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Civilizaciones: LAS FUERZAS SAGRADAS DEL UNIVERSO MAYA
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De: ☼TäRA☼  (Mensaje original) Enviado: 19/06/2010 17:15
LAS FUERZAS SAGRADAS DEL UNIVERSO MAYA

Otros dos puntos parecen importantes en la cosmología maya: el más alto en el centro del cielo, el zenit, y el más bajo en el centro del inframundo, el nadir. Las dimensiones cósmicas serían pues en número de siete incluyendo en ellas la del centro del mundo.

En el pensamiento maya el espacio terrestre no se concibe sin el tiempo, y ambos están determinados por el ciclo solar. Por los cuatro sectores y los tres niveles cósmicos "caminaban" los cuatro "Portadores del año", como se les llamaba en el calendario ritual de 260 días, comunicando el movimiento ordenado al espacio e impregnando de sus influencias positivas o negativas a todos los seres.

Numerosos centros ceremoniales del Período Clásico expresan estas ideas cosmológicas, pero cada uno de los estratos cósmicos está simbolizado por la escultura de un monstruo reptil, que hemos llamado "dragón" ya que se trata de una criatura híbrida que presenta los rasgos de diversos animales sagrados, pero en los que predomina el carácter de serpiente. Este ser, como lo hemos dicho, es la divinidad suprema que rige todos los planos y niveles del universo.

En la simbólica religiosa, el cuadrado representa el mundo material, lo sólido, lo tangible, lo sensible; pero deriva de la cruz, cuyo número sagrado por excelencia no es el cuatro sino el cinco, número que resulta de la confluencia de las dos líneas de la cruz, el Centro del universo. Los cuatro lados están en relación con el centro o punto de intersección de los ejes de la cruz y no se puede considerarlos por separado. El es el centro común al cielo, a la tierra y al inframundo, ya que es el punto de unión y de comunicación de los diferentes espacios cósmicos. Asimismo, el centro no es solamente un punto, sino un eje que une los dos polos del cosmos. Por este eje, cordón umbilical del mundo, el Centro es el umbral donde puede efectuarse la ruptura de nivel, un salto hacia otro mundo.

Los símbolos mayas de toda esta visión del cosmos, cuaternidad y quinta dirección, son múltiples. Primero tenemos el glifo del Sol, una flor de cuatro pétalos , que rige el tiempo y determina la división del espacio. Otro glifo, que representa geométricamente el cosmos cuádruple con su centro, es el quinconce .Uno de los símbolos mayas más notables de la cuaternidad cósmica y del axis mundi es la cruz que se encuentra en numerosas obras clásicas, en Palenque en la losa del Templo de las Inscripciones ( Palenque), de la Cruz y de la Cruz Foliada , así como en los dinteles de Yaxchilán. En los dos primeros templos, la cruz está formada por un cuerpo de dragón celeste que se apoya sobre una máscara de dragón terrestre y se remata arriba con el pájaro-serpiente, que es una variante de la deidad del cielo; en el Templo de la Cruz Foliada, el árbol cósmico es una planta de maíz en forma de cruz, sobre la cual reposa una máscara del dios solar en forma de dragón celeste, en la cima del eje vertical se halla el pájaro-serpiente. En estas obras se encuentran reunidos simultáneamente los cuatro lugares, los tres niveles cósmicos y el axis mundi.





En los dinteles de Yaxchilán, los gobernadores llevan cetros en forma de cruz adornada de flores en la rama horizontal, y de un quetzal cabeza abajo en la parte superior, que simboliza la divinidad celeste en lo alto del axis mundi.
Pero en el mundo maya la cuaternidad no es solamente terrestre, abraza también el mundo celeste y el inframundo; los mitos hablan de cuatro regiones del cielo, que serían las cuatro caras de la pirámide celeste, las cuales llevan los colores terrestres; los mitos recogen también las cuatro regiones del mundo inferior, incluyendo en ellas al dios supremo celeste Itzamná que es a la vez uno y cuatro, y los cuatro colores cósmicos, que son los del maíz: negro, blanco, rojo y amarillo.

La pirámide es uno de los símbolos universales de la cuaternidad cósmica y del centro del mundo. Representa la montaña, y es una figura perfecta: un volumen orientado hacia el vértice superior al cual tiende, allí donde termina en unidad. Ella significa así la totalidad. Está limitada por caras antagónicas que materializan las oposiciones cósmicas. Reposa sobre una base cuadrangular, pegada a la tierra, con la cual se identifica, mientras que su punta representa el nivel celeste.

