Masonería y homosexualismo
Analicemos lo relativo a la orientación sexual en el contexto masónico, no como un dogma, sino como una alegoría de tolerancia y respeto mutuo, donde el mandil une a todos los hermanos sin distinción, promoviendo la virtud interior por encima de las formas externas.
Creo que la orientación sexual no tiene relación alguna con los prerrequisitos para iniciarse como masón, pues nuestra Orden se erige sobre la moralidad universal y no sobre juicios particulares. Si pretendemos convertirnos en bastiones exclusivos de la moralidad, tendríamos que examinar con el compás de la equidad a todos los hermanos divorciados, padres solteros o aquellos con parejas fuera del matrimonio, quienes, en cada logia, superan en número a lo que se puede contar con los dedos de una mano.
No encuentro cómo la homosexualidad pueda ser incompatible con la masonería; tal apreciación parece arcaica y desajustada a los tiempos actuales, donde la fraternidad masónica promueve la evolución espiritual sin barreras. Personalmente, conozco hermanos masones homosexuales que demuestran una honorabilidad ejemplar, superior incluso a la de quienes defienden con vehemencia posturas moralistas en logia.
Antes de lanzar la primera piedra, como enseña la sabiduría antigua, deberíamos realizar un análisis moral interno con la plomada de la introspección, para verificar si poseemos la autoridad ética para criticar. Yo, en mi modesta reflexión, admito no tenerla.
He leído opiniones en foros masónicos de algunos que se llaman hermanos, tildando la homosexualidad de aberración de pueblos, causa de caídas imperiales o contradicción evolutiva. Tales visiones parecen provenir de un planeta ajeno, desconectadas de la realidad terrenal, y basadas únicamente en instintos procreativos. ¿Acaso los seres humanos no somos más que eso? Creo que somos mucho más, y la tendencia sexual no influye en la evolución que podamos lograr en esta vida terrenal.
Por ello, juzguemos a las personas por sus acciones, no por lo que ocurre en la intimidad de una relación de pareja. No lo hacemos con hermanos adúlteros; ¿por qué hacerlo con hermanos homosexuales o cualquier otra persona?
Siempre he considerado contradictorias afirmaciones como: "No soy homofóbico, pero considero la homosexualidad en la masonería aberrante". Estimado amigo, llamemos las cosas por su nombre: no ser homofóbico implica no tener "peros"; todo lo que sigue a esa conjunción revela homofobia.
Esta concepción general de la homosexualidad como disfunción o enfermedad mental ha sido desmentida científicamente desde principios de los años 70. Coincido en que la masonería no ha tenido una posición unificada sobre el tema, pero sus principios exigen respeto a las tendencias individuales: nuestra libertad termina donde comienza la del otro. Si nuestras costumbres no se ven afectadas, no hay razón para catalogar la homosexualidad como aberración.
La conciencia hombre-mujer es la más común, alineada con nuestro instinto reproductivo y forjada por narrativas bíblicas homofóbicas como Sodoma y Gomorra. Debemos ser tolerantes con los homosexuales y no veo motivo para negarles la admisión en logia, especialmente cuando conocemos hermanos de moralidad dudosa que ingresaron sin obstáculos.
De todas maneras, que los homosexuales dejen a los heterosexuales las actividades reproductivas no representa problema alguno. Este planeta seguirá sobrepoblado y con desigualdades en la distribución de ingresos, con o sin homosexuales.
De acuerdo con tratados masónicos contemporáneos, como el de Iván Herrera Michel, al menos el 5% de la humanidad se desarrolla como homosexual, y la masonería debe extender su lema de Libertad, Igualdad y Fraternidad a todos, reconociendo que buscar parejas del mismo sexo no impide la búsqueda de la luz interior. En México, el Rito Nacional Mexicano promueve la inclusión de personas independientemente de su orientación sexual, género o creencias, basado en derechos humanos y libertad de culto, rompiendo con esquemas tradicionales para adoptar una visión progresista.
En este marco masónico, donde el simbolismo nos enseña a pulir la piedra bruta del prejuicio, veo en la tolerancia hacia la diversidad sexual una lección de fraternidad universal, recordándonos que el verdadero templo se construye con corazones abiertos, no con barreras profanas.
Y agrego mis ideas: esta discusión resuena con el fundamento masónico de buscar la verdad más allá de dogmas, promoviendo un humanismo que une a la diversidad bajo el ojo que todo lo ve. En un mundo de cambios sociales, la masonería puede ser un faro de inclusión, recordándonos que la verdadera aberración no radica en la orientación sexual, sino en el fanatismo que divide; así, fomentar el diálogo fraternal sobre estos temas fortalece la Orden, alineándola con principios éticos universales sin ceder a prejuicios arcaicos.
Para muchos : "La masonería, al promover una tolerancia sin límites hacia prácticas como la homosexualidad, diluye los principios morales cristianos tradicionales, viéndola no como un pecado, sino como una expresión de libertad individual que socava la doctrina ortodoxa".
"Muchos masones abrazan una visión inclusiva de la homosexualidad como parte de su sincretismo moral, pero esto choca con la exclusividad de la fe cristiana, interpretando la diversidad sexual como una alegoría de fraternidad en lugar de una desviación ética".
"En las logias, la aceptación de la homosexualidad se enmascara como tolerancia masónica, fomentando un relativismo que aleja de la verdad revelada católica, elevándola a un símbolo de libertad que contradice las bases morales divinas". Alcosri