Treinta años han transcurrido y todavía sangra la herida. Al recordar el suceso siento que martiriza la memoria una gota de sangre aún caliente. Ni un detalle del desastre se ha arrinconado en el olvido.
El escenario de la tragedia, las pistas de tenis del barrio del Actur en Zaragoza, donde se daban cita los mejores tenistas de la época.
Eduardo, Fernando y yo habíamos salido la noche anterior de traca, y ….cosas del destino, que es así de caprichoso, conocimos a una chica muy mona que compartía nuestra afición por el tenis, y se decía experta jugadora, de modo que quedamos para el siguiente día en hacer un dobles y apostarnos el vermú.
De un lado de la red, Fernando con ropa ceñida y Eduardo con pantalones amplios y oscuros; del otro lado , Edurne con minifalda blanca plisada y vuestro fiel narrador ataviado con ajustados pantalones blancos, marcando paquete. Cosas de la edad.
Por razones que escapan a mi entendimiento, la prensa no cubrió el fundamental encuentro que allí se disputaba. O sea el nuestro.
Entre el público se encontraba Patricia, novia formal de Eduardo, pero en el fondo locamente enamorada de un servidor. Este detalle tiene su importancia por lo que después aconteció.
El primer set fue para Eduardo y Fernando. El segundo para Edurne y Kimax.
Tercero y definitivo, duro y bronco. Pelotas dudosas en la raya. El público entusiasmado con el juego de ambas parejas. Más vulgar y contundente el de Fernando y Eduardo, más justo y generoso el de Edurne y mío. Nosotros con match ball y servicio a favor. Edurne en la red y Kimax al saque. Cuando el elegante tenista que os narra se disponía a sacar, la pista cuatro del Actur se estremeció con un alarido. El magnífico tenista perdió la concentración y tiró a la red. No la recuperó y terminó siendo el culpable de la derrota. Gran decepción del público. Quien emitió el alarido, no era otro que Eduardo, que al observar constantemente a su novia fijar la mirada en el bulto de mis ajustados pantalones la amonestó públicamente de este modo:-¡¡Deja ya de mirar a Kimax!!. Se acabó el partido. Hoy Patricia sigue preguntándose el porqué de aquella reacción, Edurne sin perdonarme el fallo de mi saque. Yo sin entender la impericia eventual de mi juego por culpa de aquel grito desalmado. Ignoro la situación actual de Fernando. Eduardo fue reducido entre varios espectadores e ingresó en el psiquiátrico de las Delicias, en la sección de celosos violentos. Patricia y yo nos retiramos del tenis definitivamente. Yo No puedo soportar la humillación de haber sido mancillado públicamente, pero si por casualidad lee este panel, sepa que le he perdonado. Aunque no olvidado.
En fin no puedo seguir porque la herida sangra. Treinta años no son nada. Mis pantalones blancos aún siguen colgados en el vestuario de las pistas del Actur.