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1º Serie Dulce Venganza: Capítulo 11
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Reply  Message 1 of 6 on the subject 
From: NeΪida  (Original message) Sent: 25/03/2014 03:52

69

 

Capítulo 11

Jefferson estaba tan sólo a un par de pasos de Caitlyn mientras ésta atravesaba el hotel. Cuando llegó al jardín, él la agarró por el brazo y la obligó a darse la vuelta.

—¿Se trata de una broma?

Caitlyn le miró la mano hasta que Jefferson le soltó el brazo. Entonces, volvió a mirarlo a los ojos.

—Yo no me estoy riendo.

—Por si no te has dado cuenta, yo tampoco.

¿Cómo se había podido estropear todo tan rápidamente? ¿Cómo había podido él perder el control de la situación tan rápidamente? Jefferson Lyon jamás perdía. Nunca permitía que una mujer fuera la que lo dejara a él.

El hecho de que Caitlyn pudiera ser la primera le hacía sentirse como si tuviera una mano fría y dura apretándole la garganta.

—Caitlyn, tú no quieres hacer algo así…

—No recuerdo haber dicho que quisiera nada de lo que está ocurriendo, Jefferson.

—Entonces, detenlo todo. Dile que no a Max. Regresa a Long Beach conmigo.

—Ya no puedo trabajar contigo, Jefferson. No después de…

Él sabía a lo que Caitlyn se refería. Lo tenía escrito en el rostro. Quería decir que no podía trabajar con él después de haberse acostado juntos. Su hermano pequeño había tenido razón desde el principio. Su plan había sido una estupidez, pero ya era demasiado tarde como para poder cambiar nada. Aunque pudiera, no lo haría. No dejaría escapar los momentos que había compartido con Caitlyn. Se habían convertido en algo muy importante para él.

Nada había salido como había planeado ni como debería salir. Se metió las manos en los bolsillos y, a pesar de todo, dijo:

—Podría funcionar.

—Estaba claro que tú dirías algo así, pero sólo porque no quieres admitir la derrota.

—Admitir la derrota es lo que hace que uno se sienta derrotado.

—Pero negarse a admitirla no cambia los hechos.

Decidió jugar su última carta.

—No me dejes por Max, Caitlyn…

—Dios, sigues sin comprenderlo, ¿verdad? —dijo. Se quitó el bolso del hombro y lo abrió. Entonces empezó a rebuscar en su interior—. No te voy a dejar por Max, Jefferson.

Simplemente te voy a dejar.

Las palabras de Caitlyn le quitaron el aliento. El pánico se apoderó de él.

—Así de fácil. Eres capaz de marcharte sin mirar atrás…

—¿Crees que es fácil para mí? —le preguntó, tras lanzar una carcajada—. Por supuesto que voy a mirar atrás, Jefferson y te veré a ti. A lo que podría haber ocurrido si no hubieras sido demasiado estúpido para verlo.

—¿Ahora de qué estás hablando? —le preguntó Jefferson, sin comprender.

Caitlyn sacó una pequeña bolsa, cuidadosamente doblada, de su bolso y se la ofreció. Sin embargo, él no la aceptó.



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Reply  Message 2 of 6 on the subject 
From: NeΪida Sent: 25/03/2014 03:54

70

 

—Ves… Pensé que podría hacerte caer con tu mismo juego. Pensé que podría utilizarte tal y como tú me utilizabas a mí…

—Caitlyn…

—Pero este juego se te da a ti mucho mejor. Conseguiste decir todas las palabras adecuadas, hacer lo correcto, aunque fuera por las razones equivocadas. Mantuviste el juego y no consentiste que pudiera convertirse en algo real. El problema es que, para mí, sí fue de verdad —le dijo. Le tomó una mano y le puso la bolsita en la palma—. No quería que ocurriera, pero ocurrió.

—¿El qué? —preguntó él, mirando la bolsita antes de apretarla con fuerza—. ¿El qué ocurrió? ¿Qué es esto?

—Son las joyas que me regalaste. No puedo quedármelas.

¿Los pendientes? ¿La pulsera de plata? Caitlyn se había puesto muy contenta al recibirlos y al ponérselos. ¿Cómo podía deshacerse de ellos como si no significaran nada?

—Yo quería que tú tuvieras esas joyas —le dijo—. Las compramos juntos. Y te gustaban. Sé que te gustaban.

