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General: Diferencias entre las antiguas iniciaciones y las modernas
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De: Kadyr  (Mensaje original) Enviado: 16/02/2026 19:45
Diferencias entre las antiguas iniciaciones y las modernas

En los antiguos misterios —Eleusis, Egipto, los templos de Grecia—, el aspirante a la iniciación verdaderamente  abandonaba por completo el mundo profano. Entraba en santuarios apartados y se sometía a largos años de purificación: abstinencia, silencio, dominio de pasiones, pruebas que forjaban el alma. Siete años, a veces más, eran lo habitual para lo que hoy condensamos en nuestras iniciaciones al primer grado de Aprendiz, que apenas dura unos minutos . Aquel neófito de hace 2 mil años  era, literalmente, siervo de sus maestros; su cuerpo y mente se disciplinaban sin piedad antes de cruzar el umbral sagrado.

Hoy, hermanos, nuestro camino es distinto, más adaptado al hombre moderno, sometido a iniciaciones exprés  . El período de Aprendiz dura meses, la iniciación unos minutos , con tenidas semanales de una o dos horas. Las pruebas físicas severas han desaparecido; ya no hay flagelaciones ni ayunos extremos. Pero no nos engañemos: esta suavidad no es debilidad, sino oportunidad. El antiguo rigor externo se ha transformado en un desafío interno más profundo. Hoy, el masón debe ser su propio maestro, su propio juez, su propio instructor. Nadie lo vigila las veinticuatro horas; la disciplina nace de su voluntad interior.

Y aquí radica la grandeza de nuestro tiempo: la verdadera purificación ya no se impone desde fuera, sino que se elige desde dentro. El hermano que opta por auto-iniciarse, por dominar sus pasiones sin presión externa, alcanza una libertad que el antiguo neófito, esclavo de sus maestros, apenas podía imaginar. Las pautas están en la logia, en los rituales, en los landmarks, pero el trabajo real lo hace cada uno en soledad, frente al espejo de su conciencia.

Recordad el Salmo 24: "¿Quién subirá al monte del Señor? El limpio de manos y puro de corazón". Por eso llevamos guantes blancos y delantal inmaculado: símbolos de que hemos lavado nuestras manos en inocencia y purificado el corazón. San Juan nos lo recuerda: "Todo aquel que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo". El candidato que aún lleva "metales" —apegos, impurezas— no está listo; su iniciación real se pospone hasta que él mismo se limpie.

Después de la purificación viene la contemplación y la iluminación, tema del segundo grado. Antaño, tras años de disciplina, el neófito accedía al estudio de sus facultades interiores, a la ciencia del alma. Hoy, ese camino sigue abierto: el Compañero descubre el símbolo sagrado, la "G" en el centro de escuadra y compás, alusión al Gran Arquitecto, y comienza a rastrear los misterios de su naturaleza mental hasta conectar con lo Divino.

Hermanos, tanto el viejo como el nuevo proceso exigen purificación completa. La diferencia es que hoy la responsabilidad recae plenamente en nosotros. Nadie nos obliga; elegimos. Y en esa elección libre reside la verdadera grandeza masónica.

Entendiendo que en misterios antiguos (Eleusis: 9 días de ritos, años de preparación; Egipto: décadas para sacerdotes) la purificación era externa y rigurosa, mientras la masonería moderna enfatiza auto-disciplina, alineada con valores ilustrados de libertad individual. Temas relacionados incluyen "iniciación virtual"  y debates sobre si la brevedad actual diluye o potencia el trabajo interior. En esencia, la masonería adapta la sabiduría eterna al hombre contemporáneo: menos

Antaño a los recién iniciados durante las iniciaciones a los Augustos Misterios  de hace 2 mil años , los maestros lo habrían encadenado años a pruebas duras para purificarlo. Pero en su era, le entregaron algunas instrucciones y le dijeron: "Sométete a tu maestro". Al principio dudaban , y sufrían pruebas incluso a riesgo de morir en el intento. Pero cuando alcanzó la luz, comprendía : la libertad de someterse a una disciplina lo hacía  más fuerte que cualquier otro ser humano.. Moraleja: la verdadera iniciación nace de dentro sea  suabe o sea dura . ¡Que el Gran Arquitecto nos guíe, hermanos!

Alcoseri


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