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LOS MENSAJEROS CRISTIANOS DE IEUE
 
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General: ARGUMENTOS SERIOS A LOS TRINOS Y A LOS QUE CREEN EN DOS DIOSES
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From: GOYOBRITO  (Original message) Sent: 13/09/2016 18:33
 PARA INSTRUIR CON ARGUMENTOS SERIOS A LOS TRINOS Y A LOS QUE CREEN EN DOS DIOSES:

 

Filosofía y Teofanía:

El filósofo Escoto Eriúgena empleó el término teofanías para referirse a todos los seres, tanto corpóreos como espirituales, que son irradiaciones de la substancia divina. En este sentido, la teofanía simboliza la verdadera naturaleza de las cosas finitas, es decir: manifestar la única e inmutable realidad, que es el Ser Divino.

La Teofanía en el Antiguo Testamento:

Teofanía, también puede referirse a las manifestaciones y apariciones de IEUÉ al pueblo de Israel, tal y como en el Antiguo Testamento son relatadas en los primeros capítulos del Génesis, o según se narra en el Éxodo 3:4-6, que en forma de fuego IEUÉ aparece ante Moisés en medio de una zaraza ardiente, o en forma humana cuando Moisés lo ve en el monte Sinaí, durante la entrega de los diez mandamientos (Éxodo, 24:10).
 
Teofanía de Mamré

Es un pasaje del Antiguo Testamento, que relata la aparición del Omnipotente a Abraham en la llanura de Mamré (Génesis 18). Allí, aparte del anuncio de que Abraham y Sara su mujer, ambos ya ancianos, engendrarán un hijo, se desarrolla un diálogo entre Abraham y el Omnipotente, donde el primero intercede por Sodoma, objetando su destrucción en caso de existir en aquella ciudad, suficientes hombres justos, pues aquello supondría el castigo de éstos a la par de los injustos. Lo cual a la luz de este contexto, se considera uno de los episodios bíblicos emblemáticos sobre la aplicación de la justicia divina.

    Ahora bien, partiendo de esas premisas, la teofanía sería excelente no para hablar de dos Dioses o de un Dios trino, sino para hablar del que es, del que era, y del que ha de venir, del mismo ayer, hoy y siempre o del Alfa y la Omega, Principio y Fin, del que sus salidas son desde el principio, desde los día de la eternidad (Ap. 4:8; 1:8, 11; 21:6-7; 22:13; y Miq. 5:2). Es bueno decir a los judíos del Estado moderno de Israel y a los gentiles, que en Deuteronomio 6:4 nuestro IEUÉ Elohei es uno, no porque en este enunciado sea una unidad compuesta, sino porque es el único Elohei Verdadero, que existe desde antes de todas las cosas (Dt. 32:39; 2ª S. 22:32; Slm. 18:31; 2ª Cr. 17:20; Is. 35:4-6; 43:10; 45:5,22; 46:8; y Joel. 2:27).  Por otro lado existen las estatuillas y los Elohim (dioses) en el conocimiento del bien y del mal, pero como hombres moriréis y como cualquiera de los príncipes caeréis (Slm. 82:6). En efecto, Elohim (dioses) por la obra de Satanás, en que seréis como dioses sabiendo el bien y el mal.

El Espíritu Divino:

   En el Capítulo 1 de Génesis, es evidente que en el principio no fueron dos ni tres Espíritus Divinos que se paseaban por la faz de las aguas, sino un Espíritu Divino, que es el Espíritu de Elohei. Este Espíritu creó la naturaleza planetaria mediante su poderosa palabra (el Verbo). Palabra que estaba con El, porque precisamente era quien la hablaba, y luego vemos que se hizo carne y habitó entre nosotros, como el único del Padre lleno de gracia y de verdad (Jn. 1:1).