—Son muy bonitas —admitió ella, encogiéndose de hombros—, pero no me metí en este juego por las cosas que me pudieras comprar, Jefferson. No me importaban. Jamás me importaron. Sin embargo, ésas son las reglas de tu juego. Las reglas que conoces. Compras regalos para no tener que dar nada de ti mismo.

Las palabras de Caitlyn le escocieron. La verdad le resultaba demasiado dolorosa y no quiso reconocer que era cierto. No pudo. Además, en aquellas últimas dos semanas, había dado más de lo que jamás le había entregado a nadie, aunque no hubiera tenido intención de que fuera así en un principio.

—No querías nada de mí —dijo mientras se metía la bolsita en un bolsillo—, sólo querías… ¿Vengarte de mí?

—Sí. Así fue como empezó todo —admitió Caitlyn—, pero muy pronto se convirtió en otra cosa. Algo de lo que tú no quieres parte.

—¿Y cómo lo sabes?

—Porque te conozco, Jefferson. Cuando te diga que me enamoré de ti, saldrás corriendo tan rápidamente que te saltarán chispas de los talones.

Jefferson la observó sumido en un profundo silencio.

—¿Ves? Por eso vete, Jefferson. Deja que ésta sea la única vez en la que el gran Lyon perdió una batalla.

¿Caitlyn estaba enamorada de él? ¿Y era capaz de abandonarlo?

Diablos, si tan fácil le resultaba alejarse de él, ¿cómo podía ser de profundo el amor que afirmaba sentir por él?

—Bien. Vete a trabajar para Max. Márchate a Inglaterra. Olvídate de mí y de mi empresa. —Para ti resulta físicamente imposible rendirte, ¿verdad? En ese caso, yo lo haré por ti — dijo. Con eso, se dio la vuelta y comenzó a dirigirse hacia la entrada principal del hotel, frente a la que acababa de detenerse un taxi—. Dejé de trabajar para ti hace ya dos semanas. Ahora, te dejo.


Reply  Message 3 of 6 on the subject 
From: NeΪida Sent: 25/03/2014 03:54

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—¿Así de fácil?

—Así de fácil —respondió ella. Se dio la vuelta para mirarlo con unos intensos ojos castaños que estaban rodeados de profundas sombras. Unos profundos ojos heridos. A su lado, la puerta del taxi se abrió y descendió de él una mujer alta, con el cabello de punta. Al ver a Caitlyn, la mujer lanzó un grito de alegría.

—Janine! —exclamó Caitlyn al ver a su amiga. Sin embargo, cuando la mujer se acercó a ella, levantó una mano para que se detuviera y, entonces, volvió a darse la vuelta para enfrentarse con Jefferson. Él ignoró todo lo que les rodeaba, todo a excepción de los ojos oscuros que lo observaban tan atentamente. Caitlyn ya estaba demasiado lejos para que él pudiera alcanzarla. A pesar de que estaba allí, podía imaginársela alejándose de él. El amor.

¿Por qué había tenido que entrar el amor en aquella ecuación?

¿Por qué había tenido ella que mencionarlo?

¿De verdad sería eso lo que sentía? Por supuesto que sí. Caitlyn no decía nada que no fuera de corazón, pero, si estaba enamorada de él, ¿cómo podía ignorar sus sentimientos?

Se había adentrado en un territorio completamente nuevo para ella y no sabía lo que hacer al respecto. De lo único de lo que estaba seguro era de que estaba terminando algo que resultaba muy precioso para él. Decidió que, al menos, tenía que realizar un último intento por salvarlo.

—Si te alejas de mí ahora y te vas a trabajar para Max, despediré a Georgia en el momento en el que regrese a Long Beach.

—No me puedo creer que acabes de decir eso —dijo ella mirándolo con incredulidad.

—Pues créetelo.

Caitlyn soltó una carcajada.

—¿Cómo de equivocada puede estar una persona sobre otra? Hace mucho tiempo que te conozco, Jefferson y jamás creí que pudieras llegar tan bajo… ¿Sabes una cosa? Haz lo que creas que tienes que hacer. Yo estoy harta.

Jefferson permaneció allí inmóvil, observando cómo ella se marchaba, con los brazos entrelazados con los de su amiga en dirección a la entrada del hotel. No se volvió para mirarlo.

Entonces, por primera vez en su vida, Jefferson se sintió un perdedor de primera clase.

—Es un imbécil —decidió Janine.

—Tienes razón —dijo Caitlyn. Estaba apoyada contra el cabecero de su cama, abrazando una almohada contra el pecho—, pero durante un par de semanas, fue mi imbécil.