En el pensamiento maya, la pirámide celeste simboliza la ascensión progresiva desde la multiplicidad terrestre hasta la unidad, representada por la cima, y donde reside el dios supremo Itzamná, "El Dragón", principio vital del cosmos. La pirámide celeste simboliza así la divinización progresiva del cosmos. Ese punto supremo es el del Sol, pues corresponde al zenit, por lo cual el Dragón y el Sol se identifican.

La pirámide invertida del mundo inferior significa el descenso desde el nivel terrestre cuadrangular, asiento de la multiplicidad y del cambio, hasta la unidad sagrada de la muerte, fin de la temporalidad y de lo terrestre. Aquí, en el estrato más bajo del inframundo, reside el dios de la muerte, complemento dialéctico del dios supremo celeste. La divinidad de la muerte se identifica también con el Sol en su nadir, el Sol muerto.

Los vértices de las pirámides cosmológicas simbolizan los dos principios sagrados opuestos, representación de las dos posiciones extremas del sol, zenit y nadir, que simbolizan la vida y la muerte, rigiendo el equilibrio del cosmos, y cuya alternancia permite la existencia sobre la tierra.

Estos símbolos mesoamericanos son universales: la pirámide, o triángulo con la punta en alto, es la montaña, la subida al cielo, mientras que la pirámide invertida es el símbolo de la caverna, la entrada hacia el otro mundo; así, la primera es principio masculino y activo mientras que la segunda es femenina y pasiva;para los Mayas, el otro mundo es el vientre de la tierra-madre, en tanto que guardián de las semillas y los tesoros, al lado de los muertos, que pueden ser el origen de una vida nueva.

Así, en el pensamiento maya la cuaternidad se extiende a lo celeste y al inframundo unificándolos. La unidad de los principios sagrados opuestos es la culminación de una espiritualización progresiva, de un abandono gradual de la materialidad del nivel terrestre, hacia la vida y hacia la muerte.

En este pensamiento reside la inigualable consciencia de la unidad cósmica: la tierra, el cielo y el mundo inferior son realidades distintas, pero participan en lo sagrado, compartiendo una estructura en la cual la cruz, el cuadrado, el triángulo y la esfera coexisten, es decir, que el espacio y el tiempo constituyen una unidad.

Las ideas cosmológicas y los conocimientos astronómicos determinaron la ordenación de los espacios sagrados en la tierra: los centros ceremoniales. Los templos fueron construidos orientados hacia las direcciones astrales, principalmente hacia los puntos notables de los equinoccios y de los solsticios; ellos estaban dispuestos sobre bases piramidales, donde solamente los sacerdotes podían acceder, mientras que el pueblo permanecía en las plazas durante las ceremonias religiosas.

Esto para expresar que subir a la pirámide, que representa la montaña sagrada cósmica, significa acceder a la región celeste con el fin de comunicar con lo sagrado; el sacerdote, llegado a la terraza superior del templo, realizaba una ruptura de nivel: trascendiendo el espacio de los hombres, penetraba el de los dioses.

La arquitectónica y la escultura reflejan la cosmología maya, y confirman que las ideas expresadas en los mitos estaban presentes en el Clásico. No mencionaremos más que algunos ejemplos.



La fachada del Templo 22 de la ciudad de Copán, en Honduras , está adornada con un extraordinario alto-relieve que representa los tres niveles verticales del cosmos: en la base del templo, debajo de la entrada, un friso de cráneos enmarcado por dos máscaras de la divinidad de la muerte simboliza el mundo inferior. Encima de ellos, dos figuras humanas medio arrodilladas parecen representar a los Bacabes, divinidades situadas en los cuatro lugares cósmicos sosteniendo el cielo, que simbolizan el nivel terrestre. Ellas llevan sobre sus espaldas una gran serpiente bicéfala, representación del dragón celeste.

Uno de los mejores ejemplos clásicos de la arquitectura cosmológica mesoamericana se encuentra en Palenque (situado en el actual estado de Chiapas).Aquí encontramos una pirámide de nueve niveles que simboliza el otro mundo (aunque no sea invertida) y otra de trece niveles que representa el cielo, lo que prueba que la estructura cósmica se concebía en forma piramidal.



