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LA OTRA RITA MONTANERNuevos mensajes
 RITA LA ÚNICA,  TAMBIÉN ERA LA PUTA MADRE
YA LUIS CARBONELL  LO HABÍA DEJADO ENTREVER EN TV 
 
  
La Única Rita Montaner, la más genial intérprete que hemos tenido jamás
 
Rita Montaner, (Rita Aurelia Fulceda Montaner Facenda), tambien conocida como La Unica, nació en un barrio de la Habana, Guanabacoa, un 20 de agosto del año 1900  y murió tras una penosa y larga enfermedad,  de cancer en la garganta. Fue una de las más grandes artistas cubanas del teatro, la radio, el cine y la televisión. Como Ernesto Lecuona en el ámbito masculino, Rita Montaner constituye uno de los exponentes más universales de las artistas cubanas..
 
En la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana tuve como Profesor de Historia General a un personaje singular, el Doctor Delio Carrera, que se define como “el único gay que vive en el Pentágono” —porque el edificio espantoso donde vive en Cuba y cerca del Castillo del Príncipe, tiene ese pretencioso nombre.
 
Delio era una fuente inagotable de historiografía cubana no oficial, y entre las anécdotas prohibidas que sólo él lograba mantener vivas estaba la de la verdadera personalidad de Rita Montaner, a quien calificaba como una persona histéricamente celosa, que llegó a extremos demenciales con otras artistas.
 
El caso de mayor trascendencia fue con Josephine Baker. Rita no soportó la presencia de la diva en Cuba y se dedicó a boicotear su presentación en la Habana. El espectáculo de Josephine lo hacía con su esposo, el pianista Jo Bouillon. Ella salía al escenario con un arreglo en la cabeza del que caían pétalos de rosa cuando, con elegancia, inclinaba el cuello mientras cantaba y caminaba de un extremo a otro. Al final del escenario, interrumpía su canto y anunciaba “Damas y caballeros, tengo el gusto de presentarles a mi acompañante y esposo, Messie Bouillon”, mientras su esposo interrumpía su melodía al piano, se levantaba, hacia una genuflexión y besaba la mano de su esposa.
 
Rita, indignada con el revuelo que la artista provocaba en la prensa nacional, montó su variante del espectáculo de la Baker : salía a escena con un cubo de limpiar en la cabeza, con trapeador y escoba incluido  y cuando inclinaba el cuello del cubo caía agua que salpicaba al público.
Al final del escenario, presentaba a voz en cuello a su acompañante: “¡¡mi bollooon!!”.
 
Delio insistía en que la Baker se apareció en el teatro de Rita, se sentó en primera fila y al terminar la burla, le dijo a Rita que le hacía feliz que la mediocridad imitara al arte. Rita le respondió con improperios, insistiéndole en que se fuera de vuelta a su país.
 
En los años 90, la nieta de Rita filmó un documental en Cuba sobre su abuela.
Tuve entonces la oportunidad de que la actriz María de los Ángeles Santana me confirmara en parte la anécdota, aunque dijo ser amiga de Rita y trató de justificar su conducta como un ataque, no contra la Baker , sino contra una prensa servil.
 
Pero el cuento de Delio era cierto: había otra Rita.  Camilo Loret de Mola, si, Rita y Carlos Alberto Montaner son parientes.
 
Ella era la hija bastarda (aunque el hombre después se casó con la madre) de un tío abuelo de Montaner.
Y sí, las frases de “histéricamente celosa” y “extremos demenciales” son perfectas para describirla.
 
Era, en el terreno profesional, monstruosa, y ya hace un tiempo hice el cuento (aquí o en los Miquis, no sé) de lo que dijo de Olga Guillot e Isolina Carrillo — pura infamia y mala leche, pero, hay que admitirlo con cierta gracia… la gracia del diablo.
 
Otra que despertó sus celos enloquecidos, años antes de la Baker , fue la maravillosa cantante yucateca Toña la Negra , que era muy popular en Cuba . Cuando la llevaron a la isla con bombo y platillo para presentarse en la radio y el teatro, Rita se encargó de propagar chismes horribles sobre ella y amenazó de tal forma a la emisora, así que los dueños cortaron el contrato de Toña antes de su término acordado. Así era Rita de mala y poderosa.
 
Pero este tiro le salió por la culata a la mulata — Pocos años después, cuando se supo que se iba a filmar la superpopular serie  “El derecho de nacer” en México, Rita movió cielo y tierra para que le dieran el papel de Mamá Dolores, que parecía pintado para ella. Además, ella era muy conocida en México y había hecho allá varias peliculas allá.
 
