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Agathac

LA REPISA DE LA CHIMENEA

“Si quieres hacer volver a tus recuerdos, siéntate a pensar frente a un fuego. Las llamas tienen el poder hipnótico de capturar no solo a tu mirada, sino también a tus pensamientos. Claro que su CARETA y mi ANTIFAZ siguen apoyados en la repisa de la chimenea, tal y como los dejé aquella noche lluviosa tras regresar de la FIESTA.

No puede decirse que me guste mucho el CARNAVAL. Pero pensé que sería una buena idea romper con la rutina, abandonar un rato la soledad y volver de nuevo a la vida social aunque aún siguiera recogiendo y recomponiendo los trozos de mi corazón roto.

Con una risa agridulce abrí el armario y saqué la funda que colgaba del rincón más oscuro y alejado. Saqué mi vestido de NOVIA, el que había llevado el día de mi BODA años antes, y decidí usarlo por última vez a modo de DISFRAZ antes de tirarlo a la basura para perderlo de vista por siempre jamás.

Con el vestido y el antifaz puestos me miré al espejo. En el marco del mismo, había encajado yo el panfleto que anunciaba la fiesta a la que me disponía a asistir esa misma noche:

¿No tienes pareja? ¿Estás aburrida/o y tienes ganas de vivir una experiencia diferente? ¡Ven a nuestra fiesta este carnaval y no la olvidarás nunca!

La mansión en la que se celebrara la fiesta estaba a las afueras de la ciudad. La lluvia y la tormenta que se habían desatado aquella tarde alcanzaron su punto más virulento mientras conducía hacia aquel lugar, con los parabrisas moviéndose con frenesí de uno a otro lado. Traspasé las intricadas verjas de hierro y seguí el camino, escoltada por altos y oscuros abetos hasta que pude vislumbrar entre la niebla la fachada principal. Otros muchos coches habían llegado ya antes que yo.

Aparqué y corrí hacía las altas puertas de entrada de la casa. Justo antes de traspasar el dintel, me coloqué el antifaz sobre la cara al tiempo que me quitaba el abrigo.

Grandes lámparas iluminaban un enorme salón en el que sonaba una música bastante estruendosa para mi gusto. Tomé una copa que me ofreció una camarera vestida años veinte e intenté cruzar la estancia para llegar a un balcón que tenía las puertas abiertas de par en par.

Salí al exterior y vi una silueta recortada frente a la lluvia. Se giró y vi cómo sus ojos me escrutaban desde detrás de su careta veneciana. El hombre estaba vestido de NOVIO, con un elegante frac negro y una pajarita color perla.

- Vaya, eres justo lo que necesitaba – me dijo.

Quedé desconcertada pero no pude evitar acercarme a la barandilla, dónde él tenía la espalda apoyada. Descruzó los brazos y extendió una mano frente a mí. En su palma descansaba una fina alianza dorada.

- La he encontrado un segundo antes de que aparecieras en el umbral.

- Siento decirte que el truco del ANILLO no va a funcionar conmigo – refunfuñé, aún encantada por el grave tono de su voz.

- ¿No crees en el AMOR a primera vista? – preguntó mientras se acercaba y yo no podía evitar sonrojarme bajo el antifaz.

- Ya no – respondí tristemente. El pasó por mi lado y dejó caer el anillo y la careta al suelo de porcelana”

Cada vez que miro a la repisa de la chimenea no puedo evitar preguntarme por él. Qué habría pasado…

Creo que en realidad ya nos conocíamos. Pienso que desde el mismo segundo en que nos vimos supimos quiénes éramos. Pero para mí, ya no era el momento.”

Chema

Mis amigos de la universidad tuvieron la idea de organizar una fiesta de carnaval, en un local que habíamos utilizado otras veces para eventos varios. Asistiríamos los del grupo habitual, junto con otros amigos y familiares a los que cada uno quisiera invitar.

Me animé a ir porque no era obligatorio llevar ningún disfraz. Hay disfraces que me parecen muy simpáticos vistos en otras personas, pero a mí me da mucha vergüenza, no es lo mío.

Estuve todo el tiempo junto a mi amiga Carolina, que es con quien tengo más confianza. Ella, que no es nada tímida, iba disfrazada de Dora la Exploradora. Como tiene el pelo castaño y es morena de piel, igual que Dora, no tenía que llevar careta.

Me fijé en una chica que llevaba un disfraz de alguna heroína de ficción. Tenía unos bonitos ojos que se le veían a través de su antifaz.

Le pregunté a mi amiga:

-¿Carol, conoces a esta chica?

