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LUNFARDEANDO: Entre Gauchesco y Lunfardo(Primera Parte)
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From: 2158Fenice  (Original message) Sent: 02/05/2011 07:04
Álguien dijo que Argentina no es solo Buenos Aires pero ... hay una motivación si se piensa particularmente a esta Provincia cuando se habla de América del Sur ...
 
El Gauchesco y el Lunfardo característicos de la Provincia Bonaerense y de la ciudad de Buenos Aires alrededor del Puerto.
 
Antes de hablar de estas dos "Jergas", (Ya anotamos muchas particularidades en el curso de los años...) ,no podemos no notar la composición étnica típica en Argentina más que en otros países de América Latina que, por su puesto , llevó el español a caracterizarse en el habla particular de sus habitantes.
  
La composición étnica de la población de la Argentina está muy influida por la gran ola de inmigración, principalmente de varones europeos mayoritariamente italianos y en segundo lugar españoles, sucedida entre mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.

Al igual que Australia, Canadá y Estados Unidos, la Argentina es considerada como un país de inmigración,es decir una sociedad que ha sido influida decisivamente por uno o más fenómenos inmigratorios masivos.

Por otra parte los distintos grupos que integran su población han establecido intensos mestizajes interétnicos. Se estima que un 90% de la población tiene algún antepasado europeo, sobre todo italianos y españoles, un 56% tiene antepasados indígenas, y alrededor del 3% algún antepasado africano.

Adicionalmente la Argentina cuenta con considerables minorías de origen o pertenencia judía, árabe, armenia, japonésa, china y coreana. Desde mediados del siglo XX, la inmigración proveniente de países sudamericanos, principalmente Paraguay y Bolivia, ha cobrado mayor importancia.

La distribución territorial de los diferentes grupos étnicos se encuentra básicamente influenciada por las grandes migraciones internas del campo a la ciudad y del norte hacia el litoral. En la Ciudad de Buenos Aires, donde la influencia de la inmigración europea en la composición étnica se ha sentido con más fuerza que en el resto del país, un estudio realizado en 2006 sugiere un mestizaje genético promedio compuesto en un 78-80% proveniente de diferentes etnias europeas, principalmente italianas y españolas, un 15-20% de diferentes etnias amerindias, y un 2-5% de etnias africanas.Los estudios también indican que la proporción del componente genético amerindio y africano está creciendo,y que ha sido transmitido mayoritariamente por las mujeres.

El mestizaje ha desempeñado un papel fundamental en la composición étnica de la población argentina. Es necesario precisar que las corrientes inmigratorias durante la época de la colonia y luego en la época de la gran inmigración ultramarina (1850-1930), estuvieron integradas mayoritariamente por varones solos que se mestizaron en la Argentina con mujeres de ascendencia primordialmente indígena y africana. El proceso de mestización registra una intensidad inusitada en la Argentina, con amplios intercambios sexuales entre las tres grandes ramas étnico-culturales (euroasiáticos, indígenas y africanos), sino de las decenas de etnias particulares que integran cada una de esas ramas (italianos, españoles, polacos, árabes, judíos, mapuches, diaguitas, collas, guaraníes, bantúes, yorubas, etc.).

La intensidad del mestizaje ha variado y varía según la época, el lugar y cada grupo étnico en particular. A fines del siglo XIX, el 33% de los varones italianos de Buenos Aires se casaba con mujeres de otra etnia, mientras que en Rosario, ese porcentaje se reducía al 18%.Otras etnias mantienen o han mantenido una acentuada práctica endogámica, como sucedió con las primeras colonias de alemanes y sirio-libaneses, por ejemplo, y sucede con los menonitas, el pueblo rom, los japoneses, los bolivianos y los judíos.

En el siglo XIX, Argentina estableció una política estatal de integración énica, intencionalmente orientada a diluir las identidades étnicas particulares. Este hecho ha sido denominado en la cultura nacional con el término «crisol de razas» (equivalente al «melting pot» -«olla de fundición»- estadounidense) y ha sido sostenido de modo más o menos variable por los gobiernos sucesivos, las instituciones educativas y los medios de comunicación más influyentes.

