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MEMORIAS DE MAX HEINDEL Y LA F.ROSACRUZ: Memorias de Max Heindel y la Fraternidad Rosacruz...(IV)
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De: moriajoan  (Mensaje original) Enviado: 22/01/2013 20:13

 Daniil Trifonov performs Mozart Concerto no 23 in A major

 

 

  
CAPITULO 1
 
MAX HEINDEL – LA ORDEN ROSACRUZ Y
LA FRATERNIDAD ROSACRUZ...(IV)

Luego por tres meses la Sra. Heindel estuvo con él
día y noche. Había pagado el precio exacto de cada personaje público. El público, por su
admiración a los realmente grandes, se acercan a ellos y a veces los matan. Para ese
entonces el público sólo podía acercarse a él a través de la oficina de correos solamente y
estas dos almas estaban al fin realmente libres para disfrutar su amistad. Esta fue una
extraña pero dulce luna de miel, pues sus intereses fueron reunidos en un gran trabajo. A
pesar de la enfermedad de Max Heindel, no permitieron que el trabajo terminara, pues
estando en Seatle, él había comprado una pequeña imprenta, una máquina impresora que
reproducía las cartas escritas a máquina. Se manejaba bajando la manija sobre lo que se iba
a imprimir, una vez acomodado. Cuando se recibió la imprenta fue puesta en
funcionamiento por el mismo hombre que la había enviado de la compañía de carga. Luego,
Augusta recibió las instrucciones sobre su funcionamiento, lo que hacía sentada desde la
habitación de su esposo enfermo. Siendo naturalmente mecánica, era una aprendiz apta,
pero su mayor problema era preparar la imprenta, pues debía hacerse en reversa para que la
impresión en el papel fuera legible. Así, Augusta, sentada al lado de su esposo tuvo que
tomar las primeras clases de puesta a punto de la nueva máquina; llevar la impresora a la
pequeña cocina y luego colocarla en la imprenta, se debía también ajustar la cinta, pues la
imprenta era tan antigua que requería de cintas. Ahora estamos listos, y que lío. El primer
intento de impresión de ajustar la tapa sobre la rama con cierre, la tipografía no fue ajustada
suficientemente y la primera presión en la parte superior de la máquina puso la tipografía
fuera de su alcance. Los estudiantes que recibían estas primeras lecciones enviadas en
Noviembre, 1.910, notaron que la impresión en un lado de la carta era más oscura que en el
otro; quién escribe, tiene aún en su poder algunas de ellas y puede recordar los primeros
intentos para enviar estas hermosas enseñanzas. Antes de que Max Heindel dejara Seatle
para el sur, el Secretario del Centro de esta ciudad, A. E. Partridge, envió la siguiente carta
a sus amigos en Columbus, Ohio, Seatle y Yakima, Washington, Duluth, Minnesota;
Portland, Oregon y Los Ángeles, California y todos los otros de la lista de correspondencia
de Max Heindel, anunciando que Max Heindel iniciaría un curso por correspondencia y
abriría oficinas centrales en Ocean Park California, bajo el número de casilla postal 866.
Carta a los miembros 20-A Noviembre de 1.910: Estimado amigo:
Estamos por comenzar un gran crecimiento de las actividades de La Fraternidad
Rosacruz. Será un esfuerzo por cumplir, un deseo muy esperado por muchos de nuestros
estudiantes, particularmente por aquellos que están aislados y desconectados de nuestro
Centro de Estudios. Hemos publicado una completa y admirable literatura, durante el
último año, una literatura que fue recibida con tal entusiasmo que ya estamos preparando la
tercera edición del Concepto Rosacruz del Cosmos. A pesar de esto, o quizás solo por la
manera en la que nuestra literatura es enviada al público, ha habido un sincero deseo por
parte de muchos estudiantes en acercarse a un contacto más personal con el Sr. Heindel.
Las súplicas que se le han hecho, han encontrado respuestas en su corazón, a lo que
reformuló un plan en vistas de satisfacer la demanda. El Sr. Heindel va a restringir su
actividad en el campo de las conferencias y dedicar casi el total de su tiempo a la
correspondencia con aquellos estudiantes de las enseñanzas Rosacruces y entre aquellos
que tratan de vivir la vida.
Con vistas a que sus esfuerzos sean más efectivos, las cartas probablemente sean
divididas en tres grados distintos, a fin de atender ya sea a los “estudiantes”,
“probacionistas” o bien “discípulos”.
El interés que hasta ahora han manifestado nos conduce a pensar que quizás
estuvieran ansiosos de aprovechar la oportunidad para solicitar que sus nombres se
inscribieran en la lista de correspondencia del Sr. Heindel. Si estamos en lo cierto y están
realmente ansiosos, por favor llenen el formulario en blanco adjunto y envíenlo al
Secretario General, casilla de correo 1802, Seatle, Washington. Así recibirán su primer
carta en el debido tiempo y otras le seguirán de tiempo en tiempo. Algunas cartas pueden
ser recibidas en el mismo mes y otras veces pasar más de un mes en recibirlas”.
La Fraternidad Rosacruz.
La respuesta fue buena tanto de los estudiantes como de los probacionitas: estaban
listos para las lecciones. Pido al lector haga una pequeña pausa y se detenga a pensar lo que
esto significaba para una mujer sola con un hombre enfermo en sus manos, cocinar
comidas, hacer las camas, barrer las habitaciones, preparar la imprenta, las impresiones y
escribir direcciones en todos los sobres, tanto como para la correspondencia de los
estudiantes, como las tantas cartas que se recibían de otros tantos estudiantes (pues
solicitaban a Max Heindel consejo en la ayuda de sus problemas); y finalmente, llevar la
correspondencia hacía y desde la oficina postal, la que estaba a seis cuadras. Bien, quién
escribe, se retiraba a la noche con temibles dolores de cabeza, brazos y pies, se ajetreaba y
sacudía en la noche cuando dormía, pero siguiendo a este hombre que tanto sufría y aún así,
tan determinado. Tenía tanto para dar, a pesar de estar incapacitado físicamente y aún así
nunca emitía una sola palabra de queja; su única aflicción era que su amada debía acarrear
con muchas dificultades. De esta manera las primeras oficinas centrales se hicieron
realidad, en Noviembre de 1.910; unas oficinas centrales que estarían destinadas a