Cuando los productores ya la tenían casi contratada, Toña la Negra empezó por su parte a contarle a todo el mundo lo que le había hecho Rita en Cuba  y le viró a la prensa y los artistas contra ella. La oposición fue tan grande que los productores mexicanos tuvieron a última hora que retirarle la oferta y contrataron a Lupe Suárez, la actriz que lo había hecho en radio, pero que no era muy conocida (y lo hizo bastante bien).
 
Otro horror de Rita — una noche a la salida de CMQ, a mediados de los 50, luego de haberse presentado en un programa “Cascabeles Candado”, Rita se encontró en el vestíbulo con Sonia Calero, muy joven en ese entonces y quien era bailarina del canal.
 
El affaire de Sonia y Alberto Alonso (quien dirigía el ballet CMQ) estaba en boca de todos, aunque él estaba casado con otra señora.
 
Sonia, inocente y entusiasta, se acercó a Rita y con toda sinceridad le dijo:
“¡Ay, Rita, pero qué bien ha estado usted esta noche!”
 
La Montaner , pensando que todo el mundo era tan malo como ella, creyó que la frase era una burla de Sonia (típico de los esquizofrénicos), y allí mismo, delante de todos, le espetó: “Oye, chiquita, ¿pero tú te crees que te vas a reír de mí?
Mira vete al carajo… ¡singadora de pingas enanas!”, imaginándose las proporciones íntimas de Alberto a partir de su corta estatura.
 
Trayectoria artistica de Rita Montaner:
Realizó estudios de música en 1910 en el Conservatorio de Música y Declamación de La Habana Eduardo Peyrellade, con Carmelina Pascual, solfeo; Pablo Meroles, teoría de la música, armonía, piano, y canto; en Nueva York fue discípula de canto del profesor italiano Alberto Bimboni.
 
El 16 de marzo de 1922 participó en los Conciertos de Música Típica Cubana organizados por el compositor Eduardo Sánchez de Fuentes, acompañada por la orquesta dirigida por el compositor Gonzalo Roig. El 10 de octubre del mismo año, actuó en la inauguración de la radioemisora PWX, con la orquesta dirigida por el compositor Luis Casas Romero.
 
El 28 de enero de 1923 se presentó en el Teatro Nacional (Gran Teatro de La Habana) en el Festival de Canciones Cubanas organizado por Sánchez de Fuentes; el 27 de febrero del mismo año lo hizo en el teatro Luisa Martínez Casado de Cienfuegos, y el 22 de marzo, en el teatro Principal de la Comedia, en un concierto de música sacra organizado por Néstor de la Torre. En la Sala Falcón de La Habana, cantó con Lola de la Torre el dúo de la ópera La Gioconda, de Amilcare Ponchielli. Sobre su interpretación de esta obra, dijo Alejo Carpentier:
 
«...La señora Montaner nos llamó la atención por su timbre de voz exquisito, que acaricia el oído, así como por su mucha seguridad al atacar las notas altas y su escuela inmejorable.»
 
El 9 de octubre actuó en el Festival de Música Cubana organizado por el periodista Guillermo de Cárdenas y el pianista y compositor Ernesto Lecuona, quien la acompañó al piano. El 15 de junio de 1924, cantó Marita, a dúo con el compositor Alejandro García Caturla, de Jorge Anckermann, acompañada por la Orquesta Sinfónica de La Habana, dirigida por Gonzalo Roig; el 28 de septiembre, interpretó, en el Teatro Campoamor, los cinco lieder del compositor Guillermo M. Tomás: El pescador, Yo quiero ser, Duerme y sueña, Jamás y Yo soy morena, yo soy ardiente, acompañada al piano por Natalia Torroella.
 
El 2 de marzo de 1926, interpretó el aria de «Un bel di vedremo» de la ópera Madame Butterfly, del compositor italiano Giacomo Puccini, y del mismo compositor, cantó el aria «Mi chiamano Mimi», de la ópera La Bohème.
 
En 1926 viajó a Nueva York, donde trabaja con la compañía Follies Schubert en el cuadro español, Una noche en España, y en el Teatro Apolo, lo hace con el violinista Xavier Cugat; después de seis meses de actuación en esa ciudad, regresa a Cuba.
 
El 29 de septiembre de 1927, estrenó en el Teatro Regina (Cine Jigüe), el sainete Niña Rita o La Habana en 1830, de Lecuona y Eliseo Grenet, con texto de Riancho y Castells, donde representa el personaje de José Rosario, calesero, e interpreta el, después famoso, tango congo ¡Ay!, Mamá Inés; además, ese mismo día actuó en La tierra de Venus, con música de Lecuona y texto de Primelles, en la que interpreta Siboney.
 