La pirámide del inframundo, denominada Templo de las Inscripciones , encierra la tumba y la escultura de Pacal, situadas en el punto central más profundo, símbolo del décimo estrato del otro mundo, puesto que está bajo el nivel de la plaza; se accede a la tumba descendiendo de lo más alto de la pirámide hacia su centro, hacia el inframundo, por los nueve estratos, a partir del nivel terrestre, que la mayoría de los espíritus inmortales de los hombres debían recorrer después de su muerte.

En la ciudad de Dzibanché, Campeche, hay un templo, llamado Templo del Búho, que fue igualmente concebido para ser un monumento funerario; encierra diferentes cámaras mortuorias y una sepultura principal, que no ha sido nunca excavada, situadas justo encima de la plaza. El acceso se hace desde lo alto de la pirámide, como en la tumba de Pacal en Palenque, pero el basamento, en lugar de tener nueve cuerpos no tiene más que cuatro. Thompson decía que la pirámide del inframundo estaba formada de cuatro escaleras por un lado, de cuatro por el otro, y que la escalera inferior llevaba el número nueve. Para él, ese basamento representa quizás, como en Palenque, la estructura del mundo inferior, de donde viene el espíritu de la muerte.

La pirámide celeste de Palenque es el Templo de la Cruz , que consideramos como el mejor ejemplo de representación arquitectónica del cielo puesto que está construido sobre un basamento de trece niveles, que tiene en su cima un recinto dedicado al dios celeste supremo Itzamná, "El Dragón", llamado aquí dios G1. Además este templo está situado al lado de otros dos, el Templo de la Cruz Foliada y el Templo del Sol , con los que forma un triángulo. Los tres templos, situados respectivamente al norte, al este y al oeste de una plaza (abajo), simbolizan el ciclo sagrado de la cultura del maíz y los ciclos anuales y diurnos del sol, asociándose con las direcciones cósmicas, los equinoccios y los solsticios; simbolizan también los ritos iniciáticos de los gobernantes. Los tres templos son la expresión plástica de los conceptos de tiempo y espacio de los Mayas.




El gran señor enterrado en el Templo de las Inscripciones está representado en una piedra monolítica esculpida que recubre su sarcófago y que simboliza también el espacio temporal. La figura del gobernador, en el centro, es el símbolo del nivel terrestre; sobre ésta se eleva una cruz formada de serpientes bicéfalas, representación del dios Itzamná, que simboliza el cielo y el axis mundi, y debajo está representada la región del inframundo con imágenes de huesos y la máscara descarnada del dios de la muerte. La escena cosmológica está bordeada por un friso de signos astronómicos, que muestran el predominio del cielo, el carácter temporal del universo y la unidad cósmica.



LOS DIOSES
Aquellos a quienes podemos llamar dioses en la religión maya son la representación de seres sobrenaturales formados por trazos muy estilizados de diversos animales y de elementos vegetales que se combinan a veces con formas humanas. Para ver el significado de estos seres fantásticos, podemos referirnos a las figuras similares contenidas en los códices antiguos que pertenecen al período Postclásico, y a los textos coloniales españoles e indígenas; estos describen el carácter y las manifestaciones de los seres sagrados, y dan sus nombres, cuyos significados nos permiten profundizar las características.

De fuente escrita sabemos que los dioses fueron concebidos por los Mayas como energías invisibles e impalpables que se manifiestan a través de diversos seres de la naturaleza; los astros, la lluvia, el relámpago; los animales poderosos como la serpiente, el jaguar, los pájaros, los murciélagos; los vegetales como el maíz, las plantas y los hongos alucinógenos; los minerales como el cuarzo. Igualmente los espíritus de los hombres superiores eran deificados al morir.

Además de estos seres naturales, las manifestaciones de los dioses, a través de sus representaciones hechas por los hombres, encarnaban muy frecuentemente, durante los ritos, las energías sagradas, para recibir las ofrendas de los hombres.