alimentar a los hambrientos de alma de toda las tierras, en todos los climas, en todos los
idiomas. Estas dos almas trabajadoras, las que tuvieron gran peso y responsabilidad en
semejante trabajo, no imaginaban siquiera cuales serían los frutos resultantes de su labor
de amor y devoción al traer a existencia tan maravillosa creación, La Fraternidad Rosacruz,
a lo Max Heindel a menudo llamaba su hijo espiritual. Un doctor que fue consultado, luego
de examinar a Max Heindel, dijo a la que escribe, que era muy probable que no viviera
otro año, pero no podía ser aceptado su pronóstico tan pesimista. Ella sentía en su corazón,
que con su esmerado cuidado, no se iría sin haber concluido su obra. Ella confiaba en los
Hermanos Mayores, sintió que esta enfermedad era una lección a una gran alma que estaba
por conocer a otra, su tercera iniciación; y con uno que tuviera una naturaleza tan vital y
ambiciosa, el debía ser puesto en la frontera misma entre este mundo y los internos antes de
recibir enseñanzas más elevadas. El ya había recibido durante enfermedades previas dos
iniciaciones, y ella tenia la esperanza y fe de que los Hermanos le devolverían la salud, una
vez de haber respondido a las enseñanzas superiores recibidas.
Sufrió durante unos tres meses de su debilidad cardiaca, pero gradualmente llegaron
días en los que pudo vestirse y sentarse a hacer sus escritos. Pero no pudo contentarse hasta
tanto no hiciera algo útil, por lo que a medida que ganara fuerzas ya comenzaba a planear la
escritura de su quinto libro. Así contrató un estenógrafo a quien cada día le dictaba, y Los
Misterios Rosacruces, un tratado elemental de Filosofía Rosacruz. Este, de nuevo, era un
trabajo para él que no necesitaba prepararse, sólo caminaba mientras dictaba al estenógrafo.
(Se publicó en 1.911). Hasta ese entonces nadie se había dado cuenta en Ocean Park de su
presencia, pero su voz tan alta al dictar podía ser oída por quiénes caminaban por la calle,
especialmente por los vecinos. Allí vivía un doctor que no conocía a su vecino pero
habiendo leído el Concepto Rosacruz del Cosmos, se tornó de lo más amable. Sin embargo,
no era conveniente la visita de vecinos cuando el trabajo realmente era agotador. El dictado
de este libro no tomó mucho tiempo y Max Heindel era el más feliz mientras trabajaba en el
manuscrito, o bien escribía lecciones que serían publicadas e impartidas al mundo entero.
Luego de tres meses su salud mejoró por lo que pudo de nuevo estar activo en los negocios
del Padre. Hasta aquí el señor y la señora Heindel casi no habían recibido visitas, pero un
muy apreciado viejo amigo de Max Heindel William Patterson de Seatle, Washington, el
hombre que lo había asistido financieramente en la publicación del Concepto Rosacruz del
Cosmos y las veinte lecciones de Cristianismo Rosacruz, visitaba Ocean Park con su
esposa. El era entonces el secretario de la obra y comenzó a insistir en la necesidad de
comprar tierras para el establecimiento futuro de las oficinas centrales, para las que deseaba
contribuir financieramente. Luego de algún tiempo de búsqueda un terreno pequeño de
unos cuarenta acres fue adquirido a través de una agencia. Este terreno se ubicaba sobre una
ladera en Westwood, un distrito de moda y colindante con lo que es hoy el barrio
cinematográfico de Hollywood. El señor Patterson conservaría treinta acres y donaría diez a
las oficinas centrales, el resto intentaría venderlo a miembros para la construcción de
viviendas.
De alguna manera esta no era la ubicación acertada, pues luego del pago de los
primeros cien dólares fue necesaria la firma de tres herederos ausentes de esta propiedad.
Mientras tanto se supo que una Institución sería erigida en la montaña aledaña a Westwood;
naturalmente nuestro propio depósito fue el responsable de la difusión de esta información.
El resultado fue que las propiedades lindantes fueron aumentadas al doble por sus agentes,
esto llegó a oídos de los herederos en los estados del Este quiénes se negaron a firmar el
trato. Hollywood era en ese entonces un pequeño suburbio de Los Ángeles y nos hemos
preguntado a menudo si los Hermanos no sabrían entonces del futuro que deparaba este
pequeño pueblo que ahora creció hasta transformarse en la capital mundial del cine.
La búsqueda de las oficinas centrales se reanudó y se decidió en considerar el
próximo pueblo desconocido a los ciudadanos y procurar una tierra apartada. Quién escribe,
en su frecuente paso por Oceanside cierto número de años atrás quedó impresionada por sus
hermosos árboles y alrededores y ahora estas imágenes retornaban a su mente y fue lo que
los guió allí. La prueba del extraño destino que jugó su papel en el trabajo que estas dos
almas estaban por concluir y de la elección y búsqueda del mismísimo terreno, se hizo
evidente en la forma en que fueron conducidos a su destino. Al comprar los pasajes de ida y
vuelta a San Diego nuestros dos viajeros habían pedido una parada en San Juan Capistrano,
donde había una antigua misión y también por una parada en Oceanside. Fue un domingo
en que se bajaron del tren y ni un alma a la vista había a no ser por el guarda del tren, luego
fueron recibidos por un pequeño niño lleno de pecas llamado Tommy Draper de unos diez
años. Hola, ¿qué es lo que quieren? (en inglés bien americano), fue el amistoso saludo.
Max Heidel tenía una debilidad por los niños y le contestó a este pequeño duende
diciendo que querían comprar ciertas tierras; ¿podrías vendernos algunas?.
Bueno. - En sorpresiva respuesta un dedo apuntó a un hombre canoso cruzando un
lote vacío de tierra, ahí viene el hombre que puede venderlos algunas. El que venía era el
señor Chauncey Hayes, que era el único agente inmobiliario en la pequeña aldea. Al
comunicarle nuestra en quietud señaló a un hombre parado en la puerta a un establo
ubicado a una corta distancia; mientras el hombre se acercaba el señor Hayes indicó al
señor Couts que nos llevara a las tierras de la “reserva”. En un corto lapso este hombre
apareció con dos caballos ensillados, y en unos veinte minutos llegamos a un borde de una
 
