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General: EL PANTALÓN GRIS
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Respuesta  Mensaje 1 de 2 en el tema 
De: Néstor Barbarito  (Mensaje original) Enviado: 13/04/2017 16:31



Era un día de calor intenso en este horno que es Buenos Aires en el verano. Para asistir a Misa pensé
ponerme un pantalón corto o bermudas, pero como todavía no he logrado desprenderme del todo de los viejos
prejuicios, (ni creo que lo haga ya porque “burro viejo no agarra trote”), decidí que el pantalón largo más liviano
que tenía era aquel, y me lo puse.

Caminaba rumbo al colectivo con Luisita cuando, al verme reflejado en una vidriera, caí en la cuenta de que
aquel pantalón tenía una historia.
Recordé una foto que me tomara mi esposa, mientras yo estaba orando apoyado en un corpulento y
probablemente varias veces milenario olivo, la noche en que, después de una Hora Santa en la Iglesia “De todas
las naciones”, se nos concedió el regalo de entrar durante un rato al contiguo Huerto de los Olivos. En la foto se
ve claramente que aquel pantalón es parte de mi indumentaria de esa noche inolvidable en Jerusalén.
Llegados al templo, y mientras esperaba la hora del comienzo de la misa, intenté preparar mi corazón y mi mente
para lo que iba a ocurrir ante mis ojos, y el sacramento que iba a recibir momentos más tarde, pero mi pensamiento,
porfiadamente, guiaba mis ojos al pantalón que vestía, y éste, a su vez, me arrastraba con fuerza a aquella escena
en la Tierra Santa. Al fin me dejé llevar por el corazón, y di rienda suelta a los recuerdos.

Aquellos habían sido momentos de una mixtura inexpresable de gozo y dolor, de alegría y angustia, exaltación
y vergüenza. Habían sido los sentimientos de entonces, y ahora volvían a revolotear zumbando en mi cerebro,
como abejas en torno a las uvas maduras.

Sentía el gozo de haber podido pisar aquel Huerto que Jesús tantas veces había andado; el lugar donde había
departido con sus amigos (cf. Jn 18,3); donde les habría hablado de su amor por el Padre; de su amor por los
hombres, de su esperanza de salvarlos llevándolos al Padre. Pero era un gozo que se confundía en mí con el
dolor por su tristeza de aquella noche aciaga, con la vergüenza de saberme copartícipe (quizás debería decir
cómplice) con mis miserias y agachadas, de aquella dolorosa agonía de angustia y temor (Cf. Mc 14,33) que se
había manifestado con un sudor «como gotas de sangre» (Lc 22,44) , y había provocado esa terrible expresión
que, aunque el dolor había sido suyo, tantas veces sentí yo como una herida abierta mi corazón: «Me muero de
tristeza» (Mc. 14,34).

Por fin pude aquietar aquellos sentimientos, y prestar una razonable atención a lo que se estaba desarrollando
sobre el altar, que en verdad -lo sabía- no era otra cosa que la reiteración de lo que había ocurrido en aquellos
escenarios que habíamos visitado con viva emoción.

Sin embargo, una vez más quedaba claro lo que muchas veces he dicho y escrito acerca de “los sacramentos de
la vida”, de cuya realidad y sentido había caído en la cuenta leyendo a Leonardo Boff en su libro de ese nombre,
precisamente.

Sacramento es un término que define, en la doctrina católica, los signos visibles y eficaces de la gracia, y aquel
pantalón había sido, y seguramente lo seguiría siendo mientras durara (y quizás aun después), un vehículo –
entre otros- para acercar a mi corazón una inmensa riqueza; la gracia de hacerme re-vivir momentos de intensa
unción, y comunión con Cristo y entre nosotros.



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Respuesta  Mensaje 2 de 2 en el tema 
De: Néstor Barbarito Enviado: 13/04/2017 16:37
Humildemente les pido disculpas por la mala edición de mis escritos. Les doy mi palabra de que hago el mejor de mis esfuerzos pero no consigo armarlos bien.
La página caprichosa no me deja, y mis "luces" son escasas. En la vista previa se veía bastante bien, pero cuando lo subí...ya ven.


 
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