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General: La Masonería ante la crisis Política a nivel mundial
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Réponse  Message 1 de 1 de ce thème 
De: Kadyr  (message original) Envoyé: 16/02/2026 19:33
La Masonería ante la crisis Política a nivel mundial

Si contemplamos el Mundo actual, sentirán seguro  esa misma perplejidad que yo siento cada vez que leo los comentarios en este Grupo  Facebook Masónico. Frente a amenazas existenciales —la crisis del clima, los riesgos de la inteligencia artificial, la sombra de la guerra nuclear—, uno esperaría ver al frente  de Gobiernos y Logias a hombres y mujeres sabios, prudentes, templados por el estudio y la reflexión. Pero con demasiada frecuencia vemos impulsivos, narcisistas, a veces intelectualmente limitados, que actúan como aprendices sin haber pulido aún su piedra bruta, guiados más por la vanidad que por la escuadra y el compás.

¿cómo llegamos aquí? No es un accidente ni un error pasajero del sistema. Es una característica profunda de nuestra naturaleza humana, grabada por la evolución. Hace setenta mil años, en la sabana, la selección natural premió la decisión rápida y la certeza absoluta sobre la duda reflexiva. El que gritaba “¡Es un león, corramos!” salvaba a la tribu aunque estuviera equivocado nueve veces de diez; el que calculaba probabilidades acababa devorado. Así, nuestro cerebro primitivo aprendió a seguir al que no duda, aunque lleve al grupo al precipicio.

A esto se suma el efecto Dunning-Kruger: los menos competentes suelen estar más seguros de sí mismos porque no perciben la complejidad del problema. Los verdaderamente sabios, en cambio, ven los matices, los riesgos, las excepciones, y esa conciencia les genera duda saludable. En la carrera por el liderazgo, la duda es veneno; la confianza ciega, el falso elixir.

Pero hay una capa más profunda. Para cooperar en grandes números, el Homo sapiens necesita mitos compartidos: historias simples, blanco y negro, que unan a la tribu. Naciones, religiones, corporaciones se sostienen sobre ficciones inspiradoras. La verdad, casi siempre gris y compleja, disuelve mitos. Por eso las mentes analíticas, las que ven los dos lados de la escuadra, son malas creadoras de relatos tribales. El líder que triunfa no es el que tiene el mapa más preciso de la realidad, sino el que vende con convicción absoluta un mapa simplificado, aunque sea falso.

Y hoy, en la era del tiempo real, los algoritmos premian la velocidad y la emoción visceral sobre la reflexión lenta. La mentira viaja en segundos; la verdad necesita minutos, horas, años. El sistema selecciona a los que reaccionan desde la tripa, no desde la corteza prefrontal. Recompensa al narcisista sin vergüenza, al que promete mundos mágicos sin sentir la disonancia de sus contradicciones.

Nosotros, los masones, sabemos que este mecanismo es antiguo como la humanidad. En Logia aprendemos que la verdadera autoridad no nace de la certeza dogmática ni del carisma externo, sino del trabajo paciente sobre uno mismo: pulir la piedra bruta, medir con la regla de la razón, nivelar con la equidad, orientarse por la plomada de la rectitud. Rechazamos el dogmatismo porque encadena el espíritu; promovemos la duda metódica porque es la puerta a la Luz. No buscamos líderes infalibles, sino hermanos que reconozcan su ignorancia y estén dispuestos a aprender.

El mundo sufre porque muchos prefieren el consuelo de la mentira simple al esfuerzo de la verdad compleja. Prefieren al demagogo que les dice “todo será fácil” al estadista que advierte “esto requerirá sacrificio compartido”. Somos cómplices: exigimos líderes que nos alivien la ansiedad en lugar de líderes que nos exijan responsabilidad.

Pero la Masonería nos recuerda que la biología no es destino. Podemos construir instituciones que actúen como frenos ante la impulsividad: ciencia independiente, justicia imparcial, debate lento y riguroso. Y, sobre todo, podemos trabajar en nosotros mismos. Cada uno debe convertirse en su propio Venerable Maestro: cultivar la humildad de reconocer “no lo sé”, la paciencia de pensar despacio, el coraje de aceptar la complejidad.

El Gran Arquitecto del Universo no nos dio un mundo simple, nos dio un mundo hermoso y terrible que exige mentes respetuosas de su profundidad. Si queremos sobrevivir como especie, debemos dejar de premiar la confianza ciega y empezar a valorar la sabiduría reflexiva. Sólo así construiremos un templo digno de la humanidad.

Que la Luz os guíe, hermanos.

 


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