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Cuarto Camino
 
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General: El hombre es buscador de nacimiento
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Reply  Message 1 of 7 on the subject 
From: Alcoseri  (Original message) Sent: 19/10/2016 14:30
El hombre es buscador de nacimiento. El no lo sabe. pero s� lo es. Y la presencia del Maestro evoca en �l la b�squeda y la vivifica.

La experiencia misma estaba m�s all� de toda interpretaci�n ordinaria. Algo se ofrec�a a nuestro entendimiento, pero era como despertar en medio de un fen�meno que no pod�a compararse con los fen�menos habituales, y sentirse como integrado en �l, libre de toda preocupaci�n por explicar o describir, era m�s bien vivir la experiencia como el Maestro nos hacia sentir que la viv�a �l.

A veces hab�a como� iba a decir una complicidad, una inteligencia evidente entre �l y nosotros; est�bamos juntos, implicados en la experiencia, por un rato, y eso era lo que al fin predominaba.

Pero luego quedaba algo que era la prueba de lo que se hab�a vivido con �l, y dejaba muy atr�s toda las explicaciones que se pudieran dar.

Hab�a que tratar de revivificar esa experiencia, de revivirla con todo lo que llevaba consigo de falsa satisfacci�n, y de in�til desaliento. Pero aqu� y ahora �c�mo volver a encontrar esa intensidad?

Eso es lo que sin cesar se propone, y es evidente que despu�s de tantas tentativas infructuosas, algo persiste, invit�ndonos a probar y probar, una y otra vez, sin hacernos ilusiones� y sin esperar a toda costa un resultado.

Pero intentar de veras conservar esa disposici�n, intentar mantenerse en estado de receptividad, eso es lo que podemos sentir de un trabajo que se hace en nosotros, a condici�n de no pretender dirigirlo. No somos due�os de ello. no soy yo el Amo, y sin embargo reconozco que se me ofrece a m��

Lo que acaso corresponda a una afirmaci�n de m� mismo m�s justa, es esta visi�n. Intentar, intentar la experiencia, sin pretender dominarla, pero as� y todo, intentarla. Cultivar esa disposici�n a vivir la experiencia, entrar en la experiencia y mantenerme en ella. 

Gurdjieff insist�a en que no debemos hacer nada sin tratar de comprender lo que estamos haciendo. El hombre debe experimentar por s� mismo la verdad de lo que se le ense�a.

En los Relatos de Belceb� se nos convida desde el principio a despertarnos a esa nueva comprensi�n. Los Relatos no empiezan de improviso. Les precede una introducci�n que se titula �El Despertar del pensar� y a lo largo de los cap�tulos se dedican p�ginas enteras a una Ense�anza cuyas verdaderas perspectivas aparecer�n en las �Conclusiones del autor�.

Despu�s de m�s de cincuenta a�os de morir el Maestro, hay una enorme diferencia entre lo que eran los grupos en la �poca de Gurdjieff y lo que pueden representar hoy. 

El ten�a en cuenta, evidentemente, la diversidad de nuestras interpretaciones de lo que �l suger�a� y se ingeniaba para utilizarlas conscientemente.

Ahora, por supuesto, ya no es lo mismo que cuando aquello era vivido y dirigido por el Maestro. Pero, por muy inevitables que sean las desviaciones, para nosotros hay algo que da fe de que su influencia sobrevive. 

�C�mo mantenerse abierto?

Se nos pregunta hasta qu� punto la intimidad del trabajo sobre s� mismo puede prestarse a ser confiada al p�blico. Sobre eso existe un malentendido harto evidente que puede adoptar muy diversas formas. Pero a lo que soy m�s sensible es a la relaci�n con nuestro Maestro, y la manera que ten�a de poner a prueba nuestra capacidad de comprender.

En una forma u otra, esto pone en tela de juicio las tareas que me han propuesto y que he procurado cumplir durante muchos a�os.

He venido a llegar al cuestionamiento de la concepci�n del Trabajo, y de ello se pueden encontrar ecos en algunos textos, sea en entrevista o en escritos que he tratado de elaborar.