Diversos estudiosos han cuestionado la representación de la población argentina como si tuviera una composición étnica homogénea, expresada en la teoría del crisol de razas, señalando la existencia de una gran brecha étnica entre "europeos" y "criollos", muy notable cuando se trata de precisar cuales son los sectores sociales más desfavorecidos.En este sentido, algunos intelectuales, investigadores, políticos y organizaciones de naturaleza étnica, han cuestionado la expresión «crisol de razas» como un mito, poniendo en evidencia los componentes de racismo y discriminación étnica, invisibilización y asimilación forzada presentes en la sociedad argentina.

La base indígena precolombina

Los indígenas que constituyeron la base del mestizaje en la época colonial estaban divididos en cuatro grandes grupos: los pertenecientes al grupo de la civilización andina, principalmente diaguitas, sanavirones y comechingones; los habitantes de la Mesopotamia, principalmente la civilización guaraní; los pertenecientes al grupo del Gran Chaco, destacándose los pueblos wichí y qom (toba); y los pueblos de cazadores-recolectores del sur, principalmente los pueblos ranquel, tehuelche y mapuche. Estos dos últimos grupos no pudieron ser colonizados por los españoles.

El período colonial

Dos importantes corrientes migratorias influyeron sobre la composición étnica durante el período colonial:

  • la conquista y colonización española (principalmente de las etnias extremeña, andaluza, castellana y vasca), durante los siglos XVI a XVIII, mayoritariamente masculina y pequeña en términos cuantitativos pero que impuso un sistema de dominación; secundariamente, pero con un impacto considerable, la colonización portuguesa influyó en los mestizajes e intercambios culturales de la zona oriental.
  • la inmigración forzada de africanos reducidos a la esclavitud entre los siglos XVII y XVIII, principalmente de la etnia bantú;

Durante la época colonial los complejos mestizajes entre las diversas etnias indígenas, españolas, portuguesas y africanas, produjeron un tipo de especial de poblador, característico de la Argentina y otros países vecinos: el gaucho y su equivalente femenino «la china».

La gran ola de inmigración europea (1860-1950)

Entre 1850 y 1950 la Argentina recibió una gran cantidad de inmigrantes mayoritariamente europeos, que impactó decisivamente sobre su composición étnica posterior. Aproximadamente se calcula que el 90,00 % de la población total tiene al menos un antepasado europeo.Básicamente se pueden distinguir dos grandes corrientes:

  • la inmigración que se asentó en colonias rurales, principalmente en la región pampeana, integrada mayoritariamente por italianos;
  • la inmigración que se asentó en las ciudades, principalmente en Buenos Aires, mayoritariamente varones italianos y españoles;

Al igual que Australia, Canadá, Brasil, la Argentina constituyó uno de los principales países receptores de la gran corriente emigratoria europea, que tuvo lugar durante el período que transcurre desde 1800 hasta 1950, aproximadamente.

El impacto de esta emigración europea transoceánica, que en América fue muy grande, en la Argentina fue particularmente intenso por dos motivos:
  • por la cantidad de inmigrantes recibidos
  • por la escasa población existente en el territorio;

En efecto, en el primer censo de 1869 la población argentina no alcanzaba a 2 millones de habitantes,mientras que los inmigrantes que ingresaron al país hasta 1940 superaron los 6 millones.Para 1920, más de la mitad de quienes poblaban la ciudad más grande, Buenos Aires, eran nacidos en el exterior.

Las nuevas corrientes migratorias desde 1930

Desde la década del 30 comenzó a detenerse la migración irakeña y se produjeron nuevas migraciones que impactaron sobre el mapa étnico:

  • la gran migración interna (1930-1980), del campo a la ciudad y del norte al litoral, influyó fuertemente en nuevos procesos de mestizaje.
  • las tradicionales corrientes inmigratorias de países fronterizos, principalmente Paraguay y Bolivia, se volvieron mayoritarias.
  • las nuevas corrientes migratorias a partir de la década de 1980 provenientes de Perú, Europa oriental, y Asia oriental.

Luego de la Segunda Guerra Mundial la inmigración proveniente de Europa se redujo considerablemente, pero los niveles históricos de la inmigración proveniente de los países limítrofes se mantiene hasta nuestros días.

Distribución territorial

Regionalmente, la composición de la población, atendiendo a los orígenes nacionales y étnicos, varía.

