Hay una historia de Buda que dice así: Buda iba caminando por un pueblo con Ananda, su discípulo más cercano, y vieron a un hombre ebrio, maldiciendo y maltratando a su perro. Buda y Ananda pasaron de largo, y Ananda le dijo al Buda: "Pobre hombre, está perdido". A lo que Buda respondió: "Él es Buda, el Iluminado".
Ananda se quedó confundido: "¿Cómo puede ser eso?". Buda sonrió y dijo: "Sí, él es Buda, pero aún no se ha dado cuenta".
Esta anécdota es una lección profunda y poética que captura la esencia del budismo, especialmente en sus tradiciones Mahayana y Zen. La idea es que todos los seres poseen una "naturaleza búdica" inherente, es decir, el potencial para la iluminación y la sabiduría perfecta, pero que a menudo está oculto por ilusiones, sufrimientos o vicios como el alcoholismo en esta historia.
Como dice el maestro zen Dōgen: "La iluminación no es algo que se alcanza, es algo que se realiza". Buda no juzga al hombre ebrio por su comportamiento destructivo; en cambio, ve más allá de las apariencias y reconoce esa chispa divina en él.
En la Masonería, esto se refleja en el concepto de la "luz interior", que es la chispa divina que todos llevamos dentro. Como dice el masón Albert Pike: "La Masonería es una búsqueda de la luz, y la luz es la sabiduría y la verdad".
La historia de Buda y el hombre ebrio nos recuerda que nadie está "perdido" para siempre. Todos tenemos la capacidad de despertar y realizar nuestra verdadera naturaleza. Como dice el poeta Rumi: "La herida es el lugar por donde entra la luz".
Ananda, el discípulo de Buda, fue un monje budista que vivió en la India en el siglo V a.C. Fue el primo y discípulo más cercano de Buda, y se le atribuye la recopilación de muchos de los discursos de Buda.
El Buda, cuyo nombre original era Siddhartha Gautama, fue un príncipe indio que vivió en la India en el siglo VI a.C. Después de alcanzar la iluminación, se convirtió en el fundador del budismo, una de las religiones más importantes del mundo.
En resumen, la historia de Buda y el hombre ebrio nos recuerda que todos tenemos la capacidad de despertar y realizar nuestra verdadera naturaleza. No se trata de "convertirse" en Buda, sino de realizar que ya lo eres. Como dice el maestro zen Thich Nhat Hanh: "La iluminación no es un destino, es un camino".