El Demiurgo
En el corazón de un lugar olvidado, donde las sombras bailaban entre los árboles, conocí a una figura enigmática. Era un manicomio particular, un sitio donde la cordura se tambaleaba y la realidad se distorsionaba. Fui allí a visitar a un joven poeta, consumido por la pasión desesperada hacia una sombra, una bella Youtubera que sólo en la oscuridad de la pantalla de su laptop, en algún video, creía le había sonreído y coqueteado, esto lo había enloquecido decían .
El director de aquel lugar, un hombre pequeño pero imponente en su elegancia, nos permitió pasear juntos por el jardín. Las mesas redondas de hierro y las sillas dispersas bajo los Mezquites y Huizaches creaban un ambiente de una ranchería muy del Norte de México, un lugar donde la locura y la razón se entrelazaban.
Entre los paseos, los enfermeros pálidos, vestidos de blanco, vigilaban con discreción, mientras yo conversaba con el poeta. Fue en este entorno surrealista donde conocí al poeta que se decía ser agente y asistente de la encarnación viva del Demiurgo, una figura misteriosa que parecía conocer los secretos más profundos del universo.
La conexión entre este encuentro y las altas esferas del Vaticano parecía estar tejida en la oscuridad, como si las sombras mismas estuvieran conspirando para revelar verdades ocultas, ya que el poeta se decía haber sido un profesor de teología en el mismo Vaticano. En algún momento , me dijo el Poeta que “El Demiurgo” me contactaría y me hablaría de la naturaleza divina y humana, de la creación y la destrucción, y de los misterios que se esconden detrás de la realidad aparente.
En aquel jardín de locos, donde la razón y la sinrazón se confundían, comprendí que la verdad es un laberinto de espejos, y que sólo aquellos que están dispuestos a enfrentar sus propias sombras pueden encontrar la iluminación. Y así, mi viaje con El Demiurgo comenzaría , un camino de iniciación muy al estilo masónico que me llevaría a través de los misterios más profundos de la existencia.
Bajo el sol abrasador de aquel día, el poeta y yo nos sumergimos en una conversación profunda, sentados en una mesa de piedra bajo la sombra de un enorme nogal en lo que sería por varias horas un dialogo para descubrir algo secreto . De repente, una figura imponente se acercó a nosotros. Era un hombre de unos cincuenta años, vestido con un traje verde claro que parecía absorber la luz a su alrededor. Su estatura era imponente, pero su postura era extraña, como si su cuerpo no estuviera alineado con su espíritu.
Lo que más llamaba la atención era su rostro: una superficie bulbosa y desnuda, sin un sólo pelo, ni cabello, ni cejas, ni bigote, ni barba. Su piel era de un rojo oscuro, casi pavonado, y su cara era anchísima. Sus ojos eran disímiles, uno de un bello celeste ceniciento y el otro casi verde con estrías de amarillo de tortuga. Las mandíbulas eran cuadradas y potentes, y sus labios macizos pero pálidos se entreabrían en una sonrisa metálica, de inusuales amalgamas de oro, supe luego que era un indio kikapú con algún mestizaje anglosajón.
Sin hablar, saludó al poeta, pero no a mi, y se sentó a nuestro lado. Aunque no abrió la boca, parecía absorber cada palabra de nuestra conversación. Más tarde, mi amigo me reveló que aquel hombre era el mismo El Demiurgo, un ser enigmático que había nacido en Texas, hijo de una mujer indígena y un padre anglosajón desconocido.
La historia de El Demiurgo era fascinante. A los dieciséis años, se había embarcado como ayudante de cocina en un barco marcante y había llegado a la India . Después de años de vivir a la ventura, había logrado acumular una fortuna enorme en Inglaterra . Su genio para los negocios o un demonio de su parte lo había llevado a ser uno de los hombres más ricos del planeta, pero, no le guastaba la fama , y pasaba en el anonimato .
En el año 2015, se retiró de sus empresas y depositó sus millones en bancos de todo el mundo. Ahora, parecía haberse convertido en un enigma, un rey Demiurgo, con una aureola bíblica y fabulosa que lo rodeaba. Su presencia era imponente, y su silencio parecía contener secretos y misterios que sólo él conocía.