ladera -y la vista sobre el valle de San Luis era maravillosa. Pero donde nos parábamos era
un terreno árido de unos cuarenta acres, nada de abundante vegetación, había allí sólo una
elevación poco agradable de una reserva, era lo que se veía hacia el noroeste. Eran la fuente
donde Oceanside recibía toda el agua. Estas reservas estaban situadas en los cuarenta acres
sobre los que estaban parados el señor y la señora Heindel y su agente inmobiliario y a
pesar de esto y de la aridez del terreno, vimos allí un panorama harto inspirador, con las
montañas al noroeste y el océano al sudoeste justo como Max Heindel había descripto
frecuentemente en las lecciones del Maestro. El señor Heindel sin vacilar remarcó: “OH,
ESTE ES EL LUGAR”. Así el estéril terreno que había estado en manos del banco de
Oceanside por veinticinco años había esperado un destino, el de convertirse en el centro
mundial de “La Fraternidad Rosacruz”, un lugar de sublime belleza al que uno vendría no
solamente por la salud de su cuerpo sino también por la de su alma. Una vez escogida y
concluía la elección del terreno de cuarenta acres, se decidió pasar la noche en San Diego,
pero Max Heindel estaba tan entusiasmado con su elección que quiso buscar un banquero lo
antes posible con el objeto de dejar el dinero de reserva por dicha tierra. Quién escribe pasó
una difícil tarea al persuadirlo de esperar por eso hasta el siguiente lunes a la mañana, pues
pensaba que alguien, de manera repentina podría aparecer y compra esta tierra que había
estado en venta por el banco de Oceanside por veinticinco años sin comprador. En 1.886
California tuvo un gran auge al que hoy día se llama el auge del papel. Esto se debía a que
las transferencias de tierra no se escrituraban sino sólo se cedían en forma rudimentaria e
informal sobre papeles, pues el auge aparente colapsaba repentinamente en un año o dos. Y
así los compradores sólo pagaban algo más de los depósitos. La tierra que habíamos
decidido adquirir era una de estas tierras en auge, en la que se habían trazado las calles pero
sin casas construidas y el banco había adquirido estas tierras sobre contratos impagos.
Oceanside estaba muerto y no tenía posibilidad de vender jamás estas tierras, debido a la
falta de agua, el distrito entero estaba parado, estaba detenido. Quién escribe de repente
comprendió el acierto de nuestra elección y concluyó que nadie pensaría en comprar tierras
tan abandonadas, tan áridas y secas, donde no había mercado para vender cualquier
producto resultante o producido en las mismas.
 
Continua...

 

 

 
 



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