dan testimonio del plan de salvación, convienen en lo mismo; y de hecho han surgido del Misterio de la piedad, que se centró en la promesa hecha por Dios al Patriarca Abraham, de que en su simiente serían benditos todas las gentes de la tierra. Lo cual no por la ley sino por la fe que Abraham tuvo en El Todo Poderoso, y le fue contado por justicia; y así por tanto la gracia ha venido a todo el mundo pecador, y esto no es por obra humana para que ninguno se gloríe, sino que es don Dios.

    En conclusión del Arrepentimiento, Bautismo y Perdón de Pecados, es que son temáticas devenidas de las Buenas Nuevas de Salvación, por el plan que el Eterno determinó para redimir con su sangre a toda la humanidad, debido a la caída de los primeros especímenes humanos en el huerto del Edén (Gn. 3:1-23; Is. 52:7,9; 53:1-12; y 61:1-3). Es por esto que en su plan de redención, resurrección y salvación “el Misterio de la Piedad”, Él ordenó a sus discípulos predicar el Evangelio a toda criatura, para que todo quien creyere y fuera bautizado sea salvo, más él que no creyere será condenado (Ro.16.25-26; Ef. 3.1-9; 6.19; 1 Col. 1:24-28; 2.1-4; 3:16; Ap. 10:7; Mc. 16-15; y Jn. 5:29). Gracias a Dios por ese Misterio, se le ha dado al pecador la oportunidad de arrepentirse y bautizarse en el Nombre de Jesucristo, para darle el perdón de todas sus transgresiones cometidas, a fin de que en el juicio final ante el Gran Trono Blanco, no sea condenado a ser lanzado en el lago que arde con fuego y azufre, donde el gusano no se muere y el fuego nunca se apaga. Lago que es el mismo lugar de la segunda muerte, y en el cual la primera muerte como enemigo último a vencer, será lanzada para siempre.

Textos claves del bautismo en el Nombre de Jesucristo:

1) Jesucristo mandó a sus discípulos, a predicar el Evangelio a toda criatura, para que quien creyere y fuera bautizado sea salvo, más quien no creyere será condenado (Mc. 16:15).

2) Otro mandamiento importante se haya en Lucas 24:47, ya que aquí el Divino Maestro ordena que en todas las Naciones del mundo, se predicase el arrepentimiento y perdón de pecados en el Nombre de Jesucristo, comenzando desde Jerusalén. Por lo tanto los israelitas y los gentiles, deben arrepentirse y bautizarse en el Nombre de Jesucristo para perdón de pecados, y recibir el don del Espíritu Santo (Hch. 2:38).

3) Pablo y los discípulos de Juan, se bautizaron en el Nombre de Cristo IESUE (Hch. 19:1-7; y 22:12-16).

4) Los gentiles que eran inmundos, llegaron a estar limpios por medio de Cristo. Así, pues que el primer caso de los gentiles bautizados en el Nombre de IESUE (El Cristo), fue Cornelio el Centurión romano de la compañía llamada la italiana, junto con sus parientes y amigos más íntimos (Hch. 10:1-48).

5) El arrepentimiento, bautismo y perdón de pecados en todas las naciones del mundo, ha de hacerse por mandato del Divino Señor en el Nombre de Jesucristo, porque no hay otro Nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos (Hch. 2:38; y 4:12).

6) El bautismo a todos nos salva, pero no quitando las inmundicias de la carne, sino como un nueva conciencia hacia Dios (1 Ped. 3:18-21).

7) Todos somos hijos de Dios por la fe en Cristo IESUE, porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo IESUE. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa (Gl. 3:15-29).

8) Con el bautismo en Cristo IESUE, ocurre que somos bautizados en su muerte, porque somos sepultados juntamente con él por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la Gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva (Hch. 2.38; Ro. 6:3-4).



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