En aquel momento, El Demiurgo decidió romper las cadenas de su existencia anterior y embarcarse en una nueva vida de excesos y descubrimientos. Abandonó su papel de prisionero del dinero y se convirtió en su propio señor, dispuesto a explorar los límites de la decadencia y la voluptuosidad, a la vez que iba en busca del saber oculto y esotérico.
Su vida se convirtió en un torbellino de investigaciones febriles, carreras a través de los continentes, sorpresas y locuras. Rodeado de aduladores y parásitos, El Demiurgo se sumergió en un mundo de excesos, sin mujer ni hijos que lo ataran a la realidad, a la vez que buscaba los secretos iniciáticos de la Masonería, y por tanto se había iniciado masón, en un momento de su vida .
Pero en él habitaba una mezcla peligrosa: un semisalvaje inquieto con el poder de un emperador, y un iniciado masón en búsqueda de la verdad. Un descendiente de caníbales que había adquirido el instrumento más poderoso de creación y destrucción del mundo moderno, sin perder su brutalidad primitiva.
Ignorante y curioso, El Demiurgo se lanzó a la búsqueda de los estimulantes más refinados de la cultura moderna, sin importarle la contradicción entre su naturaleza animal y su deseo de epicureísmo cerebral, a la vez que seguía el mundo masónico con enorme celo y dedicación. En su búsqueda de novedades y experiencias, adquirió un olfato perverso para las ideologías más radicales, mientras reforzaba su barbarie ingénita.
A medida que su fortuna se desvanecía, su salud también comenzó a deteriorarse. Los médicos intentaban retenerlo en sus sanatorios, pero El Demiurgo se negaba a quedarse quieto. Ningún siquiatra podía definir su enfermedad mental , y los diagnósticos se multiplicaban: síndrome psicasténico, alteración de la personalidad, locura moral... Pero El Demiurgo sabía que su verdadera enfermedad era la búsqueda insaciable de la novedad y el cambio, a la vez que iba en busca de la espiritualidad masónica.
Así, pasó de sanatorio en sanatorio, siempre ansioso e impaciente, presa de un frenesí que lo llevaba a buscar el próximo gran descubrimiento, el próximo gran placer. Y en cada nuevo lugar, encontraba una nueva forma de decadencia, una nueva forma de exceso, que lo acercaba un poco más al abismo, pero a la vez se aferraba a lo más sublime de la masonería.
Si en aquel entonces, conocí a El Demiurgo en el manicomio, donde residía en una villa privada dentro del parque. Nuestra conversación comenzó de manera casual, pero pronto me sumergí en su historia, contada a través de sus palabras y las de los médicos. Su discurso era una mezcla fascinante de inteligencia y vulgaridad, como si El Arcángel San Miguel y Satanás hubieran unido sus fuerzas en su interior.
Sin embargo, conmigo se mostraba afable y gustoso de conversar. Poseo la virtud de calmar a los agitados y amansar a los locos, y El Demiurgo no fue la excepción. Un día, después de una conversación particularmente intensa, se retiró a su habitación y regresó con un maletín verde olivo.
Alcoseri, lea esto -me dijo-, dentro hay hojas que he salvado del último naufragio. Aquí dentro hay algo del viejo Demiurgo. Ahora ha llegado para mí el día en que nace más de un sol, y cedo con la máxima despreocupación los harapos de la noche.
Abrí el maletín y encontré un grueso paquete de hojas sueltas, escritas en tinta verde con una caligrafía muy legible . Las leí con avidez, a veces sonriendo, a veces con disgusto, pero siempre intrigado. Eran fragmentos de recuerdos, diarios y reflexiones, escritos en un castellano vulgar pero descifrable.
El Demiurgo me dijo leyera detenidamente los manuscritos , que los llevara conmigo el tiempo que fuera; me sorprendió mucho , me confiará sus escritos .
Me lleve el maletín a mi casa en Monterrey, y leí detenidamente todo , algo que me llevó tiempo, pues quería descifrar sus secretos .
