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General: EL CALIFICATIVO DE ALTíSIMO, EL NOMBRE IEUE Y SU NOMBRE IESUE
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Respuesta  Mensaje 1 de 1 en el tema 
De: GOYOBRITO  (Mensaje original) Enviado: 07/03/2022 00:25

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EL CALIFICATIVO DE ALTÍSIMO, SU NOMBRE ANTES Y DESPUÉS DE LA TORRE DE BABEL Y EL NOMBRE SOBRE TODO NOMBRE:

 

El calificativo de Altísimo, solo se le debe atribuir al único Elohim de los hebreos, y a ningún otro ser, ya que de lo contrario traería malas consecuencias. Tanto en el Antiguo Pacto como en el Nuevo Testamento, se hallan expresiones alusivas a El Altísimo, de las cuales se harán ciertos comentarios, a la medida en que se vayan articulando.  De igual modo, es respecto a su nombre, del cual se puede decir, que Génesis, primer libro de las Sagradas Escrituras atribuido por los judíos a Moisés, revela que mucho antes de la confusión de la única lengua que había en el mundo y de lo acontecido contra el Rey de Babilonia, los seres humanos tenían una comunión con El Altísimo, que comenzaron a invocar su Nombre, cuando nació Enós, quien fue engendrado por el tercer hijo varón de Adán y Eva, que se llamaba Set. Cuyo nombre no lo supo Jacob, nieto segundo de Abram por la parentela de Isaac, hasta llegado Moisés, quien cuando el Altísimo se lo reveló en el monte Horeb, se lo comunicó a los demás israelitas, para que así de haberlos librado de la esclavitud que tenían en Egipto, introducirlos en las tierras de Canaán, a fin de que en los últimos tiempos, con un propósito final:

 

“El Nombre sobre todo nombre, la salvación y bendición de todas las familias de la tierra y el reinado eterno”.

 

COMIENZOS DE ALUDIR EL NOMBRE Y EL CALIFICATIVO DE ALTÍSIMO:

 

Como ya se ha sabido, es que desde los días del nacimiento de Enós, procreado por Set, el tercer hijo de Adán y Eva, los humanos comenzaron a invocar el Nombre del Ser Divino (Gn. 4:26). Acerca de quien Abram con ocasión de adoración, se refirió a él con el calificativo de Altísimo, entre Bet-el y Hai, lugar donde un altar le había construido (Gn.13:3-4). Esa manera de referirse al Ser Divino con el calificativo de Altísimo, también fue aludida por el Sacerdote y Rey de Salem “Melquisedec”, cuando en el año décimo cuarto después del diluvio universal, al Patriarca Abram dijo:

 

“Bendito sea Abram del Elohei Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Altísimo que entregó tus adversarios en tu mano (Gn. 14:18-20)”.

 

Tal calificativo no solo le era expresado al Ser Divino por los seres humanos, porque los Ángeles caídos (Demonios), también estaban al tanto, ya que en el Evangelio Según San Lucas 8:28 se relata lo sucedido con el endemoniado en la Región de los gadarenos, quien al estar poseído por muchos demonios, se le arrodilló y preguntó con temor a Jesús de Nazaret, Diciendo: ¿Qué tienes conmigo Jesús hijo del Altísimo?

 

EL NOMBRE NO CONOCIDO POR ABRAM, ISAAC Y JACOB, PERO REVELADO A MOISÉS.

 

Además del calificativo de Altísimo u omnipotente que en el Ser Divino denota grandeza, majestad y poder, él quiso reservarse ciertas revelaciones, para cuándo y después de la existencia de su siervo Moisés, porque antecediendo con Abrahán, Isaac y Jacob, estos solamente lo conocieron como el Omnipotente, y no con su elevado nombre, que es ƎҒƎƵ “IEUE” (Éxodo 6:3). Tanto así, que ni aun de preguntárselo Jacob al varón que luchó con él en Peniel, donde él tuvo la convicción de que era Elohim, con quien habló cara a cara (Gn. 32:22-30).

 

Por lo que a razones de esas reservaciones, que llegado el momento oportuno, que  Moisés quien tampoco lo sabía lo llegó a conocer, cuando al Altísimo en el Monte Horeb, que en medio de la zarza ardiente se encontraba, se lo preguntó para que su pueblo lo supiera y presentarse así ante el Faraón, con el objeto de que dejara libre a los israelitas, y la respuesta que recibió del Eterno fue: ÍO SOY EL QUE SOY”; y aún añadió, diciendo: “Así dirás a los hijos de Israel: Ío soy, El que a Ustedes me ha Enviado…Este es mi nombre para siempre, con el que se me recordará por todos los siglos” (Éxodo. 3:14-15).

 

OTRAS NARRACIONES ACERCA DEL ALTÍSIMO EN EL ANTIGUO PACTO Y EN EL NUEVO TESTAMENTO. 

 

Aún hay narraciones, tanto en el Viejo Pacto como en el Nuevo Testamento en alusión a El Altísimo, que se hallan en los enumerados versículos, que se indican a continuación:

 

Ciencia del Altísimo” (Número. 24.16:).

El Altísimo dio su voz” (2ª de Samuel 22.14). Cantaré a tu nombre, oh altísimo (Slm. 9.2). Tú solo Altísimo sobre toda la tierra (Slm. 83.18). El Altísimo mismo la establecerá” (Slm. 87.5). El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente (Slm. 91:1).