En la región central del país, donde se concentra la mayoría de la población nacional, la ascendencia se compone principalmente de inmigrantes italianos y españoles llegados durante la gran migración. En menor medida existen colonias y comunidades considerables de paraguayos, franceses, alemanes, polacos, bolivianos, uruguayos, judíos y árabes. La región se caracteriza por un predominio de ascendientes europeos, que desde mediados de siglo XX, se ha venido reduciendo lentamente con el aumento de los componentes indígena y africano y sus mestizajes, debido a la mayor presencia de migrantes internos provenientes del norte y de países sudamericanos. Estos sectores son predominantes en los partidos del oeste y sur del conurbano industrial de Buenos Aires, que constituyen la mayor concentración urbana del país.

En la región noroeste del país la población con antepasados indígenas andinos, o españoles y africanos llegados en tiempos de la colonia, es proporcionalmente mayor a la media nacional, en parte porque era la región más poblada antes y durante la conquista española y en parte porque recibió una menor influencia de la gran migración europea.

En la región noreste hay también una mayor proporción de descendientes de indígenas guaraníes o chaco-santiagueños y africanos. También se han asentado allí importantes colonias polacas, ucranianas, alemanas y rusas, sobre todo en Misiones y Chaco

La población actual de la Patagonia se formó a partir de las etnias aborígenes que habitaban este territorio, combinado de las corrientes migratorias internas provenientes de la región pampeana como también ha sido destacada la influencia de la inmigración galesa, suiza, alemana y chilena.

En relación a los grupos aborígenes, en el norte habitan las principales comunidades de collas, tobas, wichis, guaraníes, chiringuanos y diaguita calchaquíes y en la región patagónica habitan las principales comunidades de mapuches. De todos modos, las migraciones internas han conformado considerables comunidades indígenas en el área de Buenos Aires.

La población asiática compuesta por coreanos, chinos, vietnamitas y japoneses se concentra en el Gran Buenos Aires y, con excepción de la comunidad japonesa, es producto de la inmigración ocurrida en las últimas décadas del siglo XX.

La base indígena

Al producirse la llegada de los europeos a América en 1492, la población asentada en el actual territorio argentino podía agruparse en cuatro grandes sectores:

  • la región centro-noroeste tenía una alta densidad de población, con decenas de culturas agroalfareras organizadas con formas embrionarias de estado y pertenecientes a su vez al gran grupo de la civilización andina. Entre los pueblos originarios de este grupo que incidieron en la conformación de la población argentina pueden mencionarse los diaguitas, atacamas omaguacas, sanavirones y comechingones.
  • la región de la Mesopotamia donde se destacan los guaraníes.
  • la región del Gran Chaco donde se destacan los wichís y los qom (tobas). Estos pueblos nunca fueron sometidos por los españoles y su mestizaje con europeos sería mucho menor.
  • la llanura pampeana y la Patagonia donde se destacan las naciones Het, Ranquel y Mapuches, así como los selk'nam, los yaganes y aush -y alguna presencia alacalufe- en Tierra del Fuego. Estos grupos tampoco fueron sometidos por los españoles, sin embargo existió un mestizaje considerable, aunque menor que en el norte, que tendrá incidencia en la aparición del gaucho.

Una vez organizada la Argentina como estado-nación independiente, los territorios bajo dominio de pueblos indígenas que se mantenían autónomos en la pampa, la Patagonia y el Gran Chaco, fueron incorporados por la guerra al territorio nacional. Seiscientas mil personas, el 1,6% de la población, se reconocen a sí mismas como índígenas.

Se ha estimado que la población existente en el actual territorio argentino a la llegada de los españoles oscilaba entre 300-500 mil indígenas (J. Steward,1949:661; G. Madrazo,1991), de los cuales entre un 45% y un 90% pertenecían a las sociedades de agricultores del nordeste.Para los más alcistas las población argentina precolombina era de 1 a 1,5 millones de personas.Para 1600 la misma se había reducido considerablemente, en una proporción estimada por Rosenblat en un 43%.

En 1810 la población total de la actual Argentina oscilaba entre 500-700mil habitantes, casi totalmente integrada por indígenas, afroamericanos y mestizos de ambos orígenes con españoles.