En el mismo Génesis se comenta, que el hombre fue hecho en el sexto día, y previo a su hechura, Elohei dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn. 1:26, Septg. LXX). Unos dicen que hablaba con el género espiritual existente, porque a la caída del hombre en el Huerto del Edén, Elohei aun dijo: “Ahora el hombre es uno entre nosotros sabiendo el bien y el mal…, y puso al oriente del huerto del Edén querubines…” (Gn. 3:22-24); también están los que afirman, que Elohei respecto a Él y a su Palabra (el Verbo) fue que dijo, hagamos al hombre; y otros pudieran decir, que Dios asumió una teofanía humana temporal, para que estando como Espíritu y materia, tuviera asidero la expresión “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”; y así el hombre fuera de la misma manera (con espíritu y materia). En todo caso sea como sea, es importante observar, que quien inspira soplo de vida en el hombre después de hecho, es el Espíritu Divino y no dos ni tres Espíritus. Si el Padre es el Único Espíritu Divino y Creador de todo, menos entonces para afirmar de manera equivocada, que en los cielos den testimonio: “el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo”, ya que así quedan limitados como testigos en los cielos nada más y no en otro lugar; y en ello por tanto redunda lo espiritual, porque si al hablar del Padre que siendo el Espíritu es un testigo, entonces el Espíritu Santo sería otro testigo, y por ende habrían dos Espíritus Divinos testificando en los cielos. Sin embargo, El Padre es el único Espíritu Divino (Omnipotente), y la creación en cuanto al Verbo no son los cielos nada más, como para que exclusivamente en esto sea el segundo testigo, sino que en su conjunto, ella consiste en la materia y en las cosas celestes, en donde deben estar contenidas la potencia de un Espíritu Divino que es el Espíritu del Padre Creador, y su Palabra mediante creó todas las cosas. Muchos sabemos que la Coma Juanina “1ª de Jn. 5.7”, es un agregado de la católica, para justificar lo trino de su teoría tertuliana; pero a la luz de la verdad, los verdaderos testigos, son: “el Espíritu, el Agua y la Sangre”, que se conjugaron para así dar testimonio en la tierra de toda la creación del Omnipotente. Pues, fue precisamente el Espíritu que en el principio de la creación, anduvo sobre las aguas que cubrían totalmente a nuestro planeta, como ocurrió en similares circunstancias en el diluvio universal, y en consecuencia ellas fueron desde luego el símbolo del bautismo (Gn. 1.1; 6:4, 7, 11, 13, 17, 20-24; 1 Pd. 3:20-21). Y que a la par del Espíritu y del agua sería la sangre, porque necesariamente testificaría cuando el acuerdo de la Antigua Alianza; y aún para la concertación del nuevo pacto, mediante se nos redimió del pecado, como producto de la caída del hombre en el Huerto de las delicias (Edén).

El Bautismo es el segundo testigo:

   El Bautismo entonces es el segundo testigo, como símbolo del agua que debe estar conjugada en estrecha concordancia con los otros dos testigos “el Espíritu y la Sangre”; pero después que tuvo lugar el Concilio Ecuménico de Constantinopla (381 d.C.), la católica adulteró a Mateo 28.19-20, para desviar el bautismo en el nombre de tres cualidades, y de esta manera justificar la teoría “Trinitas” de Tertuliano, de que los tres son de una misma de sustancia “Padre; Hijo; y Espíritu Santo” (Adversus Praxeam II,4). Y así como dice Jeremías 8:8, que la pluma mentirosa de los escribas convirtieron la palabra de IEUÉ Elohei en mentira, la católica también lo hizo y se comenzó a bautizar con la fórmula trina de tres inmersiones. No obstante, lo más curioso del caso es, que en el Nuevo testamento no aparece nadie bautizado ni bautizando en el nombre del Padre; y del Hijo; y del Espíritu Santo, sino tanto judíos, samaritanos y en lo general de entre los gentiles, fue en el Nombre que es sobre todo Nombre “JESUCRISTO” (Hch. 2:38; 8:12-16; 10:48; 19:4-3; Ro. 6:3-5; y Gl. 3:27). Los datos probatorios de la adulteración de Mateo 28:19-20, que se desprenden de los mismos católicos, demuestran en el Nombre de Jesucristo, tales como:

-  La prueba del Evangelio, es que de Eusebio de Cesarea (270 d.C.- 340 d.C.) a como fue editada por W.J. Ferrar Nota 3 del Libro 3, Cp.3, P. 137: “Que Mateo escribió en Hebreo el Evangelio que lleva su Nombre” como es declarado por Eusebio en la Historia Eclesiástica de Eusebio. iii. 24. En la Prueba del Evangelio, libro 3, Cp. 7, P. 157, le citó que solamente una frase, “en mi Nombre” iba después de “Id, y haced discípulos de todas las naciones”.

-  El evangelio en Hebreo de Mateo, también es señalado por el católico Jerónimo (d.C. 331-d.C. 420), el autor de la Biblia “vulgata latina”, quien apoyó esto en la siguiente declaración registrada en la cita debajo:        

Catálogo de Escritores Eclesiásticos- "Mateo, que es también Leví... compuso un Evangelio... en el idioma y caracteres Hebreos... Además, el mismo Hebreo está preservado hasta este día en la biblioteca en Cesarea de la cual el mártir Pamphilus tan diligentemente coleccionó."

