Jesús dijo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Juan 6:47 |
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Creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos. Hechos 15:11 |
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Parábola de la gran cena (Lucas 14:15-24)
Los indignos (4) Supongamos que somos invitados a la mesa de un gran personaje. Seguramente nos sentiríamos muy honrados por tal invitación, y ello merecería un cambio en nuestro horario. Ahora bien, en el asunto que estamos tratando, ¡es el Señor del universo quien nos hace esta invitación! ¿Nos atreveríamos a rechazarla? El banquete está listo; el padre de familia quiere tener invitados; y si los primeros no quisieron venir, otros los sustituirán. Cuando los hombres religiosos más importantes rechazaron a Jesús, esta gracia alcanzó a los miserables, a los menospreciados de todos los rincones de Israel. Así ocurre en el mundo cristianizado. Muchos están satisfechos con sus privilegios, con las actividades y los placeres que el mundo les ofrece, con su posición social. Éstos, muy a menudo, desprecian la felicidad del cielo que Dios les ofrece. Otros confían en su inteligencia, se colocan por encima de Dios y lo juzgan, despreciando así las verdades fundamentales de la salvación. El Evangelio es anunciado a todos. La gracia triunfa en el llamado a los heridos por la vida, los marginados, los ciegos y los cojos en el sentido propio o en el espiritual. Éstos no poseen ningún campo para ir a ver, no tienen que probar un par de bueyes, y a menudo están privados de las satisfacciones más legítimas de la tierra. ¡Que haya muchos “siervos” fieles para ir a buscarlos y “traerlos”! (Mañana continuará).
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