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~~CATECISMO~~: DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS
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| De: Atlantida (Mensagem original) |
Enviado: 16/12/2025 02:16 |
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CONGREGACIÓN PARA EL CLERO
DIRECTORIO GENERAL DE CATEQUESIS
ABREVIATURAS
I
ABREVIATURAS BÍBLICAS
Antiguo Testamento
Gen: Génesis
Ej: Éxodo
Lev: Levítico
Num: Números
Deut: Deuteronomio
Josh: Josué
Juez: Jueces
Rut: Rut
1 Sam: 1 Samuel
2 Sam: 2 Samuel
1 Reyes: 1 Reyes
2 Reyes: 2 Reyes
1 Crónicas: 1 Crónicas
2 Crónicas: 2 Crónicas
Esdras: Esdras
Neh: Nehemías
Tob: Tobías
Jud: Judith
Estherd: Esther
Trabajo: Trabajo
Ps: Salmos
Prov: Proverbios
Eclesiastés
Canción: Cantar de los Cantares
Wis: Sabiduría
Señor: Eclesiástico
Es: Isaías
Jer: Jeremías
Lam: Lamentaciones
Barra: Baruch
Ezequiel
Dan: Daniel
Oseas
Joel: Joel
Amós: Amós
Obad: Abdías
Jon: Jonás
Mic: Micah
Nahúm: Nahúm
Hab: Habacuc
Sofonías
Hag: Hageo
Zacarías
Mal: Malaquías
1 Mac: 1 Macabeos
2 Mac: 2 Macabeos
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SC: Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium (4 de diciembre de 1963)
SÍNODO 1985: Sínodo de los Obispos (reunión extraordinaria de 1985) Informe final Ecclesia sub verbo Dei mysteria Christi celebrans pro salute mundi (7 de diciembre de 1985), Ciudad del Vaticano 1985
SCh: Sources Chrétiennes, Collectio, París 1946 y sigs.
SRS: Juan Pablo II, Carta ecíclica Sollicitudo Rei Socialis (30 de diciembre de 1987) AAS 80 (1988), pp. 513-586
TMA: Juan Pablo II, Exhortación Apostólica, Tertio Millennio Adveniente (10 de noviembre de 1994): AAS 87 (1995) pp. 5-41
UR: Concilio Vaticano II, Decreto sobre el Ecumenismo Unitatis Redintegratio (21 de noviembre de 1964)
UUS: Juan Pablo II, Carta Ecíclica Ut Unum Sint (25 de mayo de 1995): AAS 87 (1995) pp. 921-982.
VS: Juan Pablo II, Carta encíclica Veritatis Splendor (6 de agosto de 1993): AAS 85 (1993). págs. 1133-1228.
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PREFACIO
1. El Concilio Vaticano II prescribió la elaboración de un «Directorio para la instrucción catequética del pueblo cristiano»(1). La Congregación para el Clero, en cumplimiento de este mandato conciliar, se valió de una comisión especial de expertos y consultó a las diversas Conferencias Episcopales de todo el mundo, que formularon numerosas sugerencias y observaciones sobre el tema. El texto preparado fue revisado por una comisión teológica ad hoc y por la Congregación para la Doctrina de la Fe. El Directorio Catequético General fue aprobado definitivamente por el Papa Pablo VI el 18 de marzo de 1971 y promulgado el 11 de abril de 1971.
2. El período de treinta años transcurrido entre la conclusión del Concilio Vaticano II y el umbral del tercer milenio es, sin duda, providencial para la orientación y promoción de la catequesis. Ha sido un período en el que el vigor evangelizador de la comunidad eclesial original ha resurgido en cierto modo. También ha presenciado un renovado interés por la enseñanza de los Padres y ha posibilitado el retorno al catecumenado. Desde 1971, el Directorio Catequético General ha orientado a las Iglesias particulares en la renovación de la catequesis y ha servido como punto de referencia para el contenido, la pedagogía y la metodología.
