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SEMANA SANTA AÑO 2016: LOS SAGRADOS MISTERIOS DE LA PASCUA
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De: moriajoan  (Mensaje original) Enviado: 16/03/2016 06:47

HISTORIA DE LA PASCUA
El primer día de la semana, de madrugada, fueron al sepulcro llevando los
aromas que habían preparado. Encontraron corrida la losa, entraron y no encontraron
el cuerpo del Señor Jesús. No sabían qué pensar de aquello, cuando se les
presentaron dos hombres con vestidos refulgentes; despavoridas, miraban al suelo, y
ellos les dijeron:
- ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?. No está aquí. Ha
resucitado. Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: "El Hijo del
Hombre tiene que ser entregado en manos de gente pecadora y crucificado, pero al
tercer día resucitará".
Recordaron entonces sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo
esto a los once y a los demás.
Lucas 24:1-9

LOS SAGRADOS MISTERIOS DE LA PASCUA

SIGNIFICADO ESPIRITUAL DE LA ESTACIÓN CUARESMA

La Estación Cuaresmal es un tiempo de trabajo anímico, con el fin de
prepararse para recibir el influjo de los Misterios Pascuales, lo mismo que la
Estación de Adviento es un tiempo de preparación para la recepción de los Misterios
Navideños. La Estación Cuaresmal es un período de cuarenta días que precede a la
Pascua. Si bien esto está de acuerdo con el calendario, el cristiano místico
comprende que hay un significado oculto en el valor numérico de este período. El
número cuarenta representa un tiempo de preparación para la culminación de
cualquier elevado esfuerzo espiritual. Los israelitas, por ejemplo, vagaron durante
cuarenta años por el desierto, simbolizándose así una meta buscada pero no
encontrada hasta que se hicieron dignos de penetrar en la Tierra Prometida. O, en
otras palabras, hasta que se hicieron dignos de convertirse en los pioneros de una
nueva raza y una nueva edad. Lo que en este período preparatorio se obtiene
actualmente, depende del esfuerzo realizado por el ego. En rarísimos casos puede
completarse la preparación en sólo cuarenta días. Puede ocupar cuarenta años y, en
algunos casos, hasta cuarenta encarnaciones.
Para los primeros Iniciados en los Misterios Cristianos, la Cuaresma no era tan
sólo un período de cuarenta días de ayuno parcial y oraciones dominicales como hoy
lo son para la iglesia. Era un extenso período de probación, que comenzaba con la
entrada del sol en Capricornio por Navidad y continuaba durante los siguientes
meses, mientras el sol pasaba por Acuario y Piscis y entraba en Aries, el signo de los
nuevos comienzos, en que la vida sube a lo alto con el milagro de la Resurrección.
Durante ese período se producía un profundo examen del corazón: Los
acontecimientos del año anterior se recapitulaban, y la esencia de las experiencias
adquiridas, era asimilada por el alma. Este proceso de autoexamen, encontraba su
expresión ceremonial en los rituales del Miércoles de Ceniza, el primer día de la
Cuaresma, cuando las palmas que ondeaban con regocijo el anterior Domingo de
Ramos, eran quemadas, y sus cenizas esparcidas sobre las cabezas de los penitentes.
Así se simbolizaba que las caídas del año precedente servían a los elevados ideales, a
los que el alma había sido despertada el Domingo de Ramos.