Entre los autores del siglo XVI, Fray Diego de Landa nos confirma el carácter etéreo de los dioses, cuando dice:

"Ellos sabían bien que los ídolos eran sus propias obras, muertas y sin divinidad, pero los consideraban con reverencia por lo que representaban, y por que los habían creado con muchas ceremonias, especialmente las del bastón."
Los dioses mayas son superiores a los hombres y capaces de crear, pero tienen otra característica, son concebidos como seres imperfectos que nacen y mueren y deben ser alimentados para sobrevivir. Esta idea está claramente expresada en los mitos cosmogónicos, en los ritos y las inscripciones jeroglíficas del período Clásico, como la de Palenque, donde está registrado el nacimiento de ciertos dioses, según las interpretaciones epigráficas.
Cada uno de los seres sagrados aparece bajo formas diversas y múltiples nombres, de acuerdo con sus atribuciones y, sobre todo, con la temporalidad. Para el Maya no existe ser estático, todo está en perpetuo movimiento y cambio. Así, los dioses, y con ellos su influencia, son diferentes en cada período. Por ello, el mismo dios puede ser celeste o terrestre, benéfico o maléfico, masculino o femenino, energía de vida o energía de muerte. De hecho los dioses pueden ser uno o varios a la vez; se multiplicaron en cuatro cuando abrazaron los cuatro lugares del cosmos, en trece para la divinidad del cielo llamada en Yucatán Oxlahuntikú, "Decimotercera divinidad", y en nueve para la divinidad del inframundo, Bolontikú, "Novena divinidad".

Esto llevó a representaciones plásticas muy diversas de cada uno de ellos, en estilos artísticos diferentes propios de cada región, lo que hizo muy difícil el estudio de los dioses mayas. A pesar de todo se puede identificar las divinidades por ciertos elementos simbólicos constantes en toda el área maya y en todas las épocas.

Subrayaremos aquí, sintetizando sus trazos esenciales, las principales divinidades de los Mayas clásicos, identificadas por sus nombres quichés y mayas del Yucatán sacados de fuentes escritas, así como por las letras (alfabéticas) que se les ha atribuido a partir de la clasificación, establecida por Schellas, de los dioses citados en los códices. Los dioses del Postclásico citados en los escritos coloniales nos permiten identificar y conocer mejor los del Clásico, pues aunque su representación sea diferente, conservan los mismos elementos simbólicos. Es por lo que hemos elegido utilizar esos nombres.

A partir de diferentes investigaciones sobre los Mayas, se han dado diversas interpretaciones sobre los dioses mayas. Muchas de éstas coinciden, otras no. Hemos elegido aquellas que se apoyan en el análisis comparativo de diferentes fuentes escritas; y entre los escritos indígenas hemos tenido en cuenta, no solamente el Popol Vuh de los Quichés, sino también otros textos en esta lengua, textos cakchiqueles, versión española de textos escritos originalmente en una lengua maya, y de fuentes mayas de Yucatán como los libros del Chilam Balam.

El Dragón
En la mayor parte de las figuras clásicas de las divinidades encontramos a la serpiente, y las representaciones de las serpientes estilizadas predominan en el arte maya, lo que prueba que el ofidio fue un símbolo esencial de lo sagrado. Un análisis del significado simbólico de la serpiente entre los Mayas nos ha permitido comprender que, ya sea transformada en dragón, ya sea enriquecida con elementos de otros animales poderosos, simboliza un poder sagrado universal, fuerza vital, principio generador del universo, ligado al sol, al agua, a la tierra, a la sangre, a la semilla y al maíz, elementos que se presentan bajo diferentes formas de divinidades o manifestaciones del principio sagrado supremo.

El dragón es principalmente la combinación del pájaro y de la serpiente; los Mayas han creado un pájaro y una serpiente excepcionales: el quetzal (k’uk’ en maya del Yucatán, kekchí, tzeltal, en otras lenguas; guc en quiché y cakchiquel), y el crótalo (ahau can, tzabcan, zochch y cumatz), a los cuales han atribuido los rasgos y las cualidades de otros animales sagrados, como el jaguar, el lagarto, el cocodrilo y el ciervo, para crear el dragón símbolo supremo de lo sagrado.

Así, el dragón integra la fuerza vital de la tierra (serpiente y ciervo), el útero de la tierra madre, o el inframundo (jaguar), las aguas (lagarto y cocodrilo), y el cielo (pájaro).

El dragón es así un ser múltiple y polivalente; es la figura sagrada por excelencia en las obras plásticas mayas del período Clásico; gracias a ciertas descripciones de divinidades en los textos coloniales que concuerdan con los elementos simbólicos de las obras plásticas, así como con las ilustraciones de los códices antiguos, conocemos los nombres que le dieron los Mayas de Yucatán: Itzamná, "El dragón", en su aspecto celeste; Itzám Cab Ain, "Dragón cocodrilo terrestre" o Chac Mumul Ain, "Gran cocodrilo fangoso", en su aspecto terrestre e infraterrestre. Se le llama Canhel, "Dragón", en su función de divinidad creadora en los mitos cosmogónicos, correspondiendo al Gucumatz "Serpiente-quetzal", del Popol Vuh de los Quichés.

