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CUBA: A Yoani Sánchez se le aflojó un tornillo
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De: Pedro Rodriguez Medina  (Mensaje original) Enviado: 15/11/2009 01:13

 

AUTOR:   MACHETERA

Traducido por  Manuel Talens

Reinaldo Escobar, ¿amante esposo o amo dominador?

AUTOR: MACHETERA
Traducido por Manuel Talens

La enfermedad mental en estado puro, sin tratamiento, no es nunca un espectáculo agradable. Por eso resulta muy difícil de entender la crueldad que demuestra el Departamento de Estado usamericano con Yoani Sánchez, la autoproclamada bloguera cubana “censurada”, ya que en vez de sugerirle con delicadeza que busque ayuda psicológica, se dedica a amplificar y a repetir sus desvaríos por la sencilla razón de que éstos le sirven de munición en la guerra propagandística que mantiene contra Cuba desde hace cincuenta años.

El pasado lunes, 9 de noviembre, el mismo Departamento de Estado que ha permanecido estoicamente silencioso ante a las innumerables agresiones criminales y los asesinatos perpetrados por sus clientes golpistas en Honduras durante los últimos meses, decidió emitir un comunicado en el que “deploraba enormemente la agresión contra los blogueros Yoani Sánchez, Orlando Luis Pardo y Claudia Cadelo”. Sentando una vez más al gobierno cubano sobre sus rodillas paternalistas, lo sermoneó sobre represión y violencia, libertad y reconciliación. Sin embargo, la conmovedora inquietud del Departamento de Estado es bastante problemática.

En primer lugar, no existe confirmación independiente de las alegaciones hechas por los tres blogueros itinerantes, según las cuales fueron introducidos por la fuerza en un coche chino de color negro conducido por miembros de la seguridad del Estado y, después, apaleados para impedir que participaran en una manifestación realmente extraña (¿Contra la violencia? ¿En Cuba? ¡Vamos, hombre…!). Y si se tiene en cuenta la afición de Yoani a acaparar el limitado ancho de banda de Cuba para subir a la red fotos y videos de sí misma, la ausencia de pruebas fotográficas de la paliza que, según ella, le propinaron es bastante sospechosa. La bloguera exhibicionista, que disfrazada de turista alemana no tuvo el menor inconveniente en representar una parodia bufonesca con el fin de dar el espectáculo en una respetable reunión de periodistas y académicos, de repente se volvió tímida y retraída para que el personal de una clínica local le curase las heridas que, según dice, le habían infligido. (Los cuidados médicos, por supuesto, son gratuitos en Cuba, pero ese detalle no lo mencionó.)

Y cuando surgieron las dudas sobre la naturaleza extrañamente dramática del cuento de Yoani, ésta arremetió de nuevo —todavía sin fotos en apoyo de sus alegaciones— para acusar a los escépticos de que estaban culpando a la víctima. Es la suya una curiosa patología. Habrán de ser los profesionales cubanos de la salud mental quienes decidan si Yoani Sánchez sufre de personalidad bipolar paranoica o con tendencias persecutorias, pero los indicios —irrefutables y repetitivos delirios de grandeza en paralelo con estrafalarias historias de persecución, claramente diseñadas para el consumo exterior— muestran ya sin lugar a dudas que estamos ante una joven perturbada, cuya ilusoria percepción de la realidad va en aumento en vez de apaciguarse.


Su marido, Reinaldo Escobar, ex periodista fracasado con un largo historial de naves quemadas entre la comunidad disidente cubana, tiene gran parte de la culpa en mi opinión. Según Yoani, ella y Reinaldo regresaron a Cuba tras una existencia bastante penosa en Suiza, donde la edad de su marido —que ya no es joven— y su incapacidad para aprender una lengua extranjera limitaron sus posibilidades laborales a las de cualquier otro inmigrante en situación parecida: trabajos duros, ínfimos y mal pagados. No era el nivel de vida que ambos esperaban. De hecho, ahora viven mucho mejor, pavoneándose en el hotel Meliá Cohiba con flamantes portátiles y cámaras ocultas que les permiten filmar videos de sí mismos molestando al personal mientras, en paralelo, su ayudante Ernesto Hernández Busto se encarga de pasar el vaso para recaudar dinero y financiarlos desde Barcelona. (Hernández Bustos, un cubano que sobrevive sin oficio ni beneficio conocido en la metrópolis catalana —una ciudad en la que todo cuesta muy caro—, tiene su propio blog, Penúltimos Días, en el que reproduce los artículos de Yoani y colecta “donaciones” para apoyarla.)

Hace ya mucho tiempo que Yoani está deseando que la policía le eche el guante, pero, muy a su pesar, en Cuba no la pueden detener ni la detendrán nunca por lo que ella más anhela: hacer el ridículo. Sin embargo, sabe muy bien que sí podrían hacerlo por aceptar dinero de intereses extranjeros para atacar a Cuba, y aquí es donde la ayuda de Hernández Busto le resulta impagable, ya que éste añade una distancia adicional entre Yoani y sus patrocinadores.