El desarrollo de la catequesis durante este mismo período se ha caracterizado en todas partes por una generosa dedicación, iniciativas valiosas y resultados positivos para la educación y el crecimiento en la fe de niños, jóvenes y adultos. Sin embargo, al mismo tiempo, ha habido crisis, deficiencias doctrinales, influencias de la evolución de la cultura global y cuestiones eclesiales externas al ámbito de la catequesis que a menudo han mermado su calidad.
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3. El Magisterio de la Iglesia, a lo largo de estos años, no ha cesado de ejercer su solicitud pastoral por la catequesis. Numerosos obispos y Conferencias Episcopales de todo el mundo han dedicado considerable atención a la catequesis mediante catecismos y directrices pastorales, promoviendo la formación de sus sacerdotes y fomentando la investigación catequética. Esfuerzos como estos han resultado fructíferos y han contribuido significativamente a la praxis catequética en las Iglesias particulares. El Rito de Iniciación Cristiana de Adultos , publicado por la Congregación para el Culto Divino el 6 de enero de 1972, ha sido especialmente útil para la renovación catequética.
Cabe mencionar también de manera particular el ministerio del Papa Pablo VI, quien guió a la Iglesia en el período inmediatamente posconciliar. A su respecto, el Papa Juan Pablo II dijo: «... con sus gestos, su predicación, su interpretación autorizada del Concilio Vaticano II —considerado por él el gran catecismo de los tiempos modernos— y a lo largo de toda su vida, mi venerado predecesor Pablo VI sirvió a la catequesis de la Iglesia de manera particularmente ejemplar».(2)
4. Las reflexiones de la Asamblea General del Sínodo de los Obispos de octubre de 1974 sobre el tema de la Evangelización en el Mundo Contemporáneo constituyen un hito decisivo para la catequesis. Las propuestas formuladas posteriormente por el Sínodo fueron presentadas al Papa Pablo VI, quien promulgó la Exhortación Apostólica postsinodal Evangelii Nuntiandi del 8 de diciembre de 1975. Este documento enuncia, entre otros, un principio particularmente importante: el de la catequesis como obra de evangelización en el contexto de la misión de la Iglesia. De ahora en adelante, la catequesis se consideraría una de las preocupaciones permanentes del mandato misionero de la Iglesia para nuestro tiempo.
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La Asamblea General final del Sínodo de los Obispos, convocada por el Papa Pablo VI en octubre de 1977, propuso la catequesis a sus participantes como tema de análisis y reflexión. Este Sínodo vio en la renovación catequética un don precioso del Espíritu Santo para la Iglesia contemporánea.(3)
5. Retomando esta herencia catequética, en 1978, el Papa Juan Pablo II expuso sus primeras orientaciones para la catequesis en la Exhortación Apostólica Catechesi Tradendae del 16 de octubre de 1979. Esta Exhortación forma una unidad cohesiva con Evangelii Nuntiandi y sitúa plenamente la catequesis en el contexto de la evangelización.
A lo largo de todo su pontificado, el Papa Juan Pablo II ha propuesto continuamente un magisterio constante del máximo valor catequético. Entre sus discursos, cartas y enseñanza escrita, cabe destacar las doce encíclicas, desde Redemptor Hominis hasta Ut Unum Sint. Estas encíclicas constituyen en sí mismas un corpus sintético de doctrina coherente respecto a la renovación de la vida eclesial deseada por el Concilio Vaticano II.
De particular valor catequético, entre estos documentos del ministerio petrino del Papa Juan Pablo II, tienen especial importancia: Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), Dives in Misericordia (30 de noviembre de 1980), Dominum et vivificantem (18 de mayo de 1986) y Redemptoris Missio (7 de diciembre de 1990), en el que este último se reafirma la validez permanente del mandato misionero de la Iglesia.