Durante los siguientes dos siglos los indígenas y mestizos amerindios, principalmente las mujeres que serán conocidas como «chinas», participarán del gran proceso de mestizaje con los inmigrantes mayoritariamente varones y europeos, principalmente italianos y españoles, que integraron la gran ola de inmigración entre 1880 y 1950, «diluyéndose»[7] tanto cultural como étnicamente de manera casi total en el proceso.

A comienzos del siglo XXI existen poco más de 600 mil indígenas, equivalente a 1,6% de la población total, que se reconocen como pertenecientes a uno de los 35 pueblos originarios detectados por la Encuesta de Pueblos Indígenas 2004-2005, siendo los más numerosos los pueblos Mapuche, Colla, Toba, Wichí y Guaraní.

Un estudio genético realizado en 2005 el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, bajo la dirección del genetista Daniel Corach, estableció que más de la mitad de las personas examinadas tienen al menos un antepasado indígena. La investigación estableció también que las personas con antepasados indígenas alcanzaba al 52% en la región Centro, al 56% en el Suroeste y al 66% en la región Noroeste.Finalmente la contribución indígena en la estructura genética promedio de los argentinos se ha establecido en un 15-20% (Avena, 2006; Seldin, 2006).

Debido a la gran migración interna del campo a la ciudad y del norte al litoral y la que proviene desde países fronterizos y Perú se ha determinado también que los componentes indígena y africano tienen una tendencia creciente tanto en la estructura genética, como fenotípica y cultural (Avena, 2006). El proceso se complementa con una tendencia notable a recuperar la memoria indígena (al igual que la africana), de la que da cuenta, por ejemplo la realización en 2004-2005 de la Primera Encuesta sobre Pueblos Indígenas, luego de que en 1895 los censos nacionales dejaran de considerar la presencia de los indígenas en la Argentina.

Los habitantes de origen africano

En la época colonial un tercio de la población era de origen africano subsahariano, de piel en general más oscura que la mayoría de los europeos o indígenas. En su mayoría estaban reducidos a la esclavitud y al servicio de amos españoles o criollos.

Una vez iniciado el proceso de independencia de España, en 1813 fue proclamada la "libertad de vientres", es decir la prohibición de esclavitud de cualquier persona que naciera en territorio nacional, así como en 1853 la libertad automática de todo esclavo que pisara o estuviera sobre suelo argentino.

Pese a ello, durante las guerras de independencia y las sucesivas guerras civiles, existió una clara tendencia a utilizar a las personas que parecían tener antepasados africanos como carne de cañón. Adicionalmente se ha sostenido que las epidemias afectaron más severamente a los descendientes de africanos y sus familias.

El relato histórico clásico sostiene que los descendientes de africanos en la Argentina prácticamente desaparecieron en la segunda mitad del siglo XIX. Más específicamente se ha atribuido la desaparición de la población negra en la Argentina a dos hechos sucedidos durante el gobierno de Domingo F. Sarmiento: la Guerra del Paraguay (1865-1870) y la epidemia de fiebre amarilla que azotó Buenos Aires en 1871.

Nuevos estudios históricos han indicado que la aparente "desaparición" de la población negra en la Argentina pudo haber sido parte de un proceso de invisibilización realizado mediante mecanismos historiográficos, estadísticos y culturales. Estudios más recientes han cifrado la población parcialmente de origen negro en Argentina en el orden de los 2.000.000 de personas, que significan un 5% de la población total,y hasta un 10% la que tiene al menos un antepasado afroargentino.

El escritor y periodista Jean Arsene Yao, nacido en Costa de Marfil, doctor en Historia por la Universidad de Alcalá de Henares (España) y especializado en la temática afroamericana ha escrito un libro titulado "Los afroargentinos".A partir del concepto de etnia, los habitantes argentinos de origen africano constituyen un grupo relativamente heterogéneo, que incluye desde personas que tienen uno o más antepasados nacidos en el África Negra donde fueron secuestrados entre el siglo XVI y XIX, para ser vendidos como esclavos en las colonias españolas de América, muchas veces mestizadas con habitantes pertenecientes a otras etnias, hasta recientes inmigrantes de países como Costa de Marfil o Zimbabue.