Nunca me ha interesado mucho preguntarme si alguien pertenece a la CIA, porque el hecho de ser agente secreto no es lo importante. Lo que debe dilucidarse es si las actividades de dicha persona son o no provechosas para la Compañía. En el caso de Yoani y Reinaldo, la respuesta es un rotundo sí. La semana pasada, tras la actuación de Yoani en el debate sobre Internet y la cultura cubana que patrocinó la revista Temas en el Centro Cultural Fresa y Chocolate de La Habana, mientras Reinaldo organizaba una indecorosa conferencia de prensa en la calle con los periodistas extranjeros, a ella le hicieron una descabellada entrevista nada menos que en Radio Martí, bien conocida por la financiación que obtiene de la CIA.


Tras afirmar en la entrevista que se había visto obligada a ponerse una ridícula peluca rubia platino para despistar a la policía en los alrededores de su edificio (lo curioso es que no se le ocurriera despistarla cuando entró al acto en el Centro Cultural Fresa y Chocolate, que hubiera sido lo más lógico), siguió con su retahíla de mentiras, entre ellas una sobre la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde, quien –afirmó– la había acusado de ser agente de la CIA, lo cual es algo que nunca salió de los labios de Elizalde. La contribución de esta última al debate fue tranquila, elocuente, nunca personal: señaló que, en lo que respecta a Internet, Cuba es víctima de una situación esquizofrénica: mientras que la isla tiene que hacer frente a los muy reales obstáculos tecnológicos impuestos por el bloqueo usamericano, fuera de Cuba le llueven las críticas, desatadas por las protestas de Yoani contra la censura. “Una de las cosas que debía preguntarse”, dijo Elizalde, “es cómo se construye esa visibilidad… Hay una evidente manipulación de todo ese sistema… Aquí hay una manipulación política enorme en todo ese tema de la censura de la visibilidad y creo que hay que poner las cosas en su contexto.”

Yoani se siente tan intimidada por Rosa Miriam Elizalde que ni siquiera se atrevió a pronunciar su nombre ni a desvelar la verdadera posición de ésta (es editora del sitio web Cubadebate.cu) y prefirió metamorfosearla en anónima profesora universitaria con ganas de pelea, tanto en la entrevista que concedió a Radio Martí como en su propio blog. Jorge Sariol, otro periodista cubano que estuvo presente en el acto, escribió lo que sigue en su blog:

«Luego llegaron las participaciones del público; unas candorosas disfrazadas de ásperas, otras incisivas disfrazadas de ingenuas, algunas serias, otras ni fú ni fá, hasta que tomó la palabra una que llegó, dizque “burlando la persecución policial” y lo hizo bajo una peluca platinada, que realmente la hacía invisible…sólo para ella misma; sacarse el periquillo teatralmente y hacer uso de la palabra, más parecía una escena de telenovelón.

Un bombillo de mil watts tratando de llamar la atención, no lo hubiera hecho mejor, porque lo que dijo fue un poco de boberías machaconas que poco tenían que ver con el debate y que sólo provocó el aleteo grácil de alguna foca de animatronix. Me decepcionó la tal Yoani, considerada por cierta prensa como una de las 100 personas más no-sé-que-cosa del mundo.

En los debates desapruebo el desmontaje de argumentos desacreditando al argumentador, pero en este caso ni falta que hacía. Pensé que entre tanto y tanto, algo había de haber de calibre en su discurso, o en sus maneras o en su actitud. Sólo vi a una payasita. Peor, una payasita grotesca. Y algunos colegas extranjeros se tragaron el pez, con todo y anzuelo.

¿O fueron a cenar a sabiendas?

No sé qué será, pero algo no encajó en la comedia que vi.»

Rosa Báez, otra periodista cubana también presente, describió el acto en un artículo que tituló “Cuando la mentira se convierte en vicio”:

«Para fomentar esta idea de Cuba como país que restringe el acceso a Internet, han surgido personajillos elevados al rango de “figuras”, a golpes de dólares y manipulaciones mediáticas: tuve la desdicha de participar, por primera vez en vivo y en directo, en uno de los perfomances de Yoanis Sánchez, la “bloguera estrella”, bautizada por esta redactora como la “Calandraca bloguera” por el parecido obvio con el animalejo, además de por las características corporales similares entre ambos vermes, por su “relevancia”“: las dos sirven como carnada. Allí, en Fresa y Chocolate, escuchamos mentira tras mentira, desde la supuesta censura a su sitio Generación Y (que es completamente replicado en otro, también a su nombre, y que promueve como una “voz cubana”, lo que demuestra la falacia de esa supuesta censura: ¿bloquear un blog, y permitir que su clon sea visible en todo su “esplendor”?, ¡totalmente carente de toda lógica!) Igualmente en su discurso refiere algunos sitios supuestamente bloqueados o censurados, entre otros el de su partner Claudia Codelo, “Octavo cerco”… que no muestra estar cercado ni siquiera por una cerquita peerles, como pueden comprobar en este print screen conseguido en mi Pc:


Igualmente pude revisar algunos de los vínculos que “ostenta” Yoani en su clon, como por ejemplo, Bloggers Cuba; Itinerario blogger (donde me divertí con las clases de ciberterrorismo desde su “sitiado hogar”: ¿cómo pudieron los 13 o 14 participantes burlar el “cerco policial” a su casa? ¿Subirían, tal cual ninjas modernos, los 14 pisos por las paredes exteriores de su edificio??);…»

Báez incluye en su artículo esta observación de Rosa Miriam Elizalde:

«Es algo agotador. Cuantos escribimos en la prensa cubana lo sabemos bien, y estamos acostumbrados, qué se le va a hacer si mucha gente se empeña en tomar la parte por el todo, la mentira por la norma, el absurdo por la divisa. […] Pero lo más agotador no es este goteo insoportable de lugares comunes, cosa que viene ocurriendo desde hace más de cuatro décadas con casi todo lo que huela a Cuba, y que más tarde o más temprano se desinfla como un globo de Cantolla. Lo más agobiante, y lo que día a día se extiende y crece, es lo que podría denominarse “corporativismo de la mentira”, este modo frívolo de meter a todo un país dentro de la etiqueta de un prejuicio. Y esto no es solo nocivo y corrupto, sino irracional y fanático.»

Y así llegamos a la última producción irracional y fanática de Yoani y Reinaldo, que tuvo lugar unos días después del espectáculo con peluca en el Centro Cultural Fresa y Chocolate; lo completó con afirmaciones de misteriosos vehículos negros de la seguridad del Estado, palizas propinadas por la policía secreta, miedo a que la secuestrasen (no es broma, ésa fue la razón que dio Yoani de su negativa a entrar en un coche no identificado cuando, según dijo, la conminaron a hacerlo: temía que la secuestrasen o incluso que pudieran violarla, como si estuviese en Bogotá en vez de en La Habana. O en Tegucigalpa.).

La escena, de acuerdo con la descripción que ofrecen Yoani/Reinaldo, es digna de Hollywood:

«Adentro ya estaba Orlando, inmovilizado en una llave de kárate que lo mantenía con la cabeza pegada al piso. Uno puso su rodilla sobre mi pecho y el otro, desde el asiento delantero me daba en la zona de los riñones y me golpeaba la cabeza para que yo abriera la boca y soltara el papel. En un momento, sentí que no saldría nunca de aquel auto. “Hasta aquí llegaste Yoani”, “Ya se te acabaron las payasadas” dijo el que iba sentado al lado del chófer y que me halaba el cabello. En el asiento de atrás un raro espectáculo transcurría: mis piernas hacia arriba, mi rostro enrojecido por la presión y el cuerpo adolorido, al otro lado estaba Orlando reducido por un profesional de la golpiza. Sólo acerté a agarrarle a éste —a través del pantalón— los testículos, en un acto de desespero. Hundí mis uñas, suponiendo que él iba a seguir aplastando mi pecho hasta el último suspiro. “Mátame ya” le grité, con la última inhalación que me quedaba y el que iba en la parte delantera le advirtió al más joven “Déjala respirar”.»

El guión es conmovedor, pero recibió muchas críticas… excepto en el Departamento de Estado y en las oficinas de Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz Balart. Un comentarista dijo irónicamente: “¿Cómo pudo Yoani hundir sus uñas en algún sitio, tan largas las tiene?”


De repente, la historia cambió un poco. Yoani contó en la BBC que no podía mostrar las marcas de los moretones porque los golpes se los habían propinado en las nalgas; insistió en que durante el fin de semana había tenido el pómulo y la ceja hinchados (el lunes, ¡Oh, milagro!, la hinchazón había desaparecido). Y, por fin, difundió unas fotografías y unos videos absurdos, que recuerdan los del gran farsante Armando Valladares: Yoani con muletas y Yoani cojeando con grandes dolores. A decir verdad, Valladares era un diletante en comparación con Yoani; sus fabulaciones de que lo habían dejado paralítico sólo quedaron desenmascaradas cuando por fin salió de la cárcel bajo la condición de que subiese y bajase por su propio pie las escalerillas del avión que lo condujo a Miami. Valladares tramó sus mentiras para verse libre. En cambio, las de Yoani parecen hechas a medida para llevarla a la cárcel, incluso si el gobierno cubano es más que reticente a ceder ante esta peculiar y malsana fantasía.
Entretanto, las graves deficiencias de Internet en Cuba continúan; sus periodistas, profesionales, científicos, educadores y técnicos pelean a diario con una conexión tan lenta y costosa que los devuelve a la Edad de Piedra en la era de fibras ópticas y ADSL universal en todo el mundo desarrollado. Debe ser frustrante y desesperanzador el tener que enfrentarse a la indiferencia más absoluta que la prensa extranjera exhibe ante este hecho, mientras que al mismo tiempo se regodea con las distracciones patológicas de Yoani y Reinaldo. Pero mientras el espectáculo mediático siga cumpliendo la función que se le ha asignado —engordar el negocio familiar de la pareja mientras se desvía la atención de las auténticas noticias y, de pasada, se demoniza a Cuba—, el desgaste mental que produce pasa a segundo plano.


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