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6. Por otra parte, las Asambleas Generales del Sínodo de los Obispos, tanto ordinarias como extraordinarias, han sido particularmente importantes para la catequesis. A este respecto, cabe mencionar los Sínodos de 1980 y 1987, que abordaron la misión de la familia y la vocación de los laicos. Tras la labor de estos Sínodos, el Papa Juan Pablo II promulgó las respectivas Exhortaciones Apostólicas Familiaris Consortio (22 de noviembre de 1981) y Christifideles Laici (30 de diciembre de 1987). El Sínodo Extraordinario de los Obispos de 1985 también fue decisiva para la catequesis de nuestro tiempo y del futuro. En aquella ocasión, tras una revisión de los veinte años anteriores de aplicación del Concilio Vaticano II, los Padres Sinodales propusieron al Santo Padre un catecismo universal para la Iglesia Católica. La propuesta fue recibida muy favorablemente y hecha suya por el Papa Juan Pablo II. Después de un largo y complejo proceso de elaboración, el Catecismo de la Iglesia Católica fue presentado a los Obispos y a las Iglesias particulares mediante la Constitución Apostólica Fidei Depositum del 11 de octubre de 1992.
7. La publicación del Catecismo, junto con las intervenciones del Magisterio mencionadas, exigió una revisión del Directorio Catequético General para adaptar este valioso instrumento teológico-pastoral a las nuevas situaciones y necesidades. Es al servicio de toda la Iglesia que la Santa Sede procura ahora recopilar este patrimonio y organizarlo sistemáticamente para ponerlo a disposición de la catequesis.
La revisión del Directorio Catequético General, emprendida por la Congregación para el Clero, estuvo a cargo de un grupo de obispos y expertos en teología y catequesis. En la revisión del Directorio General, se respetaron su inspiración y contenido originales. Se consultó a las Conferencias Episcopales y a diversos expertos, así como a los principales institutos y centros catequéticos.
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En su forma actual, el Directorio General para la Catequesis busca alcanzar un equilibrio entre dos requisitos principales:
– por una parte, la contextualización de la catequesis en la evangelización tal como la prevé la Evangelii Nuntiandi;
– por otro lado, la apropiación del contenido de la fe tal como se presenta en el Catecismo de la Iglesia Católica.
8. El Directorio General para la Catequesis , conservando la estructura básica del de 1971, se divide como sigue:
La Introducción parte de la fe y la confianza en el poder de la semilla del Evangelio, y propone pautas para interpretar y comprender las condiciones humanas y eclesiales. Estas tienen como objetivo contribuir a la misión.
– La primera parte (4) tiene tres capítulos y arraiga la catequesis sobre todo en la Constitución conciliar Dei Verbum, situándola en el contexto de la evangelización tal como se desprende de Evangelii Nuntiandi y Catechesi Tradendae, y se propone, además, aclarar la naturaleza de la catequesis;
– La segunda parte (5) consta de dos capítulos, de los cuales el primero, bajo el título Normas y criterios para la presentación del mensaje evangélico en la catequesis, propone de nuevo, bajo una perspectiva nueva y enriquecida, todo el contenido del capítulo correspondiente del texto precedente; el segundo capítulo, completamente nuevo, sirve para presentar el Catecismo de la Iglesia Católica como punto de referencia para la transmisión de la fe en la catequesis y para la preparación de los catecismos a nivel local; en este capítulo se exponen también los principios fundamentales que se han de emplear en la redacción de los catecismos en las Iglesias particulares y locales;
– También se ha revisado la tercera parte (6) para formular los elementos principales de una pedagogía de la fe inspirada en la pedagogía divina; si bien se trata de una cuestión principalmente teológica, involucra también a las ciencias humanas;
– La cuarta (7) parte lleva por título A quiénes va dirigida la catequesis ; en cinco breves capítulos se presta atención a las diversas situaciones y contextos de los destinatarios de la catequesis, a las cuestiones que surgen de las situaciones socio-religiosas y, en particular, a la cuestión de la inculturación;
– La quinta parte (8) se centra en la centralidad de la Iglesia particular y en su deber primordial de promover, organizar, supervisar y coordinar todas las actividades catequéticas; de particular importancia es la descripción de los roles propios de los diversos agentes involucrados en la catequesis (que, naturalmente, dependen siempre de los Pastores de las Iglesias particulares) y de las exigencias necesarias para su respectiva formación;
– La Conclusión aboga por una intensificación de la actividad catequética en nuestro tiempo y concluye con una apelación a la fe en la acción del Espíritu Santo y en la eficacia de la Palabra de Dios sembrada en el amor.