Hay un malentendido, muy a menudo, en cuanto se trata de un trabajo que hacer. Es una especie de movilizaci�n, de una responsabilidad que uno asume, de un �trabajo� que tengo que hacer. Quiero movilizarme, de distintas maneras, para poder hacerlo, puesto que es lo que se me propone.

Y a partir de ah�, � cu�ntos testimonios cuando un grupo se reune, cu�nto derivar, y despu�s, cu�ntos comentarios sobre el trabajo !

Y en medio de todo eso, parece que algo queda descuidado, ignorado. Y es que el verdadero Trabajo, no lo hacemos nosotros. Se hace en nosotros. Y esto, naturalmente, con la ayuda del Maestro, pero trasciende incluso la ayuda del Maestro.Algo se trabaja en nosotros, que obedece a imperativos totalmente diferentes de aquellos a los que solemos plegarnos.

En todo caso, algo responde mejor a la verdadera demanda, y consiste en sentirse �en trabajo�, como una madre� Estar �en trabajo�, sentirse �trabajado� y estar m�s precavido ante lo que puede poner eso en peligro. Lo cual evidencia m�s a�n que esa especie de intervenci�n. de desv�o, siempre es posible�



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Reply  Message 2 of 7 on the subject 
From: Alcoseri Sent: 19/10/2016 14:30

Entonces, por supuesto, aparece el otro obst�culo, que es una suerte de pasividad, de espera. �S�, voy a ser trabajado. S�, bueno, muy bien� Vamos a esperar y ya veremos.� Y en seguida surge otro desv�o, otra forma de comodidad.

Pero si se vuelve a lo que se ha reconocido como esencial, entonces se mantiene una interrogaci�n casi permanentemente. �� Estoy verdaderamente dispuesto para el trabajo que se hace en m� ?� Me voy volviendo m�s sensible a lo que interfiere, a lo que pr�cticamente inutiliza la operaci�n, as� como a ciertas actitudes que voy desarrollando a favor de ese llamado �trabajo�, y as� sucesivamente�

Esa pregunta de estar dispuesto para el trabajo es el resultado de un proceso, pero no el comienzo de la b�squeda, tal como lo entendemos. Todos estos desv�os podr�an ser de orden preparatorio.

Se podr�a, entre par�ntesis, ver como corresponde un cuestionamiento as� con lo que sucede al ir descubriendo un oficio: el joven aprendiz est� ah�, con su ansia de empezar a actuar, y va notando lo que se hace, lo que el patr�n puede hacer, lo que el maestro de taller procura mostrarle, y de ese modo se expone a comprometerlo todo, intentando conducirse seg�n lo que le parece comprender. Muy a menudo hay una fase intermedia. Fracasada esa primera tentativa, o bien comienza una espera indefinida que puede durar hasta el final, o bien una b�squeda nueva, totalmente distinta, como para ponerse a prueba abri�ndose a la posibilidad de comprender mejor las condiciones mismas de un crecimiento, de una capacitaci�n. Abundan los testimonios de esa �ndole en los escritos de los Compa�eros del Deber.

Es como si este trabajo fuera como una preparaci�n para asimilar cierto tipo de alimento. No se pueden asimilar desde el principio todos los componentes de ese alimento. Se necesita afinar la sensibilidad. 



Reply  Message 3 of 7 on the subject 
From: Alcoseri Sent: 19/10/2016 14:31
Eso tiene una resonancia en el recuerdo de esos a�os de participaci�n en el trabajo. Es indudablemente una de las formas del trabajo que se hace en nosotros, cuando no lo esquivamos, sino que seguimos abiertos a lo que todav�a no ha sido verdaderamente percibido. Se presiente que a�n as�, est� presente en potencia.

En la mirada del se�or Gurdjieff y en la atenci�n con la que segu�a nuestras tentativas de comprensi�n, algo nos estaba midiendo constantemente; ��Estar� preparado o no? �Le ofrezco algo o lo dejamos para m�s tarde?� Y en determinados momentos se arriesgaba.

�Qu� mirada iba poniendo en unos o en otros !... � Ah ! Sab�a que algunos comprender�an y otros no. Lo ten�a en cuenta y se arriesgaba a cada momento. Eran riesgos �conscientes�. �De qu� manera lo vivieron unos y otros ?

