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General: EL ESPÍRITU DE DIOS SOBRE Y DENTRO DE SU HIJO AMADO
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De: GOYOBRITO  (Mensaje original) Enviado: 19/06/2013 21:02

EL ESPÍRITU DE DIOS SOBRE Y DENTRO DE SU HIJO AMADO

La tierra fue hecha por el Altísimo, mucho antes de haberse movido su Divino Espíritu sobre las aguas, y luego de descubrir lo seco, hizo al hombre del polvo de la tierra, pero sin vida todavía (Gn. 1:1-2).

El hombre tuvo la vida, cuando el Altísimo la sopló sobre su nariz, y desde entonces ya no sólo había un ser humano hecho del polvo de la tierra, sino en su cuerpo contenía una porción espiritual, procedida del interior de Dios, es decir, de ese mismo Espíritu que se movió sobre las aguas, y mediante con su Verbo (Palabra), hizo el proceso de transformación de la tierra y la creación de todo cuanto dentro y fuera de ella existe (Gn. 2:7).

Indudablemente, siendo el hombre del polvo de la tierra y poseyendo una porción de dicho Espíritu, con el cual pudo ser un individuo viviente, sin embargo el Altísimo debió primero emitir su poderosa palabra; y en lo subsiguiente ligarlo a la necesidad del consumo de agua, para que así pudiera seguir existiendo. De aquí empero se desprenden cuatro componentes importantes: “Palabra, tierra, Espíritu y agua”, que vendrían a ser de suma importancia en los tiempos de Cristo, ya que cuando estuvo su cuerpo (tierra) en las aguas del Río Jordán y en presencia de Juan el Bautista, los cielos fueron abiertos y en forma corporal de paloma, el Espíritu de Dios hizo su asombroso movimiento, a la semejanza del principio, entre tanto se escuchó la voz de uno que hablaba desde los cielos diciendo: “Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia (3:16-17).” De modo que se pusieron de manifiesto, los cuatro componentes que se aprecian desde el principio: “Palabra, tierra, Espíritu y agua.”; pero ahora el cuerpo de Cristo, no tendría como tuvo Adán una porción del Santo Espíritu de Dios, sino este se movería estando sobre y dentro de él, de manera plena; y que conforme a Mt. 17:5 había de oírle, pues era el mismo Altísimo, quien en el principio habló (Palabra) y ahora estaba transfigurado en un cuerpo humano (tierra), a fin de tener el bautismo (agua) como principio primordial para el arrepentimiento de los pecados (Lc. 3:3-6; 3:21-22; y Hec. 2.38).



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