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9. El objetivo de este Directorio es claramente el mismo que el del Directorio de 1971. Pretende proporcionar los principios teológico-pastorales fundamentales extraídos del Magisterio de la Iglesia, en particular los inspirados por el Concilio Vaticano II, capaces de orientar y coordinar mejor la actividad pastoral del ministerio de la palabra y, en concreto, la catequesis.(9) La intención básica del Directorio fue (y sigue siendo) la de ofrecer reflexiones y principios, más que aplicaciones inmediatas o directrices prácticas. Este método se ha adoptado principalmente porque los defectos y errores en el material catequético solo pueden evitarse si se comprenden correctamente desde el principio la naturaleza y el fin de la catequesis, así como las verdades y los valores que deben transmitirse.(10)
La aplicación concreta de estos principios y pronunciamientos mediante directrices, directorios nacionales, regionales o diocesanos, catecismos y otros modos considerados adecuados para la promoción eficaz de la catequesis es algo que pertenece a la competencia específica de los diversos Episcopados.
10. Es evidente que no todas las partes del Directorio tienen la misma importancia. Las que tratan sobre la Revelación Divina, la naturaleza de la catequesis y los criterios que rigen la proclamación del mensaje evangélico son universalmente válidas. Sin embargo, las que se refieren a las circunstancias actuales, a la metodología y a la manera de adaptar la catequesis a los diversos grupos de edad y contextos culturales deben entenderse más bien como indicaciones o directrices.(11)
11. El Directorio se dirige principalmente a los Obispos, a las Conferencias Episcopales y, en general, según su competencia, a quienes tienen responsabilidades en la catequesis. Sin duda, será útil en la formación de quienes se preparan para la ordenación sacerdotal, en la formación continua de los sacerdotes y en la formación de los catequistas.
El objetivo inmediato del Directorio es facilitar la composición de directorios y catecismos catequéticos. Se han incluido en este Directorio numerosas notas y referencias, a sugerencia de muchos obispos, que pueden ser útiles para la elaboración de dichas ayudas catequéticas.
12. Dado que el Directorio está destinado a las Iglesias particulares, cuyas necesidades pastorales varían considerablemente, es obvio que solo se podrían tener en cuenta las preocupaciones comunes o intermedias. Esto también aplica a las secciones que tratan sobre la organización de la catequesis en los diferentes niveles. Se debe tener debidamente en cuenta esta observación al utilizar el Directorio. Como ya se señaló en el Directorio de 1971, lo que puede parecer insuficiente en zonas donde la catequesis y los recursos catequéticos han alcanzado un alto nivel, quizá parezca excesivo en zonas donde la catequesis aún no ha experimentado dicho desarrollo.
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13. Se espera que la publicación de este documento, testimonio de la solicitud de la Sede Apostólica por el ministerio catequético, sea recibida y estudiada cuidadosamente en el contexto de las necesidades pastorales de cada Iglesia particular. Se espera que promueva futuros estudios y profundice la investigación para responder a las necesidades de la catequesis y a las normas y directrices del Magisterio de la Iglesia.
Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y triunfe como lo hizo entre vosotros ( 2 Tes 3,1).
Desde el Vaticano, 15 de agosto de 1997
Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María
+ Darío Castrillón Hoyos Arzobispo Emérito de Bucamaramga Proprefecto
+ Crescenzio Sepe Arzobispo titular de Grado Secretario
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INTRODUCCIÓN
Predicar el Evangelio en el mundo contemporáneo
¡ Miren! Un sembrador salió a sembrar. Mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida, pues la tierra no era profunda; pero al salir el sol se quemó, y como no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos, que crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. Y otra parte cayó en buena tierra y dio fruto, creciendo y creciendo, y rindiendo al treinta, al sesenta y al ciento por uno ( Mc 4:3-8).
14. El propósito de esta Introducción es fomentar en pastores y catequistas una mayor conciencia de la necesidad de tener presente el campo donde se siembra la semilla, y hacerlo desde la perspectiva de la fe y la misericordia. La interpretación del mundo contemporáneo que aquí se presenta depende obviamente de circunstancias históricas contingentes.
