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Con sus tardías escenas erotico mitólogicas el pintor se adaptó como dice una carta a los deseos de Felipe II. La vulgar codicia de la sirvienta hace destacar aún más la hermosura de la doncella. Este cuadro del que existen mil y más réplicas, es uno de los desnudos más bellos del arte veneciano desde el punto de vista píctorico.


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