-No, la habrá invitado otra persona del grupo. ¿Qué, te ha gustado? -me preguntó ella riendo.

-Pues sí, la verdad. Estoy por acercarme a hablar con ella. Llevo un rato mirándola. No sé si tendrá novio, si lo tiene desde luego aquí no ha venido.

-¡Eso, ve y dile algo, que no pasa nada! Puedes preguntarle quién la ha invitado.

-Lleva un anillo, pero no sé si eso significa que está casada -pensé en voz alta-. Como las chicas lleváis tantos anillos...

Carol soltó una carcajada.

-Pero, ¿no ves que lo que lleva no es una alianza matrimonial? ¡Mira, una alianza es así! -me enseñó la suya-. Anda, vete a hablar con ella. ¡En una noche como ésta, puede surgir el amor!

Me acerqué a la chica vestida de superheroína, y le dije, tratando de que no me temblara mucho la voz:

-Eh... hola... Llevaba un rato viéndote y... me gusta mucho tu disfraz.

-¡Gracias! Yo también me había fijado en ti. ¡Eres el único que no va disfrazado!

-Ya, es que me daba un poco de corte, y tampoco sabía de qué disfrazarme... Oye, ¿y a quién conoces de los que han organizado esta fiesta? Le he preguntado a Carol -dije, señalando a mi amiga- y ella no sabe...

-Soy prima de Menchu. Ella es la que me ha invitado a venir.

-¡Ah, Menchu, claro! Es muy buena amiga mía. Estuve en su boda. Seguro que tú también estuviste.

-¡Pues sí! Coincidimos allí, aunque no nos presentaran. Ya decía yo que me sonabas... Y también me suena esa chica con la que estabas... ¿tu novia, quizá?

-¿Carol? ¡Qué va! -respondí yo, riendo-. Es sólo una amiga, lo que pasa es que nos conocemos desde hace muchos años y tenemos mucha confianza. ¡Ella está casada! Y también estuve en su boda, por cierto.

-Ah, vaya... Como os veía juntos todo el rato... A lo mejor os he confundido con otra pareja que pueda haber conocido en algún sitio... -dijo ella, tratando de hacer memoria.

Se quedó pensativa, y entonces yo rompí el silencio:

-¿Te parece que vayamos a la barra a pedir un refresco?

-¡Genial! Nos tomamos algo y seguimos contándonos cosas -respondió ella.

Cuando pasamos por delante de mi amiga Carol, me dirigió una mirada pícara, como diciendo: “¡has ligado!”.

No le faltaba razón. Y a ella se lo debía, por animarme a romper el hielo con aquella chica.

Geno

 Parece mentira que una de las mejores noches de su vida fuera la que siguió al día en que su NOVIO la dejó sin dar muchas explicaciones. Además en pleno CARNAVAL y con una invitación para una FIESTA a la que se moría por ir y que ahora le quemaba en el bolsillo.

Así que allí estaba, camino de casa de su amiga para decirle que no se encontraba con ánimo de acudir al que ella denominaba “Evento del año”. Aquel –Necesito tiempo – la había dejado sin ganas de nada.

- Pero ¿¡cómo no vas a venir!? – exclamó su amiga casi indignada.

- No me apetece… además, ni siquiera tengo DISFRAZ. Íbamos a alquilar unos esta tarde – dijo al borde de las lágrimas.

- No, no, no – contestó – eso no es excusa.

En un momento se agenció un ANTIFAZ, un gran trozo de tela blanca y un velo. No tardó mucho más en tener organizado un hermoso vestido de NOVIA.

- Pero ¿¿estás loca?? Acaban de dejarme y quieres que me vista como si de mi propia BODA se tratara? Seré el hazmerreir…

- De eso nada. Debes de ser tú la primera en quitarle importancia a la situación y así todo será más natural. Mejor eso que sentir miradas de compasión por parte de todos ¿no crees?

- Hombre… visto así… puede que tengas razón… - aceptó aunque no con mucho convencimiento.

Solo necesitó llegar a la fiesta para darse cuenta de que su amiga estaba en lo cierto, al descubrir bajo las CARETAS del resto de los invitados sonrisas de apoyo y no la compasión a la que hacía referencia su compañera. A partir de ese momento se liberó y disfrutó a tope de la celebración hasta tal punto que, en un momento de la noche, organizó una subasta con su ANILLO, aquel que cierto día fue un símbolo de AMOR pero que a día de hoy solo le recordaba la falsedad y traición de su ex.