«¡ Mirad! Un sembrador sale a sembrar » ( Mc 4,3)
15. La parábola del sembrador que sale a sembrar es fuente de inspiración para la evangelización. La semilla es la palabra de Dios ( Lc 8,11). El sembrador es Jesucristo. Hace dos mil años proclamó el Evangelio en Palestina y envió a sus discípulos a sembrarlo en el mundo. Hoy, Jesucristo, presente en la Iglesia por su Espíritu, continúa difundiendo la palabra del Padre cada vez más ampliamente en el campo del mundo. Las condiciones del terreno en el que cae varían enormemente. El Evangelio «cae junto al camino» ( Lc 4,4) cuando no es realmente escuchado; cae en «terreno pedregoso» sin arraigar; cae «entre espinos» ( Lc 4,2), donde es rápidamente ahogado por las preocupaciones y las dificultades que agobian el corazón de los hombres. Sin embargo, algunas semillas caen en «tierra buena» ( Mc 4,8), es decir, entre hombres y mujeres abiertos a una relación personal con Dios y solidarios con el prójimo. Esta semilla da fruto en abundancia. Jesús, en la parábola del sembrador, proclama la Buena Nueva de que el Reino de Dios está cerca, a pesar de los problemas de la tierra, las tensiones, los conflictos y las dificultades del mundo. La semilla del Evangelio fecunda la historia de la humanidad y promete una rica cosecha. Sin embargo, Jesús también advierte que la palabra de Dios solo crece en un corazón bien dispuesto.
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Mirando el mundo desde el punto de vista de la fe
16. La Iglesia continúa sembrando el Evangelio en el campo de Dios. Los cristianos, en las más diversas situaciones sociales, perciben el mundo con los mismos ojos con los que Jesús contempló la sociedad de su tiempo. El discípulo de Jesucristo comparte profundamente las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres de hoy.(12) Observa la historia humana y participa en ella, no solo desde la razón, sino también desde la fe. A la luz de la fe, el mundo aparece inmediatamente creado y sostenido por el amor del Creador, liberado de la esclavitud del pecado por Cristo, crucificado y resucitado.(13) El cristiano sabe que todo acontecimiento humano —de hecho, toda realidad— está marcado por la actividad creadora de Dios, que comunica bondad a todos los seres; el poder del pecado, que limita y adormece al hombre; Y el dinamismo que brota de la Resurrección de Cristo, semilla que renueva a los creyentes, es la esperanza de una "realización" definitiva.(14) Una cosmovisión que no incorpore estos tres elementos no puede ser auténticamente cristiana. De ahí la importancia de una catequesis capaz de iniciar a los catecúmenos y a los catequizados en una "lectura teológica de los problemas modernos".(15)
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El campo que es el mundo
17. La Iglesia, Madre de la humanidad, ve sobre todo con profundo dolor «una multitud innumerable de hombres y mujeres, niños, adultos, ancianos y seres humanos únicos, que sufren la miseria».(16)
Mediante la catequesis, en la que se da el debido énfasis a su doctrina social, la Iglesia (17) quiere suscitar los corazones cristianos «a la causa de la justicia» (18) y a una «opción preferencial de amor por los pobres»,(19) para que su presencia sea realmente luz que brilla y sal que cura.
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Derechos humanos
18. La Iglesia, al analizar el terreno del mundo, es profundamente consciente de todo lo que atenta contra la dignidad de la persona humana. Es consciente de que todos los derechos humanos (20) surgen de esta dignidad, objeto constante de la preocupación y el compromiso cristianos. Por ello, va más allá de los meros «índices sociales y económicos» (21) para abarcar también los factores culturales y religiosos. Lo que interesa a la Iglesia es, sobre todo, el desarrollo integral de la persona humana y de todos los pueblos. (22) Observa con alegría que «una tendencia benéfica avanza y se extiende a los pueblos de la tierra, haciéndolos cada vez más conscientes de la dignidad de la persona». (23) Su vigorosa insistencia en el respeto de los derechos humanos y su decidido rechazo a todas sus violaciones son claras expresiones de esta conciencia. El derecho a la vida, al trabajo, a la educación, a la fundación de una familia, a la participación en la vida pública y a la libertad religiosa son hoy más exigidos que nunca.
