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Trini Tinturé: Una Vida a Todo Color
 
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ÉNERI

Desde el primer día que Lucía había llegado al pueblo, Esteban no había podido dejar de mirarla. En aquel momento ella solo tenía cinco años y él dos más, pero ya había podido sentir esas cosquillas en el estómago. Y desde aquel día, todos los siguientes en los que se había cruzado con ella, no había podido dejar de sentir esas mariposas que cosquilleaban su cuerpo.

Sin embargo cada vez que intentaba dirigirle la palabra, éstas se quedaban agolpadas en su boca, y no salían. La veía en el colegio, en las clases de inglés, en los columpios de la plaza del pueblo...

La vio en su primer día de instituto, con los nervios típicos del primer día, desorientada, perdida en esos pasillos totalmente nuevos para ella. Pero no era capaz de nada, Esteban se quedaba petrificado, y giraba la vista al cruzársela. Ni siquiera sabía si ella sabía de su existencia. Eso atormentaba a Esteban día tras día, pero en lugar de echarle valor a la situación y lanzarse para salir de dudas, decidió permanecer en silencio, callando ese amor. Y desde ese silencio la amó.

Se preocupó por conocer sus gustos musicales, observando en la cafetería del instituto su carpeta, decorada con recortes de revistas. Averiguó a través de un amigo el día de su cumpleaños, la observó en cada discoteca a la que iban, su ropa, su manera de expresarse...No sólo le sirvió para conocerla mejor y enamorarse más aún de ella, si no para hacerle saber a ella que había alguien que la amaba desde el silencio.

Cada día para su cumpleaños Esteban preparaba un regalo para ella, que le enviaba cuidadosamente por correo,  y en San Valentín, una rosa roja, sin tarjeta.

Esteban se fue del pueblo a la ciudad a continuar con sus estudios, y casi no podía ver a Lucía, era muy difícil coincidir con ella cada vez que iba de vacaciones al pueblo. Pero en ningún momento decreció su amor por ella.

Volvió a llegar San Valentín, pero ese día le informaron que su rosa no había podido ser entregada, no había nadie en esa casa desde hacía unos meses. Esteban hizo llamadas a sus amigos intentando averiguar dónde podía estar Lucía pero nadie le pudo decir con certeza donde estaba exactamente. Sólo pudo averiguar que su familia se había ido del pueblo por motivos laborales.

San Valentín y Carnaval, dos fechas que casualmente habían caído juntas en el mismo fin de semana, y él sin pareja, sin disfraz y sin ganas de nada. Pero su amigo arrastró de él, dándole sólo una máscara y alegando que no tenía importancia no tener disfraz y mucho menos pareja, que el amor estaba en cualquier parte y seguro que esa noche podría encontrarlo.

Cuando entró en la fiesta sólo pudo sentirse más solo, más triste, y más lejos de Lucía, y se sentó en un rincón apartado.

- Triste, verdad?. Estas fiestas intentan animar a la gente que está sola, pero consigue el efecto contrario, nos entristecen más, verdad?.- dijo una chica que sólo llevaba una máscara, igual que él.

- Tienes razón, y por lo que veo tampoco has preparado ningún disfraz, como yo.

- Imposible, no he tenido tiempo para eso, en casa aún no sé donde están mis cosas. Hace poco que nos mudamos, y no encuentro casi nada.

A Esteban se le aceleró el corazón y trató fijarse bien en la cara de la chica, pero su máscara sólo dejaba al descubierto su boca, y no había tanta luz como para saber si era Lucía o no. Quiso volver a decir algo pero, las palabras se le quedaron en la boca, ante la posibilidad de que fuera ella...

- Por cierto, mi nombre es Lucía.

- Esteban- acertó a decir, comido por los nervios. Estaba hablando con Lucía? No era posible, no podía ser ella!

- Vaya! En mi pueblo había un chico que se llamaba como tú, pero nunca hablamos. Nunca tuvimos oportunidad, y me hubiera gustado conocerle, pero era mayor que yo y no creo que él quisiera hablar con una mocosa como yo.

A Esteban se le estaba secando la boca, quería decir algo pero no sabía qué. Pero en ese momento las palabras vinieron solas.

