Jesús dijo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Juan 6:47 |
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Creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos. Hechos 15:11 |
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Parábola de la gran cena (Lucas 14:15-24)
Las excusas (3) Nótese que lo que impedía a los invitados aceptar la invitación no eran cosas malas, sino ocupaciones totalmente legítimas: el trabajo, la vida familiar… Además, presentaron sus excusas con cortesía. Los fariseos a quienes Jesús hablaba eran personas muy religiosas y a veces lo trataban con cierto respeto. Eran los mejores representantes del pueblo de Israel, el primer y gran invitado al reino de Dios. Actualmente, podríamos decir que los habitantes de los países que fueron evangelizados desde el comienzo de nuestra era, figuran entre esos invitados privilegiados. Desgraciadamente son muchos quienes responden con una amable indiferencia: «No puedo, discúlpame, por favor». «Me parece muy bien, muchas gracias, pero no tengo tiempo, lo siento…». ¡Cuántas veces escuchamos frases de este tipo, y siempre se encuentra un pretexto para no ir! Sin embargo, el llamado de Dios no es una invitación a adherirse a un grupo religioso o a una secta. Es un llamado a ir a él, a su cena, a donde él vive. A menudo, desgraciadamente, la verdadera razón es que los intereses personales y las múltiples actividades ocupan el corazón y el pensamiento, ocultando así las necesidades del alma. En el fondo la naturaleza humana no ama a Dios, y Satanás la desvía por medio de cosas que, aunque aparentemente sean serias, no son más que futilidades pasajeras. (Mañana continuará).
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