19. Sin embargo, en muchos lugares, los derechos humanos se violan claramente,(24) en aparente contradicción con la dignidad propia de la persona humana. Dichas violaciones alimentan otras formas de pobreza que van más allá del nivel material: contribuyen a un empobrecimiento cultural y religioso que afecta igualmente a la Iglesia. La negación o restricción de los derechos humanos empobrece a la persona humana y a pueblos enteros al menos tanto, si no más, que la propia privación material.(25) La actividad evangelizadora de la Iglesia en este campo de los derechos humanos tiene como objetivo innegable la tarea de revelar la dignidad inviolable de toda persona humana. En cierto sentido, «es la tarea central y unificadora del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, están llamados a prestar a la familia humana».(26) La catequesis debe prepararlos para esta tarea.
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Cultura y culturas
20. El sembrador sabe que la semilla cae en terrenos específicos y que debe absorber todos los elementos que le permiten dar fruto.(27) Sabe también que algunos de estos elementos pueden perjudicar la germinación de la semilla e incluso la propia cosecha.
La Constitución Gaudium et Spes subraya la importancia de la ciencia y la tecnología para el nacimiento y desarrollo de la cultura moderna. La mentalidad científica, que de ellas se deriva, modifica profundamente la cultura y las formas de pensar,(28) con las consiguientes repercusiones humanas y religiosas. El hombre moderno está profundamente influenciado por este método científico y experimental.
Sin embargo, hoy en día existe una creciente conciencia de que dicha mentalidad es incapaz de explicarlo todo. Los propios científicos reconocen que el rigor del método experimental debe complementarse con algún otro método de conocimiento si se pretende alcanzar una comprensión profunda del ser humano. La teoría lingüística, por ejemplo, demuestra que el pensamiento simbólico ofrece una aproximación al misterio de la persona humana que de otro modo permanecería inaccesible. Por lo tanto, es indispensable un racionalismo que no dicotomice al hombre, sino que integre su dimensión afectiva, lo unifique y dé un sentido más pleno a su vida.
21. Junto con esta «forma de cultura más universal»,(29) existe un creciente deseo de valorar de nuevo las culturas autóctonas. La pregunta planteada por el Concilio Vaticano II sigue vigente: «¿Qué hacer para evitar que el creciente intercambio entre culturas (que debería conducir a un diálogo genuino y fructífero entre grupos y naciones) perturbe la vida de las comunidades, destruya la sabiduría tradicional y ponga en peligro el carácter propio de cada pueblo?».(30)
– En muchos lugares existe una clara conciencia de que las culturas tradicionales están siendo atacadas por poderosas fuerzas externas y por imitaciones extranjeras de estilos de vida importados, con el resultado de que la identidad y los valores propios de los pueblos se están erosionando gradualmente.
– Se reconoce también la amplia influencia de los medios de comunicación que, por intereses económicos o ideológicos, imponen a menudo una visión de la vida que no respeta la especificidad cultural de los pueblos a los que se dirigen.
Así, con la inculturación, la evangelización se enfrenta a uno de sus mayores desafíos. A la luz del Evangelio, la Iglesia debe apropiarse de todos los valores positivos de la cultura y de las culturas (31) y rechazar aquellos elementos que impiden el desarrollo del verdadero potencial de las personas y los pueblos.
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Factores religiosos y morales
22. Entre los elementos que conforman el patrimonio cultural de un pueblo, los factores religiosos y morales revisten especial interés para el sembrador. Existe en la cultura contemporánea una persistente indiferencia religiosa: «Sin embargo, muchos de nuestros contemporáneos... o bien no perciben en absoluto, o bien rechazan explícitamente, este vínculo íntimo y vital del hombre con Dios».(32)
El ateísmo, entendido como negación de Dios, «debe, por tanto, considerarse uno de los problemas más graves de nuestro tiempo».(33) Si bien puede adoptar diversas formas, hoy en día a menudo se presenta bajo la apariencia de secularismo, que consiste en una visión excesivamente autónoma del hombre y del mundo, «según la cual este se explica por sí solo sin ninguna referencia a Dios».(34) En el ámbito específicamente religioso, hay signos de «un retorno a lo sagrado»,(35) de una nueva sed de realidad trascendente y de lo divino. El mundo contemporáneo reconoce de forma más completa y vital «el renovado interés por la investigación religiosa».(36) Ciertamente, este fenómeno «no está exento de ambigüedad».(37) El crecimiento generalizado de sectas y nuevos movimientos religiosos, así como el resurgimiento del «fundamentalismo»,(38) son factores de grave preocupación para la Iglesia y requieren un análisis cuidadoso.