A veces, cuando uno escribe o contesta a preguntas acerca de la ense�anza del se�or Gurdjieff, tiene que vivir una especie de resonancia, aunque muy lejana, de las situaciones en las que �l se encontraba; y muchas veces dec�a cosas por el estilo de �S� que no deber�a dec�rselo, pero�� Y a aquello nos aferr�bamos de nuevo, m�s a�n. Y para algunos era origen de desprop�sitos enormes, y otras veces era como un nuevo nacimiento, nacer de nuevo al trabajo. Como en la par�bola del Sembrador hab�a terrenos de todas clases.

En los Relatos de Belceb� hay muchas referencias al �proceso de destrucci�n mutua�. Todos los Mensajeros de lo Alto han intentado hacer comprender al hombre que el Cielo reclama un sacrificio.

Esto me hace pensar forzosamente en el �esfuerzo consciente� y el �sufrimiento voluntario�. Hablar o escribir sobre esto probablemente no sirva para nada; tal vez haga falta pasar una vida entera junto a otros compa�eros de incomprensi�n, de malentendidos. 



Reply  Message 4 of 7 on the subject 
From: Alcoseri Sent: 19/10/2016 14:31
Otra alusi�n que hay que retener: la noci�n de �Purgatorio�. Es una cosa que casi siempre se entiende mal: El Purgatorio� � Qu� maldici�n ! � Qu� condenaci�n !� Es el prefacio al Infierno. Y pocos son los que descubren en �l el inicio de una verdadera transformaci�n. Es evidente que los �ltimos cap�tulos de Belceb� arrojan cierta luz sobre todo esto. Pero es curioso: han de transcurrir a�os despu�s de la primera lectura de Belceb�, para que esos �ltimos cap�tulos muestren las perspectivas que van a hallar un eco en el lector.

La cuesti�n no deja de ser �el recuerdo de s��. Se presiente como el gran misterio, y a la vez como la respuesta real, definitiva. Pero en seguida se empieza a perder el rumbo. Hay �llamada� y respuesta a la llamada. Si la llamada ha resonado de veras. la respuesta no puede menos que venir. Y luego sigue la ejecuci�n, que traduce en forma de comportamiento lo que ha sido el impulso suscitado por la llamada.

La primera respuesta suena como un acorde justo, en cierto sentido.

Y en seguida vuelve la incertidumbre. Una de sus formas m�s flagrantes consiste en asumir responsabilidades en falso, como quien se atribuye la capacidad de responder, y en seguida exige que los dem�s hagan lo mismo.

Y por otro lado est� �el buscador de la verdad�, el que mantiene vivo el cuestionamiento, el que procura elegir y reconocer lo que suena ajustado en las respuestas que recibe, y en las que le ofrece tal cual tradici�n, y las experimenta, prueba a experimentarlas; el que decide: �No. todav�a no es esto, se trata de otra cosa�, y sigue buscando y buscando.

Lo que el se�or Gurdieff nos revela de su vida de buscador es un perpetuo cuestionarse y volverse a cuestionar, no s�lo al principio. sino hasta el fin.

Y a la vez el reconocimiento de una respuesta percibida de cierta manera en un momento dado y de otra manera en otro momento, pero en eso tambi�n hay una continuidad.


Reply  Message 5 of 7 on the subject 
From: Alcoseri Sent: 19/10/2016 14:31

La respuesta se da desde el comienzo y es recibida en una forma u otra, o en una tercera� o d�cima. .. que se contradicen m�s o menos entre s�. Es de otra dimensi�n que lo que percibe habitualmente. 

Habr�a que hacer sitio a las diferentes etapas en el camino del buscador de la verdad. Puede ocupar un lugar cierta identificaci�n con el cuidado de ce�irse verdaderamente a lo que ha sido propuesto, tal como se ha comprendido.

A falta de esto, se corre perpetuamente el riesgo de derivar.

