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Réponse  Message 1 de 2 de ce thème 
De: 2158Fenice  (message original) Envoyé: 08/02/2026 06:27
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“MEDIDOR DE ANTIGüEDAD”

Por: Miguel Ángel Giordano (Escritoriador y Difusor Cultural).

Hay hechos, cosas, elementos, etc., que delatan nuestra edad. Que nos miden.
Somos de la “Generación de los Antiguos”.

Aquellos que nacíamos en los consultorios de la partera del barrio o, también, en la catrera de un oscuro cuarto del “llotivenco”.
Yo no me avergüenzo para nada de pertenecer a esta generación, una generación que se tuvo que bancar todos los innumerables cambios de la sociedad y a los cuales jamás pudimos acostumbrarnos, porque cuando ya “le agarrábamos la mano” a los tiempos, cambiaban todo de nuevo y vuelta a empezar.
Sí, claro, estos tiempos con las nuevas tecnologías y los adelantos de todo tipo han mejorado la calidad de vida, pero, en algunos casos, todavía son mejores aquellas cosas que nos han hecho crecer, ser felices y llegar hasta hoy.
Nosotros, los “Antiguos”, fuimos amamantados a teta pura de madre cojuda y, después, con mamaderas de vidrio.
Usábamos pañales de tela que la vieja tenía que lavar todos los días y minga de “Pampers”. Y si se te irritaba el culo, meta óleo calcáreo y a otra cosa.
En la mesa, se comía lo que había y si no te gustaba, no te preocupes, la “mamma” te retiraba el plato y a la noche te lo daba de nuevo. Lo comías o te cagabas de hambre. Y nadie se murió por eso.
Mi viejo solo una vez me dio un cachetazo. Fue porque le contesté muy fulero y la ligué lindo. No recuerdo ni una de las “salipas” que me dio mi madre (todas justificadas, seguro), pero el sopapo de mi padre me duele hasta hoy.
Mi madre era la que no dormía esperando que yo llegue a casa. Eran tiempos muy seguros, y uno, en la lleca, se portaba bien, no me metía en ninguna cosa rara, pero la vieja recién se dormía cuando escuchaba que yo abría la puerta de casa.
Mi padre, más reflexivo y filósofo, le decía: “Dormite, que no le va a pasar nada. Sabe cuidarse”. Y se dormía como un plomo.
Si me agarraba hipo, mi madre me ponía un hilito rojo, o un pedacito de papel en la frente con saliva o me hacía levantar los brazos. Mi viejo, siempre sabio, decía: “Dejalo, ya se le va ir solo”.
Mi madre se horrorizaba si yo hablaba de sexo. Mi padre, solo me miraba. Después, yo me acercaba cuando estaba solo y le pedía consejos de todo. Y siempre me respondió con sabiduría. Todo he hablado con él. Y como el viejo era un buen atorrante que se las sabía todas, tuve los mejores consejos.
Mi madre usaba delantal casi todo el día, "enagua" bajo la falda y, cuando salía, una faja para mejorar su silueta.
Mi padre era un “mugroso” en el laburo y un dandy cuando salía. Tenía varios pares de zapatos de marcas refinadas y trajes a medida.
Las mujeres eran muy femeninas y les encantaba que los hombres les digan cosas lindas en la calle. Y nadie era acusado de acoso, porque era un homenaje a la belleza.
Los hombres competían para ver quién vestía mejor y el buen gusto y la elegancia, era lo más primordial.
Ambos, mi padre y mi madre, me dieron todo lo mejor que pudieron: buenas escuelas, buena comida, buena salud y cuando empezamos a crecer, mi padre me prestaba la máquina de escribir “Olivetti - Studio 44” que le habían traído de Italia, para que yo escriba mis primeras poesías y mis primeros cuentos.
A los dos les gustaba la música. Mi padre se compró una radio portátil” “National” para escuchar sus tanguitos en el taller de vidrios y mi madre, que además le gustaba cantar y lo hacía como los dioses, le compró un tocadiscos a “Balda”, el service que tenía el negocio al lado de mi casa en la calle Vera al 1100 y escuchábamos discos LP de vinilo de 33, 45 y hasta 78 rpm. Recuerdo que el primer disco que compró mi vieja, fue uno de Lolita Torres; de un lado tenía “Si vas a Calatayud” y del otro “El día que nací yo”. Obviamente, lo pasábamos 80 veces al día porque era el único que teníamos.
Después, de a poco, fueron llegando otros más.
Cuando llegó la TV, fue un “Dumont” usado y con mi hermano, estuvimos tres horas “orientando” la puta antena. Y le dábamos duro y tupido todo el día viendo la mejor época de la TV nacional.
Los sábados de “Súper acción” eran para mi viejo, que se instalaba a ver todas las películas desde las 2 de la tarde hasta las 10 de la noche.
Soy un genuino ejemplar de la “Generación de los Antiguos”.
A pesar de que muchos no tenían teléfono, estábamos todos "comunicados", porque nos veíamos las caras, hacíamos citas, golpeábamos las puertas, íbamos de visita y "compartíamos la vida".
Las puertas de las casas quedaban abiertas y nadie se robaba nada.
Los “Vendetutti” te visitaban todos los meses con mercaderías que pagabas a crédito y nadie cagaba a nadie.
La luz y el gas te lo cobraban en tu casa todos los meses y nunca supe de que algún cobrador fuese asaltado, a pesar de ir con un montón de guita en el portafolio y en los bolsillos.
Leíamos revistas “Mejicanas” y coleccionábamos figuritas de futbol los chicos y abrillantadas las pibas.
Tomábamos leche de vaca" sin pasteurizar vendida en tarros o en las botellitas verdes de “La Vascongada” y nadie se murió de escorbuto, tifoidea, ni nada.
En la primaria sufríamos con el “Manual Estrada” y en el secundario, con la "Tabla de Logaritmos" y los resúmenes “Lerou” en los exámenes.
Y claro, cuando terminamos el secundario, lloramos como bebés porque se nos acababa la joda. Teníamos que salir a la vida.
Soy un antiguo y estoy orgulloso.
Ojalá, que, en medio de toda esta parafernalia tecnológica, haya un resquicio para que los jóvenes del futuro puedan recobrar algunos valores que nos han dejado aquellas cosas que hoy son consideradas obsoletas y antiguas.
Es lo mejor que les podría pasar.


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De: karmyna Envoyé: 09/02/2026 01:15


 
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