El sábado, mientras regía el Maestro Saturno, tenían lugar los "escrutinios". Es
decir, que el Maestro escrutaba los cuerpos internos de los discípulos para
comprobar los efectos de las disciplinas que estaban practicando.
Los principales objetos de estudio y meditación durante este período
preliminar eran los libros de Job y de Jonás. Ninguno de estos dos libros puede ser
comprendido en su verdadera significación, hasta que se los estudia como manuales
de Iniciación, que se refieren a determinados procesos de desarrollo que, más tarde,
fueron ampliados por Cristo durante el período de los tres años de Su vida pública.
Los principales acontecimientos de la vida de Cristo Jesús, desde la
Anunciación a la Ascensión, configuran el Sendero de Iniciación que ha sido dado a
todos los pueblos y a todas las razas, por medio de las distintas religiones del mundo.
Es por ello por lo que muchos ocultistas dicen que la historia de Cristo, tal y como se
relata en los Evangelios, es un mito que hay que leer alegóricamente y que no es
histórica, sino el símbolo de ese sendero de perfección que toda la Humanidad
acabará recorriendo. Esta interpretación, sin embargo, olvida a la Suprema Luz del
Cristianismo Esotérico, al glorioso ser arcangélico, al Señor Cristo que, ya en aquel
remotísimo pasado, rico en eones, que comprende el Segundo Día de la Creación y
designado en la terminología oculta como Período Solar, se consagró a Sí mismo
como guardián de nuestro planeta Tierra; y que, cumplido el tiempo, descendió a
nuestra esfera planetaria para tomar, Él mismo, una forma humana en la persona del
Maestro Jesús, encarnación que tuvo lugar en el momento de Su Bautismo, cuando la
voz de lo alto proclamó: "Este es mi amado Hijo en el que me complazco".
En los Misterios Navideños y Pascuales tratamos de seguir el Sendero de
Santidad, que Cristo recorre anualmente, durante Su ministerio a favor de este
mundo y su Humanidad. Como hemos dicho, toda la naturaleza que, en su totalidad,
constituye el cuerpo de esta Tierra, cambia armónicamente con el ascenso y el
descenso de Cristo, y el Sendero del Progreso Espiritual o Iniciación para el hombre,
sigue el mismo proceso. Por eso, cuando aprendemos a ponernos en una más estrecha
e íntima relación con Cristo, nos encontramos, consecuentemente, más armonizados
con el espíritu interno de los cambios estacionales, y con el trabajo particular de cada
una de las cuatro estaciones del año, mejor realizado.
Además de que la vida de Cristo reproduce las experiencias de los primitivos
Maestros del Mundo y las etapas iniciáticas procedentes de los antiguos Misterios,
Él, no sólo añadió a todo lo antiguo un significado más profundo, sino que lo llevó a
cabo en el plano histórico, para que el mundo lo vea y lo contemple. Por eso los
Misterios Crísticos constituyen la suprema consecución a alcanzar mediante el
desarrollo futuro de la Humanidad.
Así como la suma del trabajo realizado durante la época de Adviento consistía
en tres Grados: La Anunciación, la Inmaculada Concepción y el Santo Nacimiento,
el trabajo realizado durante la Cuaresma, consiste también en tres Grados:
Getsemaní, el Juicio y la Crucifixión. Los tres Grados que preparan al candidato para
tomar parte en los Misterios Navideños son hermosos y tiernos, ya que el trabajo está
entonces centrado en el amor del corazón y, en ellos, el candidato penetra en el

