DE DONDE VIENE LA EXPRESIÓN
¿ALCAHUETE?
Alcahuete” tiene un origen muy antiguo y una historia rica en matices culturales, sociales y lingüísticos. A lo largo de los siglos, su significado fue transformándose hasta adquirir la carga negativa con la que se la conoce hoy.
Desde el punto de vista etimológico, la palabra alcahuete proviene del árabe hispánico al-qawwād, que significa “mensajero”, “intermediario” o “mediador”. Durante la dominación árabe en la península ibérica, este término designaba a la persona encargada de llevar mensajes o servir de enlace entre individuos, especialmente en asuntos amorosos.
Una curiosa costumbre medieval árabe ayuda a entender este origen: cuando un hombre deseaba conquistar a una mujer casada, enviaba como obsequio un caballo al marido, con la intención de ganarse su simpatía y así poder acercarse a la mujer. Este regalo era entregado por un mensajero, el al-qawwād, quien cumplía un rol clave en la estrategia amorosa. El escritor árabe cordobés Ibn Hazm, en su obra Tawq al-hamāma (El collar de la paloma, 1023), dedicada al amor y sus formas, menciona la figura del mensajero como intermediario en relaciones afectivas.
En la España medieval, el alcahuete era quien facilitaba encuentros secretos entre amantes o actuaba como intermediario en relaciones consideradas prohibidas. Ya en el siglo XIII, la palabra estaba plenamente incorporada al castellano, como lo demuestran los escritos alfonsíes, donde comienza a adquirir un sentido cada vez más peyorativo, vinculado al engaño y a la corrupción moral. Con el tiempo, esta figura pasó a asociarse a la intriga, el chisme y el beneficio personal.
La literatura reforzó esta imagen negativa. Un ejemplo emblemático es La Celestina (siglo XV), donde el personaje principal encarna al alcahuete clásico: una mediadora interesada que se entromete en los asuntos ajenos para obtener ganancias. También Miguel de Cervantes utilizó el término en Don Quijote de la Mancha, donde aparece ligado a conductas moralmente reprobables.
Por extensión, el vocablo comenzó a emplearse para designar a cualquier persona que concierta, encubre o facilita acciones que se desean ocultar. En el español rioplatense y latinoamericano, “alcahuete” se usa para nombrar tanto al cómplice que tapa faltas ajenas como al que delata a sus compañeros para congraciarse con autoridades o superiores.
De manera menos conocida, la palabra también tuvo otros usos: en el teatro, se llamó alcahuete a un telón pequeño utilizado durante entreactos, y en algunas regiones de la antigua Cataluña, se denominaba así a las personas encargadas de acompañar a la novia desde su casa hasta la iglesia el día del casamiento.
En síntesis, alcahuete pasó de ser un simple mediador a convertirse en una figura asociada al encubrimiento, la complicidad y la intromisión en asuntos ajenos, conservando siempre la idea de intervenir entre terceros.
Informe de Juan Oscar Wayar.