 

Para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres (Dn. 4.17). Pero los santos del Altísimo recibirán el reino y poseerán el reino para siempre por los siglos de los siglos amén” (Dn 7.18).

    

Será llamado Hijo del Altísimo (Lc. 1.32:). El poder del Altísimo te cubrirá (Lc. 1.35:); Y tú niño, profeta del Altísimo serás llamado (Lc. 1.76); y seréis hijos del Altísimo (Lc. 6.35). El Altísimo no habita en templos hechos por mano” (Hch. 7.48).

 

CONFUSIÓN DE LA ÚNICA LENGUA QUE TENÍAN LOS HUMANOS.

 

El hecho mismo de que el Ser Divino es El Altísimo y no permitir bajo ninguna elevada circunstancia que ningún hombre procreado se haga de un nombre con el que en el mundo se le recuerde en la historia de la humanidad, trajo como resultado, que después del diluvio universal, cuando el pueblo era uno y de un solo lenguaje, le confundiera la lengua, porque los humanos estando viviendo en tierra de Sinar, que actualmente con el nombre de Seenar es una ciudad de Irak, y que antiguamente era Babilonia, acordaron hacer una torre, que su cúspide llegara hasta el cielo, y hacerse para sí un nombre con el que los recordaran al ser esparcidos en la faz de toda la tierra (Gn. 11:1-7).

 

SENTENCIA SOBRE EL REY DE BABILONIA.

 

La sentencia que conllevó a la caída del rey de Babilonia, es algo similar a lo que le ocurrió a los sinaritas en Sinar, porque como se puede observar en el libro de Génesis, estaban construyendo una torre que llegara hasta el cielo, en pro de una insinuación de grandeza, con el objeto de ellos estar en más altura que cualquier otro, o por encima de los demás; y por esto una denotada fama.

 

Tal sentencia fue emitida por el Altísimo, quien como el único ser que se haya por encima de todo cuanto tenga existencia humana o angelical, lo hizo en contra del Rey de Babilonia, cuando este se ensoberbeció y se llenó de orgullo. Cuya sentencia declaró mediante un proverbio, que expresa entre otras cosas: “¡Como caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tu que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas del omnipotente, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte. Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo (Isaías 14:12-13)”.

 

EL PROPÓSITO DE LA CONFUSIÓN DE LENGUA Y EL NOMBRE SOBRE TODO NOMBRE:

 

Como se recordará, que la lengua a voluntad de El Altísimo fue confundida en Sinar, porque los humanos al hacer una ciudad, pretendían edificar una torre que tuviera su cúspide llegada hasta el cielo, y hacerse para si un nombre en caso de que fueran esparcidos en la faz de toda la tierra (Gn. 11:1-7).

 

El propósito de confundirse la lengua para que se originaran varios idiomas, es que el Altísimo es el único digno de tener un nombre sobre todo nombre, con el que de la progenie de Abraham, él descendería en forma humana, como a la verdad descendió, para que en él fuesen benditas todas las familias de la tierra.

 

Nombre ese que a tales efectos, es IESUE de Nazaret, porque así se constituyó en el Salvador Enviado, para salvar a su pueblo de sus pecados, y porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres, en el que podamos ser salvos (Mt. 1.21; y Hch. 4:12). Por lo que a diferencia del nombre con el que el Altísimo inicialmente se dio a conocer, para que así lo recordaran por siempre, es el Nombre sobre todo nombre, que el Apóstol Pablo con respecto a la obediencia del Mesías hasta la muerte y muerte de cruz, dijo en una de sus cartas:

 

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de IESUE (Jesús) se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Ef.2:9-11).

 

Finalmente, que por haberse ya transmitido la noción de no solo la cualidad de El Altísimo, sino también de su Nombre IEUE con el que antes de la torre de Babel se dio a conocer, es necesario que ahora se deba entender, que si de esa manera no lo conoció el patriarca Abraham, ni Isaac ni Jacob, pero revelado a su siervo Moisés, es porque ya había de esperarse, que al prefijar así un precedente en el Monte Horeb, desde la zarza que ardía en fuego y no se consumía, sería para que en un futuro lejano, lo conocieran con un Nombre sobre todo nombre, pues, en vez de enviar a otro que lo diera a conocer para librar a los cautivos de la descendencia de Israel, el mismo como el enviado Salvador se presentaría en su forma de Mesías, para decirle a la descendencia adánica:

 

I- Ío soy

 

E-El

 

S- Salvador que a

 

U- Ustedes me ha

 

E- Enviado

 

Único Nombre ese que del Mesías fue dado a los hombres para ser salvos, y con el cual han sido benditas todas las familias de la tierra (Hch. 4:12; y Gn. 22:18). Mesías mediante el Altísimo, que es IEUE de los ejércitos, ha de reinar durante mil años para luego en su forma de Espíritu Divino hacerlo eternamente. Por lo que en este sentido se ha tener en cuenta, que el mismo asumió la personificación del Enviado para hacer presente, a fin de que ahora ya no librar a su pueblo del poder del faraón de Egipto, sino de la ley del pecado y de la muerte (Ro. 8:22). Para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, con el objeto de la vida eterna que le ha de dar a todos sus escogidos, quienes bajo su reinado eterno han de morar en la Nueva Jerusalén (Heb. 2:14; y Ap. 21:1-5).



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