secreto perteneciente a la columna femenina del Templo, que es, simbólicamente, el
elemento Agua de la naturaleza.
En los tres Grados que preparan al candidato para los Misterios Pascuales, el
trabajo es difícil y la autodisciplina dura, ya que se dirigen al desarrollo y expresión
de una voluntad firme y concentrada. El candidato aprende a desvelar el secreto
perteneciente a la columna masculina del Templo que es, simbólicamente, el
elemento Fuego de la naturaleza. Dedica, pues, todo el poder de su voluntad y
resuelve utilizar toda la fortaleza de que dispone, para realizar con éxito el trabajo
exigido. Y entonces es cuando aprende, en verdad y de hecho, lo que significa
"caminar a solas".
En el Primer Grado o Getsemaní, el Sendero se estrecha y se hace tan
inclinado como el tejado de un campanario, sin nada a la vista salvo la cruz que lo
corona. Toda la pureza, todo el amor y toda la fe que se han ido incorporando al alma
durante la preparación para recibir los Misterios Crísticos, deben ser puestos
entonces en juego, junto con la fortaleza y firmeza de propósito que han crecido en
su interior durante la presente época de Cuaresma.
El propósito de los Misterios Navideños consiste en guiar al hombre a lo largo
del Sendero que conduce a la conciencia crística y a la dedicación de la vida al
servicio del prójimo. El propósito de los Misterios Pascuales consiste en iniciar al
hombre en el estado de inmortalidad consciente y hacerle capaz de conseguir la
liberación del cuerpo físico, no solamente durante las horas de sueño ni entre vidas
terrenas, sino en cualquier momento que desee, para convertirse así en un Auxiliar
Invisible consciente, cuantas veces sea requerido, tanto en este plano como en los del
espíritu. El alcanzar esta meta entraña una preparación ardua y difícil. El Rito de
Getsemaní exige una vida de pureza e inegoísmo. El ceremonial del Miércoles de
Ceniza, que marca el comienzo de la Cuaresma, incluye la colocación de las cenizas
de la contrición sobre la cabeza del penitente arrodillado. El acto simboliza la
dedicación e inegoísmo supremos, necesarios para que el candidato pueda pasar al
Grado conocido como Getsemaní.
El Rito de la Agonía en el Huerto podría denominarse, con propiedad, el Rito
de la Transmutación. La agonía de Cristo la produjo Su esfuerzo por reducir, a las
condiciones limitadoras de la Tierra, Su elevada tasa vibratoria, con el fin de
convertirse en el Espíritu Planetario Interno de la misma. Cuando se abrió a Sí
mismo al ritmo terreno, todas las poderosas, siniestras y abundantes corrientes del
mal, existentes en nuestro mundo, se precipitaron hacia Él. Y Él, no sólo sintió su
peso abrumador, sino que vio, en caleidoscópica visión, su origen y su propósito. Las
debilidades, caídas y caprichos de la Humanidad le abrasaron como llamas, al tiempo
que la voracidad, el egoísmo y el odio gravitaron sobre Él como cargas plúmbeas. El
dolor, la angustia y el sufrimiento causados por las malas acciones de los hombres Le
hirieron hasta lo más profundo de Su dulce y compasivo corazón.
El límite de la agonía, incluso para un arcángel, se precipitó sobre Él cuando
pasaron ante Su visión las imágenes del futuro, y vio cuán pocos, de entre las
inmensas multitudes que constituyen la Humanidad, reconocerían el verdadero
significado de Su venida y el objetivo real al que apuntaba. Contempló con profundo