Cuando finalmente pude regresar al manicomio, busqué a El Demiurgo para devolverle su manuscrito. Pero me dijeron que se había marchado después de sufrir un decaimiento terrible, sin dejar ningún recado para mí. Escribí un Email a la casa de curación donde se había refugiado, pero no recibí respuesta.
Han pasado casi 10 años y no sé si El Demiurgo sigue con vida o ha muerto. Sin embargo, estoy convencido de que me regaló esas hojas en manuscrito , y después de consultar con hermanos masones sobre el contenido de esos manuscritos ,a la mayoría le desconciertan . Algunas partes de los manuscritos son demasiado repugnantes, las hojas restantes ofrecen una visión fascinante de la mente de El Demiurgo, un hombre que parecía contener dentro de sí mismo los extremos de la sabiduría y la locura.
No se trata de un simple libro de memorias ni de una obra de arte, sino de un documento singular que refleja la esencia de nuestra época. Publicar estas notas es innecesario , no existe la esperanza de que, una vez estudiadas , alguien reconozca su valor como testimonio de la condición humana que este entre la decadencia absoluta y la sabiduría más sublime .
No me siento en la obligación de aclarar que no comparto ni apruebo los pensamientos y sentimientos de El Demiurgo y sus interlocutores. Mi ser, renovado por la búsqueda de la verdad, se distancia profundamente de la oscuridad y la decadencia que emanan de estas páginas.
Sin embargo, veo en El Demiurgo un símbolo de la civilización cosmopolita que rechazo, un ejemplo de cómo la riqueza y el poder pueden corromper y llevar a la decadencia. No tengo la intención de mostrar los extremos a los que puede llegar un Ser Humano cuando se abandona a sus instintos más bajos, sin dejar paradójicamente los sentimientos más sublimes de la existencia humana .
El Demiurgo es un ejemplo instructivo por dos razones: su riqueza le ha permitido realizar sus fantasías más extravagantes y deshonestas sin consecuencias, y su sinceridad primitiva lo lleva a confesar sus caprichos más repulsivos sin rubor. En él, vemos reflejada la sombra de nuestra sociedad esotérica , y es precisamente esta sombra la que debemos enfrentar y comprender si queremos avanzar hacia esa Gran Luz que se habla en Masonería .
En este sentido, estas notas pueden ser vistas como un ritual de iniciación, un camino hacia la comprensión de los misterios de la naturaleza humana y la búsqueda de la verdad.
En el corazón de la oscuridad, donde las sombras danzan y se entrelazan, encontramos a El Demiurgo, un ser que encarna las tendencias más oscuras de la modernidad. Su Diario, un reflejo de su alma atormentada, es un testimonio de las enfermedades secretas que aquejan a nuestra civilización, que se mueven en una dualidad extrema , un péndulo que va de lo más sublime de la masonería a la decadencia absoluta de la oscuridad .
Buscar arrojar luz sobre las profundidades de la psique humana y las consecuencias de abandonar los principios de la verdadera sabiduría masónica. La prosa del Demiurgo es un fiel reflejo de la naturaleza caótica, y he procurado entenderla con fidelidad, sin adornos ni enmiendas.
Lo que entendí en los manuscritos que me regaló el Demiurgo, es que hay seres humanos que nacen con mucha luz , y se pierden en la oscuridad más repugnante , pero no por eso pierden esa chispa divina que los hace escribir su experiencia en este mundo . Pero poco importa la forma; lo que realmente cuenta es el fondo, la esencia de su mensaje. Al leer su historia, pretendo utilizar su mal para el bien común, iluminando el camino para aquellos que buscan la verdad y la sabiduría en una Logia Masónica , para que no caigan en el pozo de los vicios .
En este sentido, lo que escribió el Demiurgo puede ser visto como la historia de un iniciado que se fue al lado oscuro de la fuerza , un camino hacia la comprensión de los misterios de la naturaleza humana y la búsqueda de la iluminación. Es posible que aquellos que se encuentren ahora hundidos en la oscuridad sean masones o no masones encuentren una oportunidad para reflexionar y crecer, y que la luz de la sabiduría ilumine su camino.
Alcoseri