-  En las obras de Eusebio, se han encontrado dieciocho citas de Mateo 28:19, y siempre en la siguiente forma: "Id,  y haced discípulos de todas las naciones en mi Nombre, enseñándoles que observen todas las cosas, que yo os he mandado." (F. C. Conybeare).

Catecismo Bíblico Vaticano II:

· […]En Cristo. La Biblia nos dice que los cristianos son bautizados en Cristo. (6) que pertenecen a Cristo. En Hechos de los Apóstoles (2:36-38; 10: 48; 19: 5) dice: “bautizándolos en el nombre [personal] de Jesús”.Una mejor traducción sería: “dentro del nombre de Jesús”. Sólo en el 4º siglo, la frase “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” se convirtió en una práctica. (Traducido de la Pág. 164).                

. […]Además, hemos visto cómo la iglesia primitiva bautizó: En primer lugar predicaban el Evangelio… Como resultado fe y obras, lo cual era sellado y perfeccionado con [b]el bautismo “en nombre de Jesucristo”. [/b] Eran llamados cristianos, es decir, personas relacionadas con Cristo de modo especial. Más tarde, “el nombre de Jesús” se desarrolló y se convirtió en “el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”(Traducido de la Pág. 166)

También la Enciclopedia Católica, escribe:

· Enciclopedia Católica de 1913, Vol. 2, pág. 365. Aquí los católicos reconocen que el bautismo fue cambiado por la Iglesia Católica.

. Enciclopedia Católica Vol. 8 Justino Mártir fue uno de los primeros Padres de la Iglesia Católica Romana que ayudó a cambiar el antiguo bautismo de ‘en el Nombre de Jesucristo’ a los títulos de ‘Padre, Hijo y Espíritu Santo'”.

. Enciclopedia Católica, 1967 edición 2, Vol. 2 pág. 56, 59   “Una referencia explícita a la fórmula trinitaria bautismal actual no es encontrada en los primeros siglos”.

   Y no solamente la Iglesia Católica reconoce el cambio de la fórmula bautismal que era en el Nombre de Jesucristo, sino personas estudiosas de la historia y prestigiosas enciclopedias declaran:

. Hastings Enciclopedia de Religión, Vol. 2 Pág. 377-378-389 El bautismo cristiano fue administrado usando el Nombre de Jesús. El uso de la fórmula trinitaria de ninguna manera se sugiere en la historia de la iglesia primitiva, el bautismo fue siempre en el nombre del Señor Jesús, hasta el momento de Justino Mártir cuando la fórmula trinitaria se comenzó a utilizar”. Hastings dijo también en el Vol. 2 Página 377, en relación con Hechos 2:38 “el nombre era sinónimo de persona. El pago se hacía siempre en nombre de alguna persona, refiriéndose a la propiedad. Por lo tanto, al ser bautizados en el Nombre de Jesús se convertían en su propiedad personal”. “Vosotros sois de Cristo.” I Cor. 3:23.

. Enciclopedia de Religión y Ética, James Hastings, Pág. 384 “no hay pruebas [en la historia de la iglesia primitiva] del uso de los tres nombres”. Rev. Steve Winter.

    Por último de las evidencias, la prueba más fulminante y contundente en contra de los agregados o falsificaciones de los escritos sagrados, es la carta del católico Jerónimo, por él mismo hecha al papa Dámaso I, cuando en lo concerniente a los antiguos libros, expresó:

“¿No se encontrará acaso a más de uno, sea instruido o lo contrario, que no me llame un falsificador o un delincuente religioso porque tuve la osadía de agregar, cambiar o mejorar algo en los antiguos libros? Dos reflexiones son entretanto las que me consuelan y que me permite cargar con esta odiosidad: Por un lado, que tú, el obispo superior en rango a todos los demás, me llamaste a hacer esto; y por otro lado el que, como confirman también mis calumniadores, en lecturas que difieren entre sí, difícil es encontrar la verdad …” (Revisión de los evangelios, preámbulo, MPG 29, Sp. 525, citado según Adolf Martin Ritter, «Kirchen- und Theologiegeschichte in Quellen», tomo I, pág. 18).      