23. La situación moral actual es comparable a la religiosa. Existe un evidente oscurecimiento de la verdad ontológica de la persona humana, como si la negación de Dios significara un colapso interior de las aspiraciones del ser humano.(39) En muchos lugares, esto contribuye al auge de un «relativismo ético que eliminaría cualquier referencia moral segura de la vida política y social».(40) La evangelización encuentra un campo privilegiado de actividad en la esfera religiosa y moral. De hecho, la misión primordial de la Iglesia es anunciar a Dios y ser su testigo ante el mundo. Esto implica dar a conocer el verdadero rostro de Dios y su plan amoroso de salvación para el hombre, tal como se reveló en Jesucristo. Para preparar a estos testigos, es necesario que la Iglesia desarrolle una catequesis profundamente religiosa, nutrida del Evangelio, que profundice el encuentro del hombre con Dios y forje un vínculo de comunión permanente con él.
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La Iglesia en el mundo
La fe de los cristianos
24. Los discípulos de Jesús están dispersos por el mundo como levadura, pero, como en todas las épocas, no son inmunes a las influencias de las situaciones humanas. Por lo tanto, es necesario indagar en la situación actual de la fe de los cristianos. La renovación catequética, desarrollada en la Iglesia durante las últimas décadas, sigue dando frutos muy bienvenidos.(41) La catequesis de niños, jóvenes y adultos ha dado lugar a un tipo de cristiano consciente de su fe y que actúa coherentemente con ella en su vida. En estos cristianos, esta catequesis ha fomentado:
– una experiencia nueva y vital de Dios como Padre misericordioso;
– un redescubrimiento más profundo de Jesucristo, no sólo en su divinidad sino también en su humanidad;
– un sentido de corresponsabilidad por parte de todos por la misión de la Iglesia en el mundo;
– y una mayor concienciación respecto a las obligaciones sociales de la fe.
25. Sin embargo, al considerar la situación religiosa actual, la Iglesia también está obligada a considerar hasta qué punto los cristianos han sido moldeados por el clima de secularismo y relativismo ético. (42) Una categoría primordial que requiere examen es la de las «muchas personas que han sido bautizadas pero llevan vidas completamente alejadas del cristianismo». (43) Esto, de hecho, constituye una masa de «cristianos no practicantes» (44), aunque en muchos corazones el sentimiento religioso no se ha perdido por completo. Despertarlos a la fe es un verdadero desafío para la Iglesia. Luego está la «gente sencilla» (45) que se expresa, a veces con sincero sentimiento religioso y una profunda «devoción popular». (46) Poseen cierta fe, «pero conocen poco incluso sus principios fundamentales». (47) Hay, además, muchos otros cristianos, a menudo con un alto nivel educativo, cuya formación religiosa se limita únicamente a la que recibieron en la infancia. Estos también necesitan reexaminar y desarrollar su fe «desde una perspectiva diferente». (48)
26. Existe también un cierto número de cristianos bautizados que, deseando promover el diálogo con diversas culturas y otras confesiones religiosas, o debido a cierta reticencia a vivir como creyentes en la sociedad contemporánea, no dan un testimonio explícito y valiente de la fe en Jesucristo en sus vidas. Estas situaciones concretas de la fe cristiana exigen urgentemente que el sembrador desarrolle una nueva evangelización, (49) especialmente en aquellas iglesias de larga tradición cristiana donde el secularismo ha tenido mayor influencia. En este nuevo contexto de evangelización, el anuncio misionero y la catequesis, especialmente de jóvenes y adultos, son una prioridad evidente.
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