Otras divinidades aparecen bajo aspectos o derivaciones del dragón, por su carácter de serpiente y su vínculo estrecho con él: Chicchan, dios H, "Serpiente mordedora", símbolo del cielo nocturno, Kinich Ahau, dios G, "Señor del ojo solar", Chaac, dios B, dios del agua, y Bolón Dz’acab, dios K, "Nueve generaciones", que simboliza los aspectos humanos de la fertilidad sagrada, como la sangre y el semen, y que está ligado al maíz.



El dragón celeste: Itzamná, dios D

El dragón celeste resulta principalmente de la combinación de atributos de la serpiente y del pájaro. Representado bajo forma de dragón bicéfalo, serpiente con plumas, serpiente alada y pájaro-serpiente, el dragón celeste aparece en todas las obras plásticas de todas las regiones del área maya, durante todo el período prehispánico.

Encontramos al dragón bicéfalo en los altares G y en el altar O de Copán; en estas obras, el cuerpo de la serpiente con plumas está esquematizado y lleva los símbolos del agua; tiene patas de lagarto o garras de jaguar; de las fauces abiertas de sus dos cabezas de serpiente emergen figuras antropomórficas de dioses. En el altar O vemos dos representaciones: por un lado el dragón bicéfalo con garras de jaguar y por el otro, la serpiente con plumas con la misma cabeza que la del dragón, lo que prueba que se trata de la misma divinidad. Igualmente, en Chacchoben, Quintana Roo, se ha encontrado una cerámica en forma de dragón bicéfalo, Itzamná, con rasgos humanos saliendo de las fauces del dragón. En Yaxchilán, Palenque, Piedras Negras, Tikal, Copán y Uxmal, el dragón está representado como una serpiente con plumas, lo más a menudo bicéfala, con cabezas muy estilizadas, fauces abiertas, como en el dintel 3 del Templo IV de Tikal , en la estela D de Copán y 13), en las piedras del Templo de la Cruz y del Templo de las Inscripciones de Palenque

Hemos encontrado también dragones alados, como los que aparecen sobre los peinados del gobernador Pacal y de su esposa Ahpo Hel en el panel de las Esclavas y en una greca en estuco del Palacio de Palenque.

El dragón celeste puede estar representado también bajo forma de máscara, a veces descarnada, que lleva en la frente el glifo del Sol con el "símbolo tríada" constituido por una cruz de San Andrés, uno de los glifos del cielo, por una caracola símbolo del origen, y por una espina para el autosacrificio que evoca la sangre. Estos elementos, como los "náuticos" (círculos de jade), muestran que el monstruo celeste simboliza la energía fecunda del cielo; pero el hecho de que la máscara sea descarnada revela también su vínculo con la tierra y el inframundo; el conjunto de los atributos hace alusión a la dualidad del dragón símbolo de vida y de muerte; el glifo del Sol en la frente de la máscara revela que el astro es uno de los aspectos del dragón. Así el panel del Templo de la Cruz en Palenque representa esa máscara con un friso de signos astrológicos indicando el carácter celeste de la divinidad. Encontramos también en los códices un dragón cuyo cuerpo es una "banda planetaria", lo que prueba que la gran serpiente del cielo fue identificada con la Vía Láctea.

El altar 41 de Copán representa al dragón bicéfalo como una especie de lagarto con cuatro patas y dos cabezas de serpiente; una de ellas lleva "el símbolo triádico", lo que confirma que la máscara del Templo de la Cruz de Palenque, así como todas las otras que llevan este símbolo, representan también al dragón celeste; de las fauces de la otra cabeza emerge el dios del maíz.