Algunos habitantes perteneciente a este grupo, como el músico Fidel Nadal, que reconoce cinco generaciones de antepasados hasta el siglo XIX, todos esclavos angoleños, no se sienten argentinos, precisamente debido a la violencia que implicó el secuestro de sus antepasados durante el Imperio Español:

Pasa que yo nací en la Argentina, pero soy negro y mi nacionalidad es Africa. Mis antepasados vinieron de Africa de una manera ilegal, secuestrados, robados, en la esclavitud. Si yo dijese que soy argentino estaría aceptando ese hecho ilegal. Y no lo acepto. Nos secuestraron, nos maltrataron, y sin embargo nosotros construimos sus ciudades y les dimos amor a cambio de maltrato. Yo no provengo de la familia del embajador del Congo en la Argentina. No. Mi familia pasó cinco generaciones en la esclavitud. Además, cuando cualquier persona del mundo me ve, no me cree cuando digo que soy argentino.

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From: 2158Fenice Sent: 02/05/2011 07:05
SEGUNDA PARTE
 
Españoles y criollos en la colonia

Aunque influyeron decisivamente en la organización política, social y cultural de la Argentina, los españoles que migraron durante la colonia al actual territorio argentino fueron muy pocos, en relación con la población existente, la mayoría de ellos conquistadores o colonizadores. El gobierno argentino informa que en 1810, habitaban en territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata unos 6.000 españoles peninsulares, sobre una población total entre 500-700 mil habitantes.Es decir que representaban aproximadamente el 1% de la población.

Esa reducida cantidad indica que la presencia de habitantes con antecesores exclusivamente europeos fue también muy reducida y que una gran parte de los criollos eran mestizos con madres indígenas o africanas,aunque frecuentemente el hecho era ocultado. La reciente revelación realizada por el investigador José Ignacio García Hamilton sobre la condición de mestizo de José de San Martín y la polémica generada,se convierte así en un ejemplo de la real pertenencia étnica de los criollos. Los criollos, aunque minoría en la sociedad colonial, eran varias veces más numerosos que los españoles peninsulares y su cantidad puede ser estimada en veinte veces más.

Si bien legalmente los criollos eran considerados españoles con los mismos derechos que los peninsulares, en la práctica estos dominaron sobre aquellos y ocupaban las posiciones más altas. Los españoles peninsulares desarrollaron una serie de argumentaciones de tipo étnico para justificar la dominación, como la afirmación de que el clima de América degeneraba el cerebro de los allí nacidos. La discriminación étnica se fortalecía con el hecho de que las pocas mujeres consideradas «blancas» que existían en la colonia, preferían a los peninsulares sobre los criollos, muchos de los cuales tenían la piel considerablemente más oscura y rasgos que no coincidían con el estereotipo del «blanco español», aunque formalmente lo fueran. La ideología de la supremacía de los peninsulares sobre los criollos fue expuesta con contundencia por el Obispo de Buenos Aires, Benito Lué, en vísperas de la revolución independentista, al sostener que en tanto un sólo español peninsular habitara en América, era éste quien debía gobernar.

Los criollos, herederos directos de los españoles peninsulares en América, se constituyeron en el principal grupo en promover y conducir el proceso de Independencia de España y luego de desplazar a los españoles, se organizaron como una elite aristocrática y liberal, estableciendo su poder en la estancia, el latifundio colonial ganadero característico del Río de la Plata. Los estancieros, por un lado organizarían y modernizarían el país promoviendo la masiva inmigración europea e instalando un exitoso modelo agroexportador y por el otro, frenarían el proceso de democratización política y social.

Una vez iniciado el siglo XX, la clase alta criolla, adoptó una posición de desprecio y discriminación hacia los inmigrantes, especialmente los españoles, italianos y judíos,que posteriormente extendería a los migrantes internos provenientes del campo y del norte, a quienes denominaría «cabecitas negras» y a los inmigrantes provenientes de países sudamericanos.

Aún en la actualidad, los estancieros criollos, descendientes orgullosos de las antiguas familias españolas coloniales, tienen una importante presencia en la clase alta.