- Puede que él pensara que eras tú quien no quisieras hablar con un chico mayor. Puede que él buscara la manera de hablarte y no pudiera hacerlo, puede que su timidez se lo impidiera, puede incluso que fuera porque estaba enamorado de ti...puede que cada San Valentín, te enviara una rosa, para hacerte saber que te amaba...- las palabras salieron de él de golpe, él mismo estaba perplejo, por todo lo que había dicho en sólo unos segundos.

- Tú como sabes lo de la rosa?- dijo Lucía. Sus ojos brillaban, más que nunca, y de su boca se le escapaba una sonrisa.

Esteban se quitó su máscara y dejó su cara al descubierto, y Lucía hizo igual. Ambos sonrieron.

 - Puede que ella siempre quisiera que las rosas vinieran  de Esteban.

 Esteban no pudo más que besarla.

 BERTHA

A mi amor

 Hoy hace ya unos años que nos casamos, fue un día de San Valentín, en el baile de Carnaval del pueblo, aun lo recuerdo:

 Tú ibas de Caballero Medieval y yo de Dama de la Corte.

Nos conocíamos desde pequeños y nos prometimos siendo niños aun, pero eso no nos impidió que ya siendo mayores lo hiciéramos posible.

Y ahora que ya somos ancianos seguimos sintiendo, ese amor.

                   Bertha

Chema

–Mamá, vamos a tener una fiesta de disfraces en el colegio, y no sé qué ponerme –le dijo Anita a su madre al llegar de clase.

–Pues vamos a pensar algo, cariño –respondió la madre–. Ven conmigo a mi habitación. Allí puede que tenga algo que nos pueda dar una idea...

Se dirigieron al dormitorio de la madre, y ésta sacó de un armario un taco de libros y de comics.

–Tengo guardados algunos cuentos y comics de cuando era pequeña, ilustrados por Trini Tinturé, que era una dibujante sensacional. Dibujaba unas chicas muy guapas con unos modelos preciosos. Y si ves alguno que te guste, podremos intentar hacernos con uno parecido para tu fiesta.

–Anda, qué bonitos. A veeer... –dijo Anita, mirándolos con curiosidad–. “Alicia en el país de las maravillas”... El vestido que lleva es precioso, pero para la fiesta de disfraces me gustaría algo más moderno, más atrevido.

–Mira, ¿qué te parece Heidi en este cuento de “Heidi en la gran ciudad”? –le sugirió la madre.

–También está chulo. Me gusta el vestido de la portada, con ese suéter a rayas por debajo. Luego va cambiando de ropa –dijo, pasando las páginas del comic–. Lleva siempre unos vestidos muy bonitos. ¡Pero este año quiero soltarme el pelo y llevar algo que de verdad llame la atención!

–¿Y qué te parecería disfrazarte de hada? Como Violeta, otro personaje de esta dibujante. Mira, aquí tienes una historieta en la que sale.

–¡Qué graciosa! Me encanta ese vestido con volantes en forma de pétalos y esas alas. Pero un disfraz así habría estado mejor dos años antes. Ahora ya soy mayor para ponerme eso. Por cierto –dijo Anita, fijándose en otro de los comics de su madre–, ¿quién es esa?

–Aaah, ésta es Emma. Es una chica con poderes mágicos, que se trasladó del siglo XVI al XX, y que trata de volver a su época. Sus historietas se publicaban en la revista Lily, me encantaban. Esto es un album de la colección Joyas Literarias, en el que viene una historia entera suya

–¡Cómo mola! ¡Es una bruja moderna! Me encanta esa minifalda, esas medias a rayas y esas botas. ¡Así es como quiero vestirme para la fiesta! ¡Y con la escoba mágica, también!

La hermana mayor estaba escuchando la conversación. Entró en la habitación y dijo:

–No os enteráis de nada. ¡Emma se está publicando otra vez! Llevan ya dos tomos. Los había visto en la librerías, pero no sabía que os gustaban. Ya os regalaré uno de esos tomos, y de paso lo leeré yo también, jajaja.

–Pues lo tengo decidido –afirmó Anita–. ¡Iré vestida como Emma! Por cierto, ella tiene un gato. A lo mejor me llevo a Micifuz a la fiesta para que el disfraz sea completo.

Durante los siguientes días, Anita fue preparando su conjunto de Emma. Se probaba las prendas una y otra vez y se miraba al espejo. Incluso fue a la peluquería a hacerse un peinado parecido al de Emma. Estaba dispuesta a triunfar.

Llegó el gran día. Los alumnos iban acompañados de sus padres. Anita se cruzó con una compañera de clase que iba con un chico rubio muy guapo de unos 14 años, y con su madre.