Otra imagen sagrada identificada con el dragón celeste es el pájaro-serpiente. A diferencia de las serpientes con plumas, en el pájaro-serpiente predomina el aspecto del pájaro: es un pájaro con cabezas de serpiente estilizadas en las alas y a veces la cabeza del dios K con rasgos de serpiente. Esta representación aparece, bajo diversas formas y en diferentes contextos, frecuentemente ligada al dragón bicéfalo y a la serpiente con plumas, o bajo un aspecto humano.
Se encuentra al pájaro-serpiente, con la cabeza del dios K, Bolón Dz’acab, otro aspecto del dragón, en el gran panel de estuco de Toniná y en los paneles de Palenque. En los dos casos, el pájaro está de perfil pero hay otros donde se le ve de frente, con las alas desplegadas y decoradas con cabezas de serpientes. Se ha encontrado esto en incensarios recientemente descubiertos en Palenque .
A menudo el pájaro-serpiente se encuentra sobre el dragón serpiente, como en el dintel 3 del Templo IV de Tikal (encima del gobernador, en el centro, hay una gran serpiente con plumas bicéfala, con círculos de "jade-agua-plumas" en el cuerpo; de una de sus cabezas surge el dios K, situado sobre esta cabeza, se encuentra el pájaro-serpiente de frente y las alas extendidas; lleva un peinado tipo orejeras, así como una cola de serpiente, las alas llevan una decoración de bandas cruzadas que son el signo de la divinidad celeste.

Esta misma representación de Itzamná, pero en un estilo muy diferente, se encuentra en el edificio Este del "Cuadrángulo de las Monjas" en Uxmal, sobre un motivo trapezoidal formado de serpientes bicéfalas y con el pájaro-serpiente de frente.
El relieve de estuco de la casa E del Palacio de Palenque es otro ejemplo de esto. El cuerpo del dragón bicéfalo, que es una banda astral, posee en su centro el pájaro-serpiente con la cabeza de frente y las alas desplegadas adornadas de una cabeza de serpiente. Este dragón bicéfalo es una expresión muy clara de la dualidad vida-muerte, cielo-inframundo, puesto que una de sus cabezas escupe agua hacia abajo (como el famoso dragón de la página 74 del códice de Dresde), mientras que la otra, descarnada, mira hacia lo alto.
Entre las principales representaciones del dragón como axis mundi identificado simultáneamente con el pájaro-serpiente y el dios K, describiremos las más conocidas, las de Palenque.

La piedra tumbal del Templo de las Inscripciones lleva una cruz axis mundi, que es el mismo Itzamná. En efecto su eje horizontal es una serpiente bicéfala con mandíbulas de granos de jade (que simbolizan el agua y las plumas); el eje vertical se termina en otra cabeza de serpiente, y lleva enlazada un ofidio bicéfalo con un cuerpo flexible de granos de jade, y de su boca emerge el dios K. En la cima está posado un pájaro-serpiente con la cabeza del dios K, que tiene en su pico una pleita de palmas, signo del poder humano, una alusión al gobernador sagrado. Sobre el peinado del pájaro-serpiente, y debajo de la cola y la cabeza, vemos el signo Yax (azul-verde, agua), asociado a la divinidad celeste.

El motivo central del panel del Templo de la Cruz de Palenque representa el dragón bajo cuatro formas diferentes; en la parte inferior el dragón cuyo cuerpo es un friso de signos astrales como lo hemos descrito más arriba; arriba se eleva un árbol-cruz-serpiente cuya rama horizontal es una serpiente bicéfala, sobre la cual hay otra serpiente bicéfala de cuerpo articulado formado por los grabados Yax; la rama vertical culmina con el pájaro-serpiente, prácticamente idéntico al del Templo de las Inscripciones.

Kinich Ahau, Dios G.

Esta divinidad es tan parecida al dragón celeste que podría efectivamente ser uno de sus aspectos: se trata del Sol que, en Yucatán, era llamado Kinich Ahau, "Señor Ojo Solar", e Itzamná Kinich Ahau, "Señor Ojo Solar del Dragón". En las representaciones clásicas, el dios solar tiene grandes ojos cuadrangulares y estrábicos, el diente limado o la lengua fuera, un ganchillo enrrollado en la comisura de la boca y, a veces, una especie de 8 en la frente, que es el cuerpo de una serpiente.

En ciertas imágenes, en los incensarios de tierra de Palenque por ejemplo, lleva máscaras y un pájaro-serpiente sobre el peinado , lo que establece su relación con el dragón celeste; se puede encontrar también en la parte baja de las imágenes las máscaras del dragón terrestre.

