Jueves
24 de diciembre del 2009
Natividad
La vida y el amor son revelados en mí.
Cuando contemplo las imágenes conocidas de María y José mirando al niño Jesús, mi mente y corazón reconocen mi esencia sagrada. Veo el pesebre como la representación del renacer de mi naturaleza divina expresándose como vida y amor.
Soy transformado, y la consideración y la generosidad se convierten en prácticas cotidianas en mi vida, junto con expresiones de afecto. Al dar a luz nuevas maneras de pensar, sentir y estar en el mundo, el amor y la vida en mí son renovados y revelados. Los demuestro en actos de generosidad y de bondad para con mis semejantes. Estas experiencias sagradas ofrecen vida y amor a mi familia, comunidad y la humanidad.
Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.—Lucas 2:16