dolor cómo el oscuro velo del materialismo cegaría al mundo moderno, y los
consiguientes falta de discernimiento, intranquilidad y temor. La ceguera y la
ignorancia de las masas en cuanto a Su misión, la cristalización y la cada vez más
estrecha comprensión por parte de los que, inicialmente, habían sido concebidos
como canales dedicados a Su servicio, hicieron culminar Su Rito de la Agonía con
esta súplica: "Padre, si es posible, aleja de mí este cáliz; pero que no se haga mi
voluntad, sino la tuya".
Getsemaní no tuvo lugar en el Huerto de los Olivos por casualidad. Se dio allí
porque ese Huerto es una de las áreas de la Tierra más elevadamente cargadas de
vibraciones (positivas). Lo que Cristo hizo en aquel Huerto, altamente magnetizado,
lo hizo bajo el aleteo de los ángeles. Fue un momento en el que el programa todo de
la evolución recibió un impulso nuevo y poderoso.
En el Grado del Juicio, las pruebas que el candidato ha de superar están de
acuerdo con su status espiritual. Cuanto más avanza uno en el Sendero, tanto más
sutiles y penetrantes son las pruebas. Ninguna podría compararse en severidad con
las sufridas por Cristo Jesús, ya que nadie posee Su fortaleza y Su poder espirituales.
Una vez más, en el Grado del Juicio, el candidato comprueba la inmensa
importancia de su largo entrenamiento en el inegoísmo. Si no se ha realizado
apropiadamente el trabajo preparatorio, no se tendrá éxito al pretender pasar este
importante Grado. Pocos han sido capaces de caminar a lo largo de su largo y
estrecho sendero. En un inspirado manual se dice, al referirse a este elevado trabajo:
"Antes de que los oídos puedan oír, han de haber perdido su sensibilidad. Antes de
que la lengua pueda hablar en presencia del Maestro, ha de haber perdido su poder
de herir; antes de que los pies puedan permanecer en presencia del Maestro, han de
haber sido lavados con la sangre del corazón".
El último o Tercer Grado que conduce a la liberación, es el de la Crucifixión.
En este Grado, el candidato se encuentra frente a uno de los más sagrados Misterios,
y que ha de permanecer por siempre sellado para el profano. Su significado secreto
puede sólo ser aludido brevemente aquí; su propósito interno y verdadero sólo puede
ser revelado a aquéllos que buscan y encuentran la luz en su propio interior, esa
llama del gran amor blanco que excede a toda comprensión.
Ha habido algunos que han alcanzado este punto avanzado del Sendero y se
han vuelto atrás, no teniendo suficiente fortaleza para seguir adelante, con Cristo,
camino del Gólgota. Otros, han llegado a ser "clavados" en la cruz, y han fallado,
porque no han podido soportar que la cruz se irguiera. Estrecho es el Sendero y
sutiles son las pruebas hasta el mismo final.
Los estigmas en las manos, pies y cabeza están en la misma posición relativa
que los extremos de la estrella de cinco puntas. Los cinco clavos son los cinco
sentidos, que atan al espíritu a la cruz del cuerpo físico. Platón dice: "Cada placer y
cada dolor son una especie de clavo que une el alma al cuerpo". El espíritu está muy
íntimamente ligado a la forma por los cinco sentidos y, en esos punto, el poder del
fuego espiritual ha de ser muy potente. La "extracción de los clavos" de esos puntos,
produce las cinco llagas sagradas.

El padecimiento lo produce el ascenso del fuego creador a lo largo del triple
cordón espinal. Cuando ha ascendido durante cierto tiempo, Neptuno enciende el
fuego espinal espiritual. Este fuego hace vibrar las glándulas pineal y pituitaria en la
cabeza y, cuando la onda vibratoria golpea el seno frontal, despierta a la vida los
nervios craneales o Corona de Espinas. Más tarde, la Corona de Espinas se convierte
en un halo luminoso, y la túnica escarlata se transforma en otra de púrpura real.
Cuando el espíritu de Cristo quedó liberado del cuerpo de Jesús y pasó al
centro de la Tierra, Su alma inmensa empapó el globo entero de una incomparable
brillantez, tan intensa que la luz del sol a su lado pareció oscura.
Cada sacrificio comporta su compensación espiritual. Todo hombre que muere
en el campo de batalla, por cualquier causa que considera más importante que él
mismo, renace en un nivel superior de conciencia. El status evolutivo del ego avanza
cuando la sangre, que es su vehículo directo, se limpia de impurezas fluyendo del
cuerpo en el momento de morir. Todo ego, durante sus amplísimos ciclos de
peregrinaje terrenal, vive, por lo menos, una vida en la que el espíritu abandona el
cuerpo mientras la sangre fluye. Cristo, mediante Su sacrificio en la cruz, fue elevado
a las Grandes Iniciaciones que pertenecen al Reino del Padre.
El candidato victorioso, que sigue a Cristo hasta el final del camino, llega a la
Gloria de la Gran Liberación. Entonces es ya libre de pasar, a voluntad, del plano
físico a los reinos espirituales. La Corona de Espinas se convierte en un halo de luz,
ya que ha conquistado el más grande de los dones de la vida: La inmortalidad
consciente. Pasando triunfalmente a los planos internos, se une a las blancas
multitudes que rodean a Cristo y que elevan sus voces entonando el eco de las
palabras pronunciadas por el Maestro en el momento de Su Gran Liberación: "¡Dios
mío, Dios mío, cómo me has glorificado!".
El victorioso, pues, conoce entonces toda la gloria de la alborada de su propia
Resurrección.




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De: moriajoan Enviado: 16/03/2016 07:12



 
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