Otro vínculo entre Itzamná y Kinich Ahau es evidente: en efecto el glifo de éste está grabado bajo el símbolo de la tríada que se encuentra en la cabeza del dragón celeste, como decíamos más arriba, lo cual refuerza la semejanza de las dos divinidades. Además el dios solar está en relación con el dragón terrestre, todas las mañanas emerge de su boca abierta para volver todas las tardes. Esto está ilustrado en ciertas obras clásicas; por ejemplo en Tonina se ha encontrado al nivel del suelo, una gran máscara del dragón terrestre que tiene en la boca una esfera, sin ninguna duda un símbolo solar .
Las manifestaciones animales del dios solar son el ciervo, el jaguar, el colibrí, el águila y el guacamayo. En Yucatán a éste se le llama Kinich Kakmoo, "El guacamayo - de - fuego - del - ojo - solar", y se decía que el Sol, encarnado en este pájaro, bajaba a recibir las ofrendas de los hombres en Izamal. En el terreno de juego de Copán los marcadores tienen la forma de cabeza de guacamayo , lo que prueba que desde el Período Clásico el guacamayo está asociado al Sol, puesto que este juego posee un símbolo astral.


En Quintana Roo se ha hallado recientemente una gran acrópolis que puede formar parte de la vecina ciudad de Dzibanché; se la ha llamado Kinichná, "Casa del Sol", a causa de las esculturas de la divinidad solar, quizás estaba dedicada al culto solar.
Muy cerca de esta ciudad, y en el mismo estilo, se encuentra Kohunlich, cuyo templo principal está igualmente dedicado al dios solar; grandes máscaras de la divinidad adornan los lados de la pequeña escalera de la pirámide. Las máscaras llevan todos los signos distintivos simbólicos del dios solar, y varias de ellas tienen el glifo Chuen en los ojos, glifo ligado en muchos otros contextos con la divinidad solar. El glifo Chuen significa "mono, artesano, creador", y se identifica con el Sol, no solamente porque es una divinidad astral – el hermano del Sol en el Popol Vuh – sino también porque ambos están asociados a la creación artística. A veces la cabeza de un mono reemplaza a la del dios solar como el signo Kin, indicando su mutua relación. Los Mayas veían al Sol, entre otros, como el patrono del canto y de la música, de aquí su relación con el mono tan claramente expresada en las máscaras del Templo principal de Kohunlich. Bajo éstas se encuentra una máscara del dragón terrestre idéntica a las de ciertos incensarios de Palenque.
El Sol fue la divinidad principal para generar la temporalidad: su ciclo, tanto diario como anual determina el movimiento, la sucesión de los días y de las noches, las cuatro regiones del universo, las cuatro estaciones. Por ello, es el maestro de la cifra cuatro y su glifo es una flor de cuatro pétalos . Su ciclo le da un carácter ambivalente; cuando recorre el cielo es luz, vida, día, orden, bien; es decir un aspecto benéfico y vital. Pero cuando entra en el inframundo en el crepúsculo, se vuelve energía de muerte, transmutado en jaguar. Estas ideas están ilustradas, entre otros, en el panel del Templo del Sol de Palenqueel motivo central es una máscara del dios solar en forma de escudo con flechas cruzadas simbolizando los rayos; lleva la serpiente en forma de 8 en la frente, orejas de jaguar, ojos de serpiente con pupilas en forma de volutala lengua fuera, el diente afilado y un ganchillo de serpiente enrollado en la comisura de la boca. Debajo del escudo solar se encuentra una serpiente bicéfala (Itzamná, el dragón celeste), en su centro hay una cabeza de jaguar vista de frente. Este jaguar es el mismo Sol que desciende hacia el inframundo en el equinoccio de primavera, asociado a la dirección del oeste que es la de la puesta del sol, y que corresponde con la situación del templo en la plaza. Algunos han llamado al dios patrón del templo, G III, que es precisamente el Sol bajo su aspecto jaguar, dios del inframundo, o dios de la muerte.

El ciclo solar guió la construcción de este templo y de otros templos principales de Palenque. Hartung dice:

La fachada del Templo del Sol da exactamente al sol naciente el día del solsticio de invierno, mientras que ese mismo día el astro ilumina al poniente una parte del Templo de la Cruz. Una línea que parte del Templo de la Cruz Foliada pasando por el centro del Templo del Sol, llega a un punto del Templo de las Inscripciones (su puerta central).
Chaac, dios B


El dios llamado Chaac en los textos coloniales, el más representado en los tres códices prehispánicos mayas, es mencionado como divinidad de los campos de maíz y como manifestación del agua, no solamente de la lluvia, sino también de los lagos, los ríos y los mares, y que por evaporación sube al cielo, se concentra en nubes y vuelve a descender transformado en lluvia.