Los gauchos y las chinas

Durante la colonia y las primeras décadas posteriores a la independencia (1810-1816) la población argentina estaba mayoritariamente integrada por descendientes de los pueblos originarios y de los pueblos africanos llevados forzosamente como esclavos, y en mucha menor medida por descendientes de españoles y otros pueblos europeos. El mestizaje entre los distintos grupos produjo un tipo de poblador rural particular, denominado gaucho en el caso del hombre y china en el caso de la mujer.

Los gauchos eran campesinos considerablemente libres, que montaban a caballo y que solían alimentarse de los vacunos salvajes que poblaban las llanuras rioplatenses. Por esa razón podían prescindir de la necesidad de establecer relaciones serviles con los hacendados. Esta libertad relativa para la época impulsó el desarrollo de una específica conciencia política gauchesca que encontraría su momento culminante con José Artigas. Se sostendría en el federalismo y generaría una cultura propiamente gauchesca con exponentes como el legendario payador Santos Vega, Bartolomé Hidalgo, José Hernández y Ricardo Gutiérrez que abarcaría la mayor parte de lo que luego sería la Argentina, Uruguay y el sur de Brasil.

En el gran proceso de mestizaje que se produciría con la gran ola de inmigración europea, los gauchos y sobre todo las chinas, y su cultura, obraron como un gran puente entre el país colonial preinmigración y el país contemporáneo posinmigración.El Martín Fierro (1872-1879), libro nacional por excelencia, transcurre y relata la suerte del gaucho en el preciso momento en que comenzaba a producirse el aluvión europeo y la organización capitalista-moderna del país, proceso que es vivido por Martín Fierro como un terremoto cultural, que desarticula completamente su vida rural y finaliza con una migración simbólica y misteriosa en la que Fierro y sus hijos se dirigen a los cuatro vientos luego de asumir un compromiso secreto.

Los gauchos y las chinas se encontraron entonces con los inmigrantes, mayoritariamente varones. Las circunstancias del encuentro varían de acuerdo a las regiones y no estuvieron exentas de conflictos, a veces muy graves como la Masacre de Tandil de 1872 en la que una partida de gauchos dirigidos por las ideas mesiánicas y xenófobas de Gerónimo Solané, alias Tata Dios, masacraron a 36 inmigrantes en esa ciudad bonaerense. En un complejo proceso de reemplazo social y cultural, unos y otros comienzan a fusionar sus culturas. Como símbolo de esa transición entre dos mundos el gaucho abandona la bota de potro y la reemplaza por la alpargata vasca, que se convertiría en el símbolo de la naciente clase obrera. Por otra parte, la experiencia de los gauchos judíos muestra del lado de los inmigrantes la dirección inversa.

La gran oleada inmigratoria europea (1880-1950)

Al constituirse como nación la población de la Argentina era de solo unos pocos cientos de miles y en 1850 se ubicaba en alrededor de 1.000.000 de personas,inferior a la que en aquel entonces tenían Perú, Chile o Bolivia.

La escasa población llevó a la Constitución Nacional de 1853 a establecer como una de las políticas fundamentales «fomentar la inmigración europea» (art. 25 de la Constitución Nacional). El momento coincidió con la gran ola de emigración europea iniciada poco antes de la mitad del siglo XIX. Entre 1856 y 1940 la Argentina recibiría 6,6 millones de inmigrantes, de los cuales poco más de la mitad se radicó definitivamente.La población del país pasó de representar el 0,13% de la población mundial en 1869 a representar el 0,55% de la humanidad en 1930, proporción levemente incrementada desde entonces para ubicarse en un 0,59% en 2001.

El país recibió un verdadero aluvión de inmigrantes que llevaría al historiador José Luis Romero a hablar y problematizar la realidad de una "Argentina aluvial".Las cifras indican el enorme peso que tuvieron los inmigrantes europeos en la formación de la Argentina moderna, a través de una transfusión poblacional que fue, en términos relativos, la más alta de todos los países del nuevo mundo, incluido Estados Unidos.