Hay quien dice, as�, de paso: �� Ah, eso es interesante ! Pero tambi�n hay otras cosas, esto, y esto otro�. Y as� puede permanecer indefinidamente. Cuando hay de veras la tentativa seria de una experiencia que corresponde a lo que se ha recibido, tampoco es un fin en s�, tiene que seguir abierto a nuevas interrogaciones que permitan ir m�s lejos, acercarse a lo que se ha sentido desde el principio, pero que se debe sentir de manera cada vez m�s acorde. seg�n se va desarrollando la experiencia.

Mantenerse abierto, eso es lo importante. No abierto a cualquier cosa, sino abierto a lo que se ha captado como una orientaci�n, una direcci�n. Eso es lo que nos revela la Tercera Serie de los escritos del se�or Gurdjieff, m�s all� de todas las posibles cavilaciones del lector.

El cuarto camino del que habla el se�or Gurdjieff no se puede aprehender como funcionalmente definido. �No iremos a extraviarnos por un camino errado aludiendo a lo que se puede observar al final de este siglo, en el que han venido a ser posibles comunicaciones e intercambios entre representantes de los grandes caminos espirituales?

En el desorden general, este riesgo de confusi�n tiene su contrapartida en lo que se puede percibir como sumamente justo en las reflexiones y los comportamientos de ciertos representantes de las grandes corrientes espirituales. Entonces � ojo a un nuevo peligro ! �Desde luego, a partir de ah�, reuniendo todo eso, vamos a encontrar al fin un camino coherente que se podr� proponer a todos�� Lo cual es una manera de poner en peligro, si no de pervertir, lo que tienen de espec�fico los verdaderos buscadores de la verdad.

El hombre siempre desea una respuesta, pero la verdadera respuesta es volver a la pregunta. Cuando alguien dec�a: � Se�or Gurdjieff, usted ha dicho tal cosa, yo he probado a�� en pocos segundos se lo echaba por tierra. Otras veces el comienzo de la respuesta conten�a todav�a tantas preguntas, que otra vez estaba todo en cuestionamiento, hab�a que continuar, a veces alentado por �l. Pero estamos muy lejos del esquema �Pregunta � Respuesta� indudablemente.

Esto nos lleva a un nuevo enigma, y podr�a llevarnos tambi�n a un modo de respuesta demasiado f�cil. Lo que acaso pueda ayudarnos m�s es la recomendaci�n de estar precavido contra toda conclusi�n.

Podr�amos decir entonces, de manera enteramente pr�ctica, que la ense�anza del se�or Gurdjieff iba en esa direcci�n. Tambi�n podr�amos recoger ejemplos, rememorando sus respuestas a algunos de nosotros: �Muy bien, eso es, muy bien. Ha comprendido muy bien, siga, etc�� Y era un nuevo riesgo el que se presentaba, porque, naturalmente, se desdec�a en cualquier momento:: �Usted no ha comprendido nada��

Esta ense�anza, tal como fue propuesta y vivida, consist�a, m�s que nada, en mantener la interrogaci�n. 

Una de las cosas que m�s me llaman la atenci�n en la manera que ten�a el se�or Gurdjieff de despertar un estado de cuestionamiento, son las afirmaciones perentorias, como por ejemplo, : �La verdad no se puede transmitir m�s que en forma de mentira.�

�� Los buscadores de mentiras !� Motivo de asombro y de rechazo por parte de los reci�n llegados.

Cuando le hac�an una pregunta, despu�s de echar una mirada, dec�a: ��Yo he dicho eso ? �Nada de eso !�, cuando era exactamente lo que hab�a dicho unos d�as antes. Su manera de escrutar las reacciones de unos y otros; tanto de los que reaccionaban fuertemente en contra, como de los que en seguida dec�an a todo que s� y admit�an inmediatamente los cambios de perspectiva�

�l s� que no ten�a el m�s m�nimo temor a contradecirse.

Al parecer, tambi�n se cuidaba mucho de otra cosa que esas contradicciones, puesto que daba a un principiante la impresi�n de una coherencia incre�ble. En esa coherencia, que no es la de la l�gica, se sospecha que hay un secreto. Que se abre, entre otras cosas, a un descubrimiento entre las compatibilidades y las incompatibilidades entre �ser� y �hacer�. Descubrimiento en el que, primero, se siente como un callej�n sin salida; en seguida se ve lo que comienza a tener vida en ese algo que no contrapone �ser� y �hacer�, y permite sentir lo que ha pasado dentro de �l en ciertos momentos en que �ser� y �hacer� parec�an estar en contradicci�n absoluta, y en cambio algo estaba all� llamando por un lado o por el otro, dejando entrever una posibilidad de reconciliaci�n de aquella oposici�n que a primera vista parec�a total. 