El 4 de enero de 1928, desempeña el personaje de Ángela Didier, de la opereta El conde de Luxemburgo.
 
En 1929 viajó a París en compañía de Sindo y Guarionex Garay, el pianista Rafael Betancourt y los bailarines Carmita Ortiz y Julio Richard. En esa ciudad actuó en el Palace, en él interpretó Siboney, Carabalí y ¡Ay!, Mamá Inés. Sustituyó a Raquel Meller. Sobre sus actuaciones en París, dijo Alejo Carpentier: «No puede negarse la influencia que tuvo, el año pasado, la actuación de Rita Montaner, en esta invasión de aires tropicales.
 
Rita Montaner, en el dominio de lo afrocubano, resulta insuperable. Es, en su género, intérprete tan fuerte como pudo serlo, en el suyo, una Florence Mills. Con ella nos situamos lejos de la lánguida dilettante vocal, que canta criollas melosas entornando los ojos y crispando los dedos sobre un abanico ochocentista. Rita Montaner se ha creado un estilo: nos grita, a voz abierta, con un formidable sentido del ritmo, canciones arrabaleras, escritas por un Simons o un Grenet, que saben, según los casos, a patio de solar, batey de ingenio, puesto de chinos, fiesta ñáñiga y pirulí premiado.
 
Rita Montaner tiene el gran mérito de haberse especializado en la interpretación de ese folklore, calificado por algunos de bárbaro y poco elegante. Gracias a ella, sus compositores favoritos, Simons, Grenet, y otros, pueden ver sus canciones puestas en valor de modo admirable.» Y en otra crónica apunta Carpentier: «En pocos años, Rita Montaner alcanzó una popularidad extraordinaria. Creó un estilo, imitado hasta la saciedad. En épocas de tensión política, todo el público de la isla estaba atento a las coplas que cantaba La Chismosa, personaje de su creación. Y, a medida que pasaban los años, su voz adquiría en elocuencia, en poder de expresión, lo que el tiempo le restaba de frescor...
 
Es probable que la máquina trituradora de talentos que es la radio, la haya llevado a prodigarse demasiado, poniendo su personalidad al servicio de emisiones más o menos mediocres. Pero Rita era Rita, y la Rita de Ogguere, de Negro bembón, de Chivo que rompe tambó, se resolvió, no hace mucho tiempo, a asombrar a quie¬nes tal vez la creyeran próxima al ocaso. Volviendo a la partitura seria, se dio a interpretar una ópera de GianCarlo Menotti con tal dominio de sus medios, con tanta autoridad y fuerza dramática, que el acontecimiento tuvo, para muchos, el valor de una revelación tardía. Rita Montaner desafiaba magníficamente el paso de los años, mostrando que nada había perdido de su personalidad.» A su regreso a Cuba, se presentó en el teatro Encanto, y posteriormente en el Payret, Nacional (Gran Teatro de La Habana) y Campoamor.
 
Rosita Fornés y las diferencias con Rita Montaner:
En su libro biografico, Rosita Fornés cuenta su relacion con la Montaner y las diferencias que tuvieron. Rosa cuenta que cuando debuto en la corte suprema,a finales de la década del treinta,ya Rita era Rita.Tenia una calidad vocal y unas facultades histrionicas excepcionales.Podia hacer dentro del arte lo que ella quisiera porque, simplemente, estaba tocada por la mano de Dios.Lo que ella actuara ,lo que ella cantara,parecia destinado al éxito.
 
El publico la adoraba como se adora a una diva y ella respondia a su público con toda su alma.
El gran enemigo de Rita fue siempre su carácter.  Cuando montaba en cólera podia pasar,en un segundo, de la dulzura más etérea al exabrupto más soez.
 
Muchos productores y artistas le temian. Aunque fue una mujer extraordinariamente bella, llevaba por dentro el dolor de ser mulata.
 
Los blancos la adoraban pero ella siempre sintió la segregación,su gran complejo le hacia ver fantasmas
donde no los habia y se hacia eco de las murmuraciones y de los chismes que le contaban.Respeto a mi,parece que alguien le vino con algún chisme de que yo trataba de imitarla, o que habia dicho algo en su contra, cosa por demás que nunca hice.
 