—Maldita sea, Debbie y yo deberíamos haber venido antes. No deberíamos haberte dejado con Jefferson Lyon durante tanto tiempo. No me puedo creer que te hayas acostado con él.


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From: NeΪida Sent: 25/03/2014 03:56

72

 

Caitlyn tampoco. Durante casi dos semanas había estado convenciéndose que podía estar cerca de Jefferson sin implicarse emocionalmente con él. Sin embargo, por fin había comprendido que había cometido un grave error. A pesar de que sabía perfectamente cómo iba a terminar todo, le daba la sensación de que habría hecho lo mismo una y otra vez. Durante un tiempo, el vínculo entre ellos había sido real aunque Jefferson jamás estuviera dispuesto a admitirlo. Caitlyn sabía lo que él había sentido. Nadie podía ser tan buen actor.

—Pues así fue.

—¿Y es bueno? —le preguntó Janine. Caitlyn le lanzó una mirada—. Claro que lo es. Idiota… Pues él se lo pierde, ¿sabes? Trata de no pensar en él. Trata de recordar que estamos en un lugar lujoso. Que estás conmigo. Debbie llegará mañana y, entre las dos, conseguiremos que te vuelvas a sentir bien.

—Eso espero…

Caitlyn dudaba que aquello pudiera ser posible. En aquellos momentos, se sentía como si la hubieran vaciado por dentro. Jefferson había recogido sus cosas y se había marchado del hotel menos de una hora después de su último enfrentamiento.

Aparentemente, había decidido recordar sus pérdidas. ¿Sería capaz de despedir a Georgia? No. Jefferson era un hombre duro, un hombre de negocios sin piedad, pero no era un canalla.

—Sí —dijo Janine, tras abrir la puerta del minibar, mirar en su interior y cerrarla con desilusión—, lo que tú necesitas es otro hombre. Un semental de playa. Alguien con el que puedas acostarte sin más complicaciones.

—Dios, te aseguro que no necesito otro hombre…

—Ya sabes lo que dicen —comentó Janine, sentándose sobre la cama al lado de su amiga—. Cuando uno se cae del caballo…

—Jefferson no es un caballo —replicó Caitlyn golpeándola con la almohada.

—¿El trasero del caballo, tal vez?

—Muy mono.

Janine se tumbó sobre el colchón y se puso a mirar el techo.

—Estoy pensando que te han estropeado las vacaciones.

—Eso no ha sido lo único.

—Y ahora que ese hombre se ha marchado a su casa, ha llegado el momento de ponerte el mundo por montera, amiga mía.

—Lo estoy haciendo.

—Sí, claro. Aquí encerrada en tu habitación. Estamos en el lugar de vacaciones que más de moda está en todo el mundo. Se llama Fantasías, no Escondites. Vamos. Vístete. Ponte algo sexy y vamos a la discoteca a bailar para ligarnos a un par de tíos con más belleza que cerebro.

Caitlyn se echó a reír y dio gracias al cielo porque su amiga hubiera llegado. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones de Janine, Caitlyn no se sentía de humor para disfrutar de aquella clase de distracciones.

—No, gracias. Creo que esta noche me quedaré aquí a llorar un poco.


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From: NeΪida Sent: 25/03/2014 03:57

73

 

—Bien. Nos quedaremos juntas. Pediremos un par de jarras de margarita y nos emborracharemos. Entonces, maldeciremos a todos los hombres.

—No creo que eso vaya a ser necesario, Janine. Esta noche no soy muy buena compañía. ¿Por qué no te vas tú a bailar y a relajarte? Te prometo que mañana por la noche saldremos juntas.

—¿Estás segura? Si quieres compañía, yo me quedo contigo. Podríamos… —Vete y diviértete.

Por mucho que quisiera a Janine, Caitlyn quería estar sola. Ahogar sus miserias y lamerse las heridas.

—Está bien. Si estás segura de que eso es lo que quieres.

—Segurísima.

—Pero mañana por la noche salimos juntas.

—Sí.

—De acuerdo, pero sólo te pido que no llores más por ese idiota. No se merece ni una lágrima, Caitlyn.

—Lo sé…

Sin embargo, cuando Janine hubo cerrado la puerta de la habitación a sus espaldas, Caitlyn se tumbó en la cama, se abrazó con fuerza a la almohada y se puso a llorar desesperadamente.


Reply  Message 6 of 6 on the subject 
From: NeΪida Sent: 25/03/2014 04:18
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