Chaac, dios B, es otra divinidad antropomórfica derivada del dragón, representado sobre todo en los manuscritos del período Postclásico, pero lo encontramos esculpido en obras clásicas de la península de Yucatán, que pertenecen a los estilos Río Bec, Chenes y Puuc.

Está representado bajo la forma de una gran máscara geométrica hecha de mosaico de piedra, que decora una gran parte de los edificios de este estilo Las máscaras llevan claramente los trazos de la serpiente, y una larga "nariz" que puede levantarse o descender, decorada a veces con círculos acuáticos, que simbolizan la parte superior de la boca alargada de la serpiente. Algunas máscaras llevan plumas o plantas estilizadas, que podrían representar tanto a Chaac, como Itzamná o Bolón Dz’acab, dios ligado al maíz, puesto que los tres dioses son de carácter serpiente.


En el área central la lluvia, y el agua en general, está asociada al dragón celeste y terrestre, y por ello es difícil encontrar un dios equivalente a Chaac; pero quizás éste sea aquel al que se llama Monstruo Cauac, que consideramos como una representación del dragón terrestre ya que además de los glifos Cauac lleva elementos vegetales; puede que fuese una divinidad en relación con el agua terrestre.


El dragón terrestre: Itzám Cab Ain


En su relación con la tierra, el dragón simboliza tanto la superficie terrestre como el poder generador oculto de sus profundidades ya que está vinculado al dios de la muerte que habita aquí, y con el jaguar símbolo del Sol muerto del inframundo, y del cielo nocturno.




Durante el período Clásico está representado bajo la forma de una gran máscara, a veces descarnada, con símbolos vegetales y acuáticos; se llama Monstruo de la tierra y Monstruo Cauac, (glifo que simboliza el agua). Este dragón terrestre o Monstruo Cauac se encuentra en el altar de la estela M de Copán Está esculpido en el zoomorfo P de Quiriguá, como Monstruo de Cauac y como gran serpiente de la cual emerge un gobernador en el panel del Templo de la Cruz Foliada de Palenque la máscara aparece en la base del árbol axis mundi, con dos cabezas de serpientes emergiendo de la comisura de su boca, se le identifica con la divinidad solar; el descarnado rodeado de hojas de maíz y llevando el glifo Cauac forma el pedestal de uno de los gobernadores representados aquí.


Otra notable representación del dragón terrestre es la de Balamkú (Campeche), lugar recientemente descubierto; un friso con relieves de estuco, llamado "Casa de los cuatro reyes", contiene cuatro máscaras de dragón terrestre adornadas de elementos vegetales, de cada boca salen igualmente dos serpientes. El carácter terrestre de estas máscaras está confirmado por la presencia de reptiles con las bocas abiertas vueltas hacia arriba, de las cuales emergen cabezas de gobernadores.


Estas figuras de reptiles de Balamkú representan también al dragón terrestre; en efecto en muchas obras del área maya desde Izapa, así como en los textos coloniales, la tierra está simbolizada por un gran lagarto o un cocodrilo fantástico, cuyo nombre en Yucatán es Itzám Cab Ain, "El dragón-tierra-cocodrilo", y Chac Mumul Ain, "Gran cocodrilo cenagoso". En el Popol Vuh, encontramos el equivalente de este cocodrilo en el caimán que es aquí el símbolo de la tierra, Zipacná, creador de las montañas y de la tierra entera, hijo de Vucub Caquix, el Sol "imperfecto de la era anterior a la era actual".
Hay que señalar el dragón celeste en forma de cocodrilo del altar T de Copán la estela 25 de Izapa con el cocodrilo, que hemos descrito anteriormente, nos muestra la antigüedad del símbolo.

El dragón terrestre que se encuentra debajo del personaje de la piedra tumbal del Templo de las Inscripciones en Palenque es una máscara descarnada en el interior de una cavidad formada por huesos, imagen evidente de la muerte y del inframundo, pero lleva elementos vegetales y, en la frente, el glifo del sol y el símbolo de la tríada del dragón celeste, y en lugar del glifo de bandas cruzadas aparece el de la muerte. Esta imagen nos confirma que el dragón celeste y terrestre, que aquí es también infraterrestre, son una misma energía sagrada en todo el cosmos.







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Fuentes
Mercedes de la Garza
Traducción: Miguel A. Aguirre


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