COMUNICADO PARA LA LOGIA
Queridos Hermanos,
Hoy quiero compartir con todos vosotros unas breves reflexiones sobre una palabra que usamos con frecuencia en nuestra Masonería, pero que a veces genera dudas o malentendidos, especialmente cuando hablamos con personas de fuera de la Orden.
Me refiero a la palabra “profano”.
En el lenguaje cotidiano, fuera de la Masonería, cuando alguien dice “eso es profano” suele sonar como algo irrespetuoso, vulgar o indigno. Sin embargo, en Masonería el significado es completamente diferente y no tiene ninguna intención de ofender ni de menospreciar a nadie.
La palabra “profano” viene del latín profanus, que está formada por dos partes:
pro = delante de, fuera de
fanum = templo, lugar sagrado
Entonces, literalmente significa “el que está fuera del templo” o “el que está delante del templo, pero no ha entrado”.
En nuestra tradición masónica, llamamos profano a toda persona que aún no ha sido iniciada, es decir, que todavía no forma parte de la Orden. Simplemente indica que no ha cruzado la puerta del Templo, que no ha recibido la Luz masónica ni participa de nuestros rituales y misterios.
Es un término técnico, no un juicio de valor.
Es exactamente igual que cuando decimos:
“civil” para referirnos a quien no es militar,
“laico” para quien no pertenece al clero,
o “aficionado” para quien no es profesional en un arte.
Importante recordarlo: todos nosotros, sin excepción, fuimos profanos antes de dar el primer paso hacia la Masonería.
Fuimos profanos cuando tocamos por primera vez la puerta del Templo.
Fuimos profanos hasta el momento preciso en que, vendados y confiados, recibimos la Luz y nos convertimos en Aprendices.
Por eso, cuando usamos esta palabra no estamos diciendo que los profanos sean peores, ignorantes o indignos. Simplemente estamos marcando una diferencia de estado: dentro o fuera del Templo.
Nuestra Orden enseña respeto hacia todos los seres humanos, sean o no masones. El profano de hoy puede ser el Hermano de mañana. Y muchos de los más grandes hombres y mujeres que han cambiado el mundo nunca vistieron mandil, y eso no les quita ni un ápice de valor.
Hermanos, usemos siempre esta palabra con el cariño y la precisión que merece nuestra tradición: sin soberbia, sin desprecio, con humildad y con la certeza de que todos estamos en un camino de mejora continua.
Que el Gran Arquitecto del Universo nos ayude a ser siempre respetuosos con quienes están fuera del Templo… y a recordar que alguna vez nosotros también estuvimos allí en el Mundo Profano