Así, regresó aquella mañana a su casa satisfecha, contenta y liberada de aquel nudo que le atenazaba el corazón desde que su chico rompiera con ella y teniendo claro lo que en el fondo ya sabía pero no quería reconocer: aquello había sido lo mejor que podía haberle pasado.

Bertha

UN CARNAVAL INOLVIDABLE

Pronto seria CARNAVAL en el pueblo, yo iría con un DISFRAZ de NOVIA y mi acompañante de NOVIO, todo el mundo con un ANTIFAZ o con una CARETA, pues era algo que era obligado en ese día, mis amigos tambien se disfrazarían, mi amiga y su pareja irían de época, mi cuñada de camarera y su marido de mayordomo, la vecina y un amigo de japoneses, los demás amigos y familiares cada uno con sus respectivos disfraces elegidos por ellos.

Ya todo el mundo esteva apunto para ese día, la mayoría saldríamos juntos desde mi casa y algunos ya estarías en el lugar de la reunión del local donde se celebraba, habría orquesta y estaría todo decorado para esa ocasión, vendrían gentes/personas de otros pueblos cercanos y familiares, pues nuestros carnavales solían ser muy recordados por todos por ser muy buenos y divertidos, había uno por la mañana para los niños y por la noche las de los mayores que estas acababan casi hasta la madrugada con concursos, bailes, comida y bebida para la ocasión.

Se acercaba el día y como no, todo el pueblo se volcaba con ellas.

La noche anterior todos estabamos nerviosísimos mi amiga, mi cuñada y sus respectivas parejas y nosotros dos, nos quedamos hablando toda la noche de otros carnavales anteriores, de historias que nos habían pasado en carnavales anteriores y lo bien que nos lo pasaríamos en ella este año, pues este año vendría la vecina con su pareja por primera vez y que todos lo disfrutaríamos en ella, que este año había nuevos concursos y una orquesta nueva muy buena, acabamos agotados de tanto hablar y caímos rendidos uno a uno hasta el ultimo de nosotros.

Por la mañana no hubo manera de que nadie se levantase a una hora decente y el que lo hacia lo veíamos bostezando por los rincones, después de comer fuimos a la fiesta de carnaval de los menores a ver como se divertían y se lo pasaban muy bien, nos reímos mucho al ver los juego que les hacían, a mi me recordó cuando era pequeña y era yo la que estaba allí divirtiéndome con un monto de amigos del colegio y de los pueblos cercanos, pues nuestro pueblo era el mas grande y el único que tenia, había otro pero estaba muy lejos y no había ninguna combinación para llegar a el.

Ya por la noche la de los adultos, todos vistiéndose de su disfraz correspondiente, yo y mi pareja ya estabamos, parecíamos dos novios que salían de su propia BODA, la FIESTA iba a ser inolvidable, mi acompañante estaba de dulce y yo no digamos estaba muy elegante, vamos los dos monísimos de la muerte, los demás igual, todos muy guapos para esa ocasión; nos pusimos en marcha hacia la fiesta y conforme íbamos llegando por cada una de las calles encontrábamos a personas disfrazadas, de soldados, de animales, de payasos, de doctores y enfermeras, vamos de todo tipo de disfraces y ya en el local de la fiesta nos encontramos con todos los demás amigos y familiares la diversión y el AMOR esta va en el airé, pues era algo que siempre había, allí se han encontrado amigos, allí se han ennoviado mil y una parejas, pues era un día de encuentros y de reencuentros con todo el mundo.

Casi ya cuando se acaba va la fiesta mi compañero y yo nos fuimos a dar un paseo por el pueblo, estaba muy dulce y simpático todos estos días pero no sospeche nada pues estaba tan contenta con que estuviese todos estos días conmigo y de repente en un descampado, me para y se pone de rodillas, me saca una cajita pequeña y en el había un ANILLO precioso, allí mismito me pidió que fuéramos novios y como no, dije que SI, nos dimos el beso mas bonito que no olvidare jamás.

Shirat

EL BAILE

Un año más había llegado el Carnaval. Aquel año tampoco faltarían los disfraces ni las caretas. Todos habíamos encontrado algo por casa: alguna tela vieja, restos de disfraces de tiempos mejores, pinturas, y toda la ilusión del mundo para la fiesta que se celebraría por la noche. Ya estaban colgadas las guirnaldas y poco a poco la gente iba acercándose a la plaza.