–¡Hola, Cecilia!

–¡Hola, Anita!Qué disfraz tan chulo llevas!

–¡Gracias! –respondió riendo–. El tuyo es de Blancanieves, ¿verdad? También te queda genial.

–Mira, te voy a presentar a mi hermano Pedro –dijo, señalando al chico rubio con el que iba–, y a mi madre.

Se saludaron dándose el par de besos de rigor, y entonces intervino la madre de la amiga.

–Tu disfraz es de Emma, ¿verdad?

–¡Sííí, lo has adivinado! –respondió Anita, muy satisfecha.

–Emma me gustaba mucho de pequeña. Salía en la revista Lily, que la compraba todas las semanas. Y ahora que me doy cuenta... ¡Con ese traje haces buena pareja con mi hijo Pedro! Porque él, con su mata de pelo rubio, se parece a Hans, el novio de Emma.

Anita y Pedro intercambiaron una mirada, y ella se puso más roja que un tomate. Entonces él rompió el silencio.

–Voy a coger un refresco a la barra. ¿Me acompañas?

–Vale... –respondió Anita, tímidamente.

–Vamos a dejarles solos, mamá –intervino Cecilia, guiñando un ojo–. Vámonos por aquí, que te presentaré a más gente, mientras ellos se toman algo...

Pedro y Anita congeniaron muy bien. Al final de la fiesta les daba pena que acabara, y se intercambiaron los teléfonos. Aquello fue el comienzo de una bonita relación. Anita siempre asociaría las historias de Emma a la fiesta de disfraces en la que conoció a su primer amor...

Aurin

Nunca pensé que en una fiesta de disfraces, le encontraría a él, al hombre de mi vida y de la manera más tonta…

Fue toda una sorpresa… 19 de febrero, día de mi cumple (y este año, con suerte, pues caía en fin de semana), estamos en carnaval, y a mis amigas, como regalo de cumple, no se les ocurre otra cosa, que hacerme una fiesta sorpresa y de disfraces… A mí que no me gusta nada disfrazarme… me obligaron a hacerlo, pues era parte del regalo de cumple… nada más y nada menos, que un traje de can-can. Y en fín así fue… me llevaron a una sala que habían alquilado para la fiesta… estaba todo el mundo disfrazado, y había muchísima gente ya allí cuando llegamos. Les pregunté: “¿Pero, de dónde habéis sacado a tanta gente?”; “Pues amigos, amigos de nuestros amigos y de nuestros hermanos, y compañeros de trabajo de todos y amigos y familiares de todos…no queríamos dejar pasar este día sin felicitarte, y celebrarlo de una manera especial….”. De repente, se paró la música, y todo el mundo se giró a ver que pasaba, y vi que me miraban a mí… Entonces, una de mis amigas, se acercó al escenario donde estaba la orquesta, y habló al micro: “Estamos aquí para celebrar el cumpleaños de Genma, esperamos que lo disfrutéis y lo paséis estupendamente, pero, antes debemos felicitarla, ¿Qué tal si la cantamos cumpleaños feliz?” Y ante mi sorpresa, y mis “colores”(me empecé a poner muy colorada), todos me cantaron, para felicitarme. Para más “corte”, un gran aplauso final.. y encima, me pasaron el micro, para que dijera algo: “gracias a todos, que lo paséis muy bien… y a bailar!!!!”. Cuando solté el micro, le dije a mis amigas: ¿cómo pudísteis hacerme esto?, que vergüenza acabo de pasar, voy a refrescarme un poco….

Y me acerqué a la barra a pedir una consumición.  Me di la vuelta en la barra, con consumición en mano, cuando de repente, tropecé con alguien, y la consumición cayó sobre mi vestido… Cuando levanté la vista con intención de montar “un espolín”, le vi… era él… el amigo de un hermano de mi amiga Arancha y con el coincidí un par de veces, en casa de mi amiga. Me sonrió y me dijo…”disculpa, pero, que torpe soy…”.  Te ayudaré a limpiarte, y entre los dos limpiamos el “desaguisado”…. Por fín me dijo: “Para compensarte, ¿puedo invitarte a bailar?, y así estuvimos la mayor parte de la noche… Y así empezó nuestra relación… mi primer amor y el verdadero… hasta hoy, que Dani es mi marido, y nos seguimos queriendo como ese primer día

 
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