La Sangre en relación al Bautismo, al Espíritu, al arrepentimiento y perdón de los pecados:

    En cuanto a la Sangre como tercer testigo en la tierra es importantísima con relación al bautismo, al Espíritu y al perdón de los pecados; porque su testimonio actúa como poderoso antídoto contra el veneno de la antigua serpiente, que es el diablo y satanás; y con cuya sangre que finalmente por las de los animales de sacrificios se derramó la de nuestro amado Cristo, se nos hizo el perdón de los pecados, porque sin derramamiento de sangre no hay remisión (Heb. 9:18-22). Vemos entonces que así se concuerda con el mandato expresado en Lucas 24:47, de que en el Nombre de Jesucristo se predicase el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones del mundo, comenzando desde la Ciudad de Jerusalén, ciudad donde desde lo alto vendría la promesa del Padre sobre los discípulos, la cual Cristo dijo: “Oísteis de mí” (Hch. 1:4-5); y lo cual que así al comenzarse a cumplir en Jerusalén, vemos a Pedro puesto en pie con los otros once apóstoles delante de los presentes, indicándoles lo que debían de hacer para ser salvos, diciendo: “Arrepentíos y bautizase cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38); y por esto en un día, muchos de los hebreos nacidos en diferentes naciones, se bautizaron y fueron añadidos como 3000 personas, y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones (Hch. 2:40-42). 

Ese bautismo siguió siendo latente en el Nombre de IESUÉ el Cristo, tal como en resumen se puede constatar así: a) El general romano Cornelio de la compañía llamada la italiana, sus servidores, su familia y sus amigos más íntimos (Hch. 10:1, 44-48; b) Saulo Pablo (Hch. 9:10-18; 22:16); c) Los discípulos de Juan Bautista (Hch. 19.1-5); y d). Los samaritanos (Hch. 8:14-16). Aún es de suma importancia, lo que Pablo el Apóstol de nosotros los gentiles, respectivamente por escrito dijo:

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo IESUÉ, hemos sido bautizados en su  muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” (Ro. 6:3-4).

“Pues, todos sois hijos de Dios por la fe en cristo IESUE; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo IESUÉ. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gl. 3:27-29).

Por otro lado vemos que el Apóstol en mención, cuando por motivos de las divisiones dijo a modo de interrogante: ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por ustedes?, ¿O fueron bautizados en el nombre de Pablo? (1 Cor. 1:12-13).

En Romanos 6:3-4, ha de observarse que se habla de sepultura juntamente con Cristo para muerte por el bautismo, lo cual sería desatinado si el bautismo además de practicarse en el Nombre del Hijo, se efectúa en el nombre del Padre; y del Espíritu Santo, porque si siendo el Padre Dios y el Espíritu Santo también Dios por la misma substancia, pero cada quien distinto en la subsistencia ¿Cómo entonces seremos sepultados con ellos en sus muertes, si es que Dios el Padre y el Espíritu Santo no pueden morir? Es claro también por esto entonces, que el bautismo es sin duda alguna en el Nombre de Jesucristo, ya que el Hijo (cuerpo humano) fue lo que murió en la estaca de crucifixión, y no el Espíritu del Padre que en él estaba, hasta que el Cordero de Elohei expresara las palabras proféticas acerca de él, y muriera; pero luego por el mismo Espíritu se levantara de entre los muertos.

Doctrina cristiana mayor en la Unidad y el envío del Espíritu: 

  Cristo dijo claramente, que si vuestra doctrina no es mayor que la de los escribas y fariseos, no podéis ser mis discípulos; y esto es equiparable en similares palabras en cuanto a la católica, ya que es desatinada la fórmula trina respecto al bautismo, y es discordante el credo trino que de ella adoptaron los trino-evangélicos de tres personas co-eternas de la misma substancia, pero distintas en la subsistencia. No obstante es bueno aclarar, que Padre e Hijo, es lo mismo decir: “Espíritu y Cuerpo”, que se sustenta en lo expresado por nuestro amado Cristo, cuando dijo: “Yo y el Padre somos uno” (Jn. 10:30); y así de verdad si es factible no la Trinidad, sino la UNIDAD que señala Efesios 4:1-16 y Juan 17:23, con extensión a nosotros, puesto que el Padre está en el Hijo y Cristo transfigurado en nosotros. En la PERFECTA UNIDAD aunque somos muchos miembros, somos un cuerpo en Cristo IESUÉ, mediante su Espíritu (Jn. 14:10-11; 17:11,21-23; 1 Cor. 6:17; 12:11-14; y Gl. 3:28). De manera que empero, tenga que cumplirse: “vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, ustedes también estén” (Jn. 14:3), porque todos los convertidos son suyos en un solo cuerpo y cada quien tiene una porción de su Espíritu que derramó y sigue derramando sobre sus escogidos para los dones espirituales, y de hecho los muertos en Cristo resucitarán primero, no los muertos en dos o en tres de una misma substancia o subsistencias (Lc.  24:46; Hch. 2:1-4; Ef. 4:8-12; Ro. 12:3-8; 1 Cor. 12:1-30; 1 Ts. 4:16).

