Jesús dijo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Juan 6:47 |
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Creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos. Hechos 15:11 |
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No tuvo en cuenta la advertencia
Parece ser que el Titanic fue construido como un desafío a Dios. Se decía que era insumergible, que podía resistir a los mares más bravos. Medía 268 metros de longitud; sus 29 calderas aseguraban la velocidad de al menos 40 km. por hora. Atravesar el Atlántico sólo sería una fiesta para esos 1.300 pasajeros, servidos por más de 800 miembros de la tripulación. No se haría más que cantar y bailar… Se había pensado en todo menos en honrar a Dios, el creador del universo. Al capitán le habían advertido que se encontraría con icebergs a lo largo de la travesía, pero seguro de sí mismo y de su barco, hizo caso omiso de las advertencias. Cuando se aproximaron a un iceberg, la desesperada maniobra para esquivarlo hizo que el costado del barco rozase contra el témpano, lo cual abrió una brecha en el lado derecho de la embarcación. Persuadido de que el trasatlántico no podía hundirse, el capitán tardó en dar la orden de evacuación. Muchos pasajeros no querían dejar el confort de los salones, así que ya no hubo suficiente tiempo ni lugar para que los pasajeros fuesen evacuados. Casi 1.500 personas perecieron esa noche del 14 de abril de 1912. De la misma forma, hoy Dios advierte a los hombres que el juicio ha sido pronunciado sobre todos los que rehúsan la salvación ofrecida por él. No tarde en reconocer su culpabilidad ante Dios. “El evangelio… es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16).
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