Antes de salir de casa recordé cómo eran las cosas cuando yo era joven. La ilusión que nos hacían los carnavales, disfrazarnos de cualquier cosa y ampararnos en el anonimato de nuestros trajes para poder tontear con el chico que nos gustaba y al que no nos atrevíamos a decirle nada cuando le veíamos por la calle. Soñar con la posibilidad de que esa noche, vestidas de princesas, pudiéramos conseguir que algún mosquetero nos declarara su amor incondicional y nos regalara un anillo. Uno de esos anillos de hojalata que te dejan el dedo verde con el paso de los días, pero que esa noche te parece la joya más valiosa del mundo.

Aquel año la fiesta sería distinta. A pesar de la ilusión de los preparativos, todas lucíamos una mueca triste bajo nuestro antifaz. Ese año no había hombres. La guerra se había llevado a todos ellos y la mayoría de nosotras ni siquiera sabíamos si estaban vivos o muertos, pero queríamos celebrar la fiesta igualmente. El año anterior se habían celebrado más bodas de lo habitual. Las parejas de novios se habían apresurado a casarse pensando que quizá no volverían a verse, pensando que quizá no tendrían oportunidad de hacerlo.

Yo no me casé. Para mí seguir siendo su novia era una forma de obligarlo a regresar vivo del frente, una forma de darle energía o fuerza para que no tirara la toalla en ningún momento. Cuando regresó, ni él era un mosquetero ni yo una princesa, pero su anillito de feria seguía en mi dedo.

Riesgo

Que rápido se suceden las cosas. Aún estoy saboreando los turrones y ya tengo que ponerme a pensar en el disfraz para la fiesta de carnaval de mañana. Este año la temática gira en torno al mundo fantástico y de terror. A mí me viene de perlas, por una vez, puedo ir de yo misma. Tan solo me hará falta ponerme una careta, porque nadie se imagina que las brujas podemos ser tan, tan… tan como yo. Los “normis” nos ven como seres crueles, verdes, peludos y con verrugas. ¡Qué equivocados están!

Ya es la hora. Me he decidido por un disfraz de bruja morado bastante escotado y que acentúa mis curvas. Al final, he cambiado la careta por un antifaz de plumas y purpurina. Las caretas eran demasiado espantosas y no quiero que Hans tenga ojos para ningún monstruito que no sea yo.

El local está decorado con telarañas, esqueletos y velas en todos los rincones. En una de los extremos han puesto un altar que hace las veces de barra de bar. Y en vez de sillas y mesas, han puesto tumbas y lápidas. Otro año más se han superado con la decoración. El pinchadiscos viste un disfraz de novio cadáver y todos los camareros van disfrazados de los zombis invitados a la boda.

Aún no he visto a Hans, será difícil localizarle entre tantos hombres lobos, vampiros y demás fauna. Aunque ahora que me fijo, hace un buen rato que una momia no me quita el ojo de encima, puede que sea él.

Se acerca. Viene con una bebida en cada mano. Solo algunos trozos de su cara quedan a la vista. Pero esos ojos y esos labios son inconfundibles, son los de mi amor. No hay duda, la momia es Hans.

- Hola Emma – me dijo en tono decidido.

- Hola Hans. Que chulo es tu disfraz.

- Te he traído esto – dijo tendiéndome una copa de mi bebida preferida.

- Gracias, ya veo que me has visto hace rato. Pero, ¿cómo me has reconocido? Me he cambiado el peinado, llevo puesto un antifaz y pese a todo, me has descubierto. – no podía creer que me conociera sin más.

- Encontraría a mi “brujita” entre miles de brujas malvadas – dijo sonriendo de forma pícara – No creerías que confundiría a mi novia con ninguna otra chica, ¿verdad?

¿Novia??????? ¿De verdad había oído bien?, me había llamado “su novia”. Me encontraba feliz, flotando en una nube. Estaba tan nerviosa que no podía dejar de darle vueltas a mi anillo. Hans me miraba, pero no a la cara. Sus ojos estaban fijos en la piedra verde de mi sortija. ¡Que tramposo! Me había reconocido por la joya que había heredado de la familia de mi abuela y que días atrás le había enseñado.

- Me has pillado… - su voz sonaba quejosa, aunque su boca lucía una sonrisa.

- Creo que vas a tener que compensarme por el engaño – mi voz no sonaba a enfado. Como podía enojarme con él después de lo que me había dicho.

- Que tal si me apuntas todos los bailes de la noche. Prometo no tener ojos para otra – dijo mientras me agarraba por la cintura.

Abrazados nos acercamos a la pista y justo en ese momento el Dj anunciaba una tanda de canciones lentas. La fiesta no podía empezar mejor.

 
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