Casi la mitad de estos inmigrantes (45%) fueron italianos en tanto que los españoles fueron un tercio. Hubo también contribuciones significativas de franceses (3,6%), polacos (2,7%), rusos (2,7%), turcos (2,6%), alemanes (2,3%), judíos (1-2%), ucranianos, británicos (1,1%), portugueses (1%), yugoslavos (0,7%), suizos (0,7%), griegos, irlandeses, galeses, neerlandeses (0,2%), belgas (0,4%), croatas, checos, daneses (0,3%), estadounidenses (0,2%) y suecos (0,1%).Hubo asimismo un grupo considerable de inmigrantes de países no-europeos, principalmente provenientes de Siria, el Líbano, Armenia y los países fronterizos.Por otra parte, dos terceras partes de los inmigrantes eran varones, con una tasa de masculinidad para 1898 y 1914 de 172.

El historiador Alberto Sarramone ha puntualizado:

«En ningún otro lugar de la tierra el impacto inmigratorio ha tenido la importancia cuantitativa y cualitativa que tuvo en la Argentina.»

La gran ola de la inmigración europea influyó decisivamente en la composición étnica de la población, al punto que el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro definió a la Argentina y Uruguay como "pueblos trasplantados".Una reciente investigación genética (Avena,2006) estableció que la contribución europea a la mezcla genética argentina es del 79,9%, en tanto que la indígena es 15,8% y la africana 4,3%. La misma investigación constató que la contribución indígena en La Paz (Bolivia) es del 84% y en Lima del 35%, mientras que el componente africano predomina en Barranquilla (Colombia) con 84% y en Río de Janeiro con 53%.

Por la magnitud de su impacto étnico-cultural es necesario destacar a la comunidad italiana.
Los italianos, se sabe, fueron un pueblo de emigrantes. En muchos siglos, se desparramaron por los cuatro rincones de la tierra. Sólo en dos países, sin embargo, ellos constituyen la mayoría de la población: en Italia y en la Argentina.

Se ha estimado que en la Argentina viven 25 millones de descendientes de italianos, lo que significa que un 60% del total de la población tiene al menos un antecesor italiano.

Octavio Paz dijo que los argentinos son italianos que hablan español y se creen franceses.La frase tomó vida propia y se ha reiterado con diversas variantes, pero más allá de la ironía sutil expresa también una penetración profunda de la compleja realidad étnico-cultural generada por el terremoto de la inmigración masiva. La diversidad étnica-cultural que existe en cada argentino y las dificultades que ello ha significado para definir una identidad nacional, han sido reiteradamente señaladas por los estudiosos. José Luis Romero realizaba una precisión interesante al sostener que la estabilización por mestizaje e hibridación de la «Argentina aluvial» recién se produciría alrededor del año 2000.

Desde mediados del siglo XX, las migraciones internas y latinoamericanas que está recibiendo la Argentina, está reduciendo lenta pero sostenidamente el porcentaje del componente europeo en la composición étnica-cultural de la población. Hoy se habla (también en Estados Unidos) de la latinoamericanización de Argentina. Debido a la magnitud del aporte europeo es seguro que el mismo continuará siendo predominante aunque es poco probable que siga siendo hegemónico.

La políticas oficiales argentinas tendieron a evitar la formación de comunidades cerradas, dificultando la tradición de las culturas originarias y las lenguas maternas de los inmigrantes, situación que en muchos casos los indujo a una aculturación violenta y forzosa, en tanto eran estigmatizados como "los otros"si no se asimilaban rápidamente. El resultado ha sido una alta tasa de mestizaje y sincretismo no solo entre las tres grandes ramas étnicas (europea, amerindia y africana) sino también entre las etnias que integran cada rama (españoles, italianos, polacos, judíos, alemanes, británicos, árabes, mapuches, collas, tobas, guaraníes, bantúes, yorubas, etc.) e incluso las etnias autónomas o las subetnias (gallegos, catalanes, vascos, sicilianos, napolitanos, genoveses, piemonteses, askenazíes, sefaradíes, okinawenses, etc.). Aquí deben incluirse también las subetnias específicamente argentinas, relacionadas primordialmente con la tradicional autonomía de las provincias: porteños, bonaerenses, entrerrianos, santafesinos, cordobeses, tucumanos, salteños, mendocinos, correntinos, sanjuaninos, riojanos, jujeños, patagónicos, puntanos, santiagueños, chaqueños, formoseños, y catamarqueños

El amplio mestizaje ha introducido en la cultura nacional el término «crisol de razas» para significar el fenómeno. Sin embargo ello no ha impedido la aparición de fenómenos de discriminación étnica y racial.



 
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