Algunas reflexiones de la peculiaridad de esta ense�anza

Si "peculiaridad" significa "Eso que es �nico", en la ense�anza de Gurdjieff, la eliminaremos r�pidamente. Esta formulaci�n no es en absoluto, como se podr�a temer, una afirmaci�n tendenciosa y excluyente. Aquello que hay de �nico en un camino de b�squeda espiritual, es simplemente la forma del enfoque y la percepci�n de la realidad. Esto es justamente lo que est� permitido vislumbrar en esta ense�anza, m�s all� de las formas, experiencia y b�squedas, que sugiere.

Esta facultad de orientaci�n que tiende a nacer en nosotros, es tal vez una de sus vocaciones m�s evidentes. Es tambi�n la necesidad primaria, considerando su posici�n natural respecto a las grandes estructuras tradicionales que la vuelven al mismo tiempo solidaria con todas, e inconciliable con algunas de ellas. En relaci�n a esto me siento m�s cercano a eso que le es "peculiar", en la misma medida en la cual me siento con ganas de colocarme interiormente en relaci�n a lo que se me ofrece desde el exterior.

Debidamente cultivado, este olfato espiritual debe permitirnos con el tiempo reconocer el grado de autenticidad de la formas de experiencia que se proponen a nuestra b�squeda. 

Suponemos que esta forma se nos revele como portadora de una verdad, de naturaleza similar a la que se nos dio a conocer bajo la influencia directa de Gurdjieff. Esta relaci�n no dejar� de captar lo mejor de nuestra atenci�n y nuestro inter�s, incit�ndonos seguir su estudio. Pero esto no nos autorizara en lo absoluto a sacar conclusiones a favor de una identidad o de una afiliaci�n y mucho menos jugar con el rol de aprendices de brujos.
Y, en caso contrario si esta forma nos parece absurda, peligrosa o ilusoria, ser� una valiosa ayuda para una mejor toma de consciencia, lo que es esencial para preservar y evitar el riesgo de graves errores y falsificaciones en los que incurrimos nosotros mismos, sin una pauta en nuestras interpretaciones.

Advertidos del peligro y de frente a la infinidad de aspectos bajo los cuales se aparece lo que hay de "�nico" en esta ense�anza, tendremos que buscar la garant�a de una orientaci�n justa y naturalmente es en su mismo origen que iremos a buscarla.

La ense�anza de Gurdjieff tiene su origen en lo que el llama: �El cuarto camino�. 

Es necesario aclarar que una escuela del cuarto camino no tiene una forma definitiva, lo que significa que no tiene dogma, ni rito, en el sentido tradicional.

Estos desaparecen incesantemente, e incesantemente deben ser encontrados y reencontrados.

No impone ninguna renuncia previa, pero requiere, en el marco de una vida ordinaria, un conjunto de condiciones apropiadas, enfocadas en el verdadero trabajo sobre s� mismos.

Se abre una perspectiva de trasformaci�n profunda del ser a trav�s del despertar y la consciencia de s�.

Implica para el hombre una b�squeda sincera de la verdad, la realizaci�n de su propia �nulidad�, el recurrir al esfuerzo - al super esfuerzo � en vista del desarrollo de su poder de consciencia. Le permite tambi�n el descubrimiento y realizaci�n de algunas potencialidades escondidas, a trav�s de la activaci�n simult�nea y conjunta de sus capacidades intelectuales, emocionales y f�sicas, como resultado de una concentraci�n voluntaria en la lucha, donde �l es el campo de batalla entre sus tendencias positivas y negativas�

Esta lucha perpetua se verifica, en todo buscador, seg�n el principio de relatividad que gobierna las relaciones de diferentes niveles de energ�a del hombre y del universo.