Lo cierto es que nos distanciamos. Rita recelaba de las figuras que iban surgiendo,siempre estaba en guardia contra la minima sombra de competencia.. Ella que no tenia rival.
 
En el 52 se inauguró Radio Mambi en el paseo del prado .Unos meses despúes,su director me llamó para participar en un homenaje a una gran figura cubana,pero no me dijo el nombre.Cuando llegué al estudio me enteré de que la homenajeada era Rita,en cuanto tuve la oportunidad me acerqué al director y le dije:¨ ¿Pero cómo se te ha ocurrido envitarme?.. ¿No sabes que Rita se cree mi enemigaa unque yo no le he hecho otra cosa que admirarla?
 
Realmente sentia temor de que Rita llegara y me lanzara alguna indirecta o me dijera algo ofensivo.A otras , con razón o sin ella, las habia fulminado en público con ironias cortantes que elaboraba con agilidad increible. En eso pensaba cuando hizo su entrada saludó,agradeció los aplausos y se sentó en primera fila.
 
Lentamente, como por diversión, dejó correr la vista por los invitados y se detuvo en mí, con fijeza,como preguntandome: ¿Y tú qué haces aquí?
 
Esperé impaciente por mi turno de aparición y cuando me correspondió, me paré delante del micrófono y dije que me sentia muy honrada en participar en el homenaje a la artista más grande que había dado este país en los últimos tiempos; Rita Montaner,una mujer que habia admirado siempre.
 
Al terminar mi actuación volvi a mi lugar. Entonce habló ella.
Dijo algo así como que le habían extendido un guante blanco, que lo recogía y lo agradecía.Luego cambio de tema.
 
Algún tiempo después me llamó a la casa, se confesó admiradora mía y comenzó a invitarme a sus programas. Durante su internamiento en el hospital Curie fuí a verla varias veces.
 
Rita vivió sus últimos años obsesionada con la idea de que alguien envidioso de su fama y de su nombre, le habia hecho daño hasta llevarla a la muerte ...Esa idea la tenia fija,muy fija.
 
La muerte se la llevó a la leyenda:
Rita Montaner, fue hija de un blanco y una mulata creció en un ambiente mezclado por la cultura europea y la africana. Comenzó sus estudios de piano en el Conservatorio Peyrellade, en el cuál obtuvo la Medalla de Oro con solo 13 años de edad. Se graduó de piano, canto y armonía en 1917. Al graduarse se dedicó al canto aunque muchos le decían que tenía un buen futuro en el piano.
 
Fue la primera voz femenina de la radio cubana. Compartió escenario con prestigiosas figuras del escenario cubano e internacional. Algunos de los mejores compositores de la época escribían partituras especialmente para ella como es el caso de Gonzalo Roig con Cecilia Valdés, Moisés Simons con El manisero, Eliseo Grenet con Ay Mamá Inés, Ernesto Lecuona con El cafetal, Gilberto S. Valdés con Ogguere entre otros. Su arte recogió muchas de las plazas del mundo como Estados Unidos y Europa.
 
Viaja a París para presentarse en el Teatro Olimpia en 1928 y posteriormente es contratada para sustituir a la actriz Raquel Meller en el Palace. Además participa en el espectáculo de la vedette Josephine Baker. Después de una breve estancia en Cuba viaja para Estados Unidos para cantar en Wonder Bar de M. Jolson.
 
En el año 1935 protagoniza un espectáculo creado por Gilberto Valdés en el Teatro Principal de la Comedia. En el mismo interpreta temas como Sangre Africana, Bembo, Tambó y Oggere. Posteriormente filma la película Romance en el Palmar. Ese mismo año es escogida como la Reina de la Radio. Otros filmes filmados por ella son María la O en 1949 y La Única en 1954. Canta en el cabaret Mulgoba con el artista Bola de Nieve, y posteriormente en el Tropicana donde se mantiene por 9 años.
 
Su mayor desarrollo fue como cantante de arte lírico con grandes habilidades y versatilidad interpretativa que iban desde Mamá Inés, estrenada por ella en la zarzuela Niña Rita, en 1927, hasta La Medium y El teléfono, del italiano Gian Carlo Menotti interpretadas por ella en 1955. Además de destacarse como actriz, interpretaba de una forma delicada bellas canciones como Canción azul y Siboney, escritas por Lecuona, las cuales grabó en 1928.
 
En los años 40 y los años 50 incursiona en numerosas películas mexicanas, particularmente las del llamado Cine de Rumberas.
 
Murió víctima del cáncer, en La Habana, un jueves 17 de abril de 1958.. ¡De ampanga la señora!
 

 
 
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