   En el evangelio según San Juan, muchas son las alegorías o parábolas habladas por el Nazareno acerca del Padre, que confundían a los mismos discípulos y no entendían al principio nada, hasta que Cristo les daba una explicación (Jn. 16:25). De aquí empero es deducible lo contradictorio que parece en cuanto al envío del Espíritu, porque en una parte el Maestro dice, que sería él quien a ellos les enviaría al Espíritu del Padre; pero por otra parte sería el Padre que lo enviaría en su Nombre (Jn. 15:26; 16:7; y 14:16-18, 25-26). En todo caso el Padre mismo se hizo carne para estar entre nosotros y después de ser traspasado su cuerpo humano sobre la estaca de crucifixión, fue el que en su forma de Cristo derramó de su espíritu, a fin de dar los dones espirituales como él quiso a cada quien, y por tanto es entendible, que Cristo es el que bautiza con Espíritu Santo y fuego (Jn. 14:7-11; 1ª Timt. 3:16; Ro. 9:5; Joel. 2.28; 1 Cor. 12; Jn. 1:33; Mt. 3:11; Hch. 1:5; y 11:16-18).

Padre e Hijo (Espíritu y Cuerpo) en un Nombre

   Aclarado con lo anterior un poco más las cosas de lo que se viene diciendo, entonces tendríamos que hablar netamente de Padre e Hijo (Espíritu y Cuerpo), que al unísono tienen el Nombre personal de IESUÉ, y así se entiende perfectamente y con más razón, del porque Padre e Hijo es Uno, y el Hijo tiene morando corporalmente toda la plenitud de la Divinidad, es decir: “al Espíritu Divino totalmente” (Col. 2:9). Algunos dirían ¿Por qué IESUE y no Jesús? Porque IESUÉ es el adecuado Nombre que Su Divino Espíritu había ya prefigurado por medio de sus alocuciones proféticas, cuando según Números 13.8, 16, el nombre Oseas se cambió a IESUÉ (Josué), que quiere decir: IEUÉ Salvador; y cuando de acuerdo a Proverbios 30:4, expreso: “¿Cuál es su Nombre y el Nombre de su Hijo si sabes?”; y en efecto lo compuso de su Tetragrámaton IEUÉ, para salvar a la humanidad, y es el mismo Nombre con que sella a los 144000 sellados de las tribus de Israel (Mt. 1:21; y Ap. 14:1). Veamos qué quiere decir IESUÉ:

 I - Io soy

E- El

S- Salvador que a

U-Ustedes me ha

E- Enviado

  IESVS en tanto, es una forma latina devenida de los romanos, porque a la mayoría de los nombres masculinos le daban la terminación en “VS” (US), probablemente en honor a Zeus, y por otro lado “Jesús” que se desprende del latín y es conforme al español, fue porque en el siglo XVIII la Real Academia Española adoptó la consonante “j” que devino de la letra “İ”, letra esta original que corresponde al verdadero Nombre del Eterno.

En definitiva sería mucho mejor, que para no generar confusión con dos ni con tres de la misma sustancia pero que distintos en las subsistencias, es necesario predicar únicamente en el Nombre de JESUCRISTO, pues todo se haga en su Nombre que es sobre todo nombre, es decir: “arrepentimiento, bautismo, congregación, etcétera” (Lc. 24:47; Hch. 2:38; 8:16; 4:12; Col. 3:17; Ef. 1:21; Flp. 29; Mt.18:20). Afirmando que en él mora corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y en el estamos completos (Col. 2:9); y entendiendo por tanto que en la perfecta UNIDAD, el que tiene al Hijo tiene al Padre, porque el Hijo es el cuerpo humano y el Padre es el Espíritu, y así como el hombre es uno con su espíritu que conoce sus pensamientos, así lo es el Todopoderoso, que necesariamente ha de estar cubierto con su Santísimo Cuerpo Humano, hasta el último enemigo a vencer “la muerte”, y después solamente lo que ha de persistir es la Divinidad, y ya no su velo de carne “el Hijo”, para que sea únicamente el Ser Divino todo en todos (2 Cor. 2.11; y 1 Cor. 15:26, 28). Amén.



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