Pero entre estas l�neas de fuerza del cuarto camino, lo que se afirma como primera instancia como absolutamente esencial de esta ense�anza, es que esta coloca delante del hombre, antes que nada la exigencia de una �comprensi�n� y que �el hombre no debe hacer nada sin entender�, y debe asegurarse por s� mismo de �la verdad que le es dicha�.

Esta exigencia primaria es una fuente de numerosas equivocaciones. Debemos regresar sin descanso al sentido que Gurdjieff da a esta necesidad imperiosa de una �Comprensi�n vivida� en la cual el �Ser� se desempe�a internamente. Est� lejos de la falsa exigencia del hombre ordinario, que se arroga el derecho de reducir cada verdad al sistema de explicaci�n que gobierna los movimientos de su pensamiento asociativo. 

Adem�s, el acento est� en el �hombre� en su b�squeda individual de la consciencia y sobre �El Trabajo� que es necesario hacer para conocerse, para transformarse y realizarse completamente. 

Aquellos que cuidan las tradiciones se apuran a denunciar una tendencia al humanismo generador de las m�s nefastas desviaciones. 

Al olvidar con frecuencia sus perspectivas c�smicas y metaf�sicas se arriesga reducir �El Trabajo� a una especie de b�squeda psicol�gica sin relevos, mientras en otros estimula los impulsos latentes pseudo m�sticos y sin contenidos reales.

Un lugar importante est� entonces reservado por Gurdjieff a la meditaci�n profunda y al silencio, como regreso a la fuente misma de cada conocimiento. Se trata seguramente de una pr�ctica espiritual en la cual la visi�n te�rica indispensable no est� arbitrariamente separada de un contacto vivificante con la experiencia en curso, como ella viene vivida y experimentada.

El esquema que se manifiesta muy a menudo de una "b�squeda individual" demuestran la urgencia de una tarea imperiosa: �asimilar� lo esencial de las ideas, con la finalidad de no desnaturalizarlas y de comprender cuanto antes la finalidad del maestro, principio de equilibrio sin el cual �El Trabajo� no podr�a existir.

Esfuerzo de comprensi�n y verificaci�n de las ideas, eso es lo que aparece con claridad en esta ense�anza: El crecimiento del �Ser� requiere en efecto un conocimiento directo y un dominio gradual de los movimientos de nuestra energ�a, en sus diversos planos de manifestaciones.

Pero en definitiva lo que hay de �nico y de insustituible en la ense�anza de Gurdjieff, es Gurdjieff mismo.

Nada m�s evidente, ciertamente, para quien vivi� esta experiencia cercana a �l y se siente naturalmente, llamado a dar testimonio.

Algunos a�os despu�s nos dej� para siempre.

Sin embargo... como no sentir perpetuarse en nosotros su intima presencia, como una fuente permanente del recuerdo de s�?

�Que hay que permite en la influencia del maestro, de perpetuarse una vez que �l desaparece?

No es tanto una "ortodoxia" cuanto una forma de percepci�n heredada, con la que deber�a transparentarse cada cosa, al centro de las experiencias m�s intimas como al nivel de la existencia cotidiana.

Pero no tardamos en sentirnos desbordados por todas partes� y lo desconocido vuelve a prevalecer. Con el tiempo, estamos invitados a percibir este don como un enigma y como un desaf�o�

Eso es lo que no cesa de sugerirnos, bajo las m�s diversas formas en �Cuentos de Belceb� a su nieto�. Primero �La recomendaci�n ben�vola�, un pre�mbulo para el lector, seguida del �Despertar del pensamiento� hasta las �Conclusiones del autor�.

La aventura contin�a en profundidad. Esta conserva en nosotros la evidencia de una permanencia secreta: �La consciencia� que no cesa de ofrecerse a nosotros. Para acogerla, para tomar parte en ella, para conservarla y testimoniar, cu�ntos esfuerzos se han de intentar una y otra vez, cu�ntos �Super esfuerzos��

Esto es lo que Gurdjieff llama �El Trabajo�.


Henri Tracol

Reply  Message 6 of 7 on the subject 
From: Alcoseri Sent: 19/10/2016 14:33
: No Duermas, Observa

Reply  Message 7 of 7 on the subject 
From: Alcoseri Sent: 19/10/2016 14:48


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