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General: En Memoria a La Eterna cantante cubana La Lupe
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Reply  Message 1 of 6 on the subject 
From: SOY LIBRE  (Original message) Sent: 31/08/2015 17:33

 
 
 
LA  LUPE 
No usó drogas ni se quitó la ropa en televisión
 
untitledalgo_nuevo_de_la_lupe.jpg (584×577)
El boricua Juan Moreno Velázquez, biógrafo de Lupe Yoli,
habla sobre la cantante a raíz de otro aniversario de su muerte.
EN MEMORIA A LA ETERNA CANTANTE CUBANA LA LUPE.
              Por Michel Suárez | Madrid | Diario de Cuba
El 28 de febrero de 1992, hace 20 años, La Lupe moría en el hospital Lincoln, del Bronx neoyorkino. Fue el fin de un largo recorrido que se inició en los clubes de La Habana, continuó con su expulsión de Cuba en 1962 y pasó en Estados Unidos por el incendio de su hogar, la invalidez de su cuerpo, la muerte de su esposo y la pérdida de la fama, después de haber sido considerada "reina de la música latina".
 
Juan Moreno Velázquez, autor de Desmitificación de una diva: La verdad sobre La Lupe (Norma, 2003), valora algunas de sus facetas.
 
Se dicen muchas cosas sobre la vida de La Lupe. Comencemos hablando de alguna de la que se hable poco y que usted haya descubierto en sus investigaciones....
 
Su nombre es Lupe Victoria Yolí Raymond, no Guadalupe Victoria, como dicen muchos. Su madre era fanática de la actriz mexicana Lupe Vélez, y le dio ese nombre. También, el padre de su hija Rainbow no es Willie García, como dicen muchos, sino Mario Di Frisco (Mario Changó), un conguero santero que Lupe conoció en Nueva York por medio de un babalawo. La última ocasión que le vi, hace algunos años, Di Frisco se había convertido al cristianismo y trabajaba con drogadictos en Puerto Rico.
 
A propósito, usted insiste en su libro en que La Lupe no consumía drogas. ¿Qué dicen unos y otros sobre este tema?

La Lupe era un acto sensacional, y los actos sensacionales necesitan de una explicación también sensacional. Yo siempre pensé, al igual que decía el mito, que Lupe era una consumidora de heroína, pero a través de múltiples personas que verdaderamente la conocieron, como Tito Puente, Mongo Santamaría, Ismael Miranda, Mario Di Frisco y amigos de mucho tiempo, una imagen diferente afloró sobre la diva cubana.
 
Estoy plenamente convencido de que La Lupe no era consumidora de drogas, y más bien sufría de un espiritualismo desenfrenado. Todavía hoy son muchos los que dicen y cuentan historias, pero a la hora de la verdad nadie me ha confirmado que la vio consumiendo drogas, o que compartió el uso de drogas con ella.
 
También desmiente que se quitara la ropa ante las cámaras de la televisión. ¿De dónde y por qué nacieron estas historias?

Lupe fue tal vez la primera artista en cambiarse el vestuario durante una presentación, pero era una mujer educada y, aunque alocada en su actuación, eso de quitarse la ropa no era verdad.
 
6a00d83452496169e200e54f143f548833-800wi.jpg (600×476)
En la televisión de cubana.
Lo que sí ocurrió fue que en un viaje a la República Dominicana, para ayudar a los damnificados del huracán George, que reunió a un grupo de artistas residentes en Nueva York, a La Lupe se le rompió un cintillo de su vestido y se le salió un seno durante su presentación. La Lupe, sin darse cuenta del problema de vestuario, continuó cantando frente a las cámaras. Era una presentación vista por millones de televidentes, y de ese incidente surge este mito.
 
En su opinión, ¿qué hizo que Celia Cruz lograra imponerse durante décadas en el mercado latino, mientras que La Lupe murió prácticamente fuera del sistema?
 
Claramente hubo dos sucesos y tres situaciones: uno fue su lealtad hacia Morris Levi, dueño del sello Tico, que la hizo rechazar en dos ocasiones a Jerry Masucci, presidente del sello Fania. Ese rechazo le costó caro cuando le tocó su turno en la Fania.
 
En segundo lugar, cuando Lupe estaba encinta de su hija Rainbow, decidió tomar un receso de la vida artística para ser madre a tiempo completo. Eso ocurrió en el peor momento, ya que Celia aprovechó su oportunidad con la Fania mientras Lupe estaba en su rol maternal. Fue costoso para ella darse cuenta de que en el mercado musical latino solo había cabida para una reina, y la reina de la canción latina fue suplantada rápidamente por la reina de la salsa. Un fenómeno que describo como "Dos reinas, un trono".
 Finalmente, el carácter de Celia, profesional, alegre y apacible, fue más a tono con el momento histórico que el de Lupe, que era controversial y agresiva en su trato.
 
Artísticamente hablando, ¿cuál fue su mejor etapa?
 
Indudablemente, el final de la década del sesenta fue la etapa donde Lupe dominó el mercado musical. Esa era podría describirse como "Arroz, habichuelas y Qué te pedí".
 
Lupe estaba en su total apogeo, y recuerdo que su cancionero dominaba todas las estaciones de radio en mi natal Puerto Rico. Yo era un niño, y recuerdo que cambiar de estación a estación era pasar de un tema de Lupe a otro.
 
¿Hasta qué punto su religiosidad fue positiva o negativa para su desarrollo como artista?
 
Todos los seres humanos pasan por una serie de cambios durante sus vidas, y Lupe no fue la excepción. Está claro que su transición religiosa la sacó de su dependencia a los babalawos, que abusaron mucho de ella en aquellos tiempos, especialmente en lo económico. Pero muchos piensan que la religión la salvó del vicio de las drogas, y la verdad es que la droga nunca fue un problema.
 
Su espiritualidad desmedida, y los abusos de los babalawos y algunos santeros, era verdaderamente su problema.
 
¿Cómo califica el modo en que Cuba y los cubanos se han relacionado con la figura de La Lupe en los últimos 50 años?
 
Verdaderamente, no estoy empapado sobre cómo el legado de Lupe sobrevivió su época en el club La Red, en Cuba. Está claro que ese fue un tiempo donde ella no favorecía a la revolución cubana, y abiertamente criticaba a Fidel Castro. Se dice mucho, pero no es concreto. Sin embargo, Lupe siempre vendió más que Celia, incluso cuando ya había fallecido. La fascinación de algunos con La Lupe trascendió el tiempo.
 
Ahora bien, Celia es la persona de nacionalidad cubana más conocida en el mundo, luego de Fidel Castro, y el exilio se identificó claramente con ella, al igual que ella con el exilio. Cada una a su manera, ambas encontraron un nicho dentro de la comunidad cubana que ampliamente trascendió sus carreras y sus vidas.
 Es indudable que estas dos damas de la canción cubana son grandes en talento y expresión. Por cierto, a Celia Cruz la conocí bien, porque escribí un libro sobre ella. Siempre consideré que Lupe y Celia eran las dos caras de una misma moneda musical.
¿Qué ha sido de la familia de La Lupe en EE UU y Cuba?
 
Sus hijos Rainbow y René viven en Nueva York. Su madre regresó a Cuba. Su padre fue un ejecutivo de Bacardí y un cotizado receptor en el béisbol cubano, de nombre Tirso Yolí.
 
Usted primero editó un libro y ahora prepara la película. ¿Ya tiene actriz? Es muy difícil representar a La Lupe, ¿no?
 
Escribí el libro Desmitificación de una diva: La verdad sobre La Lupe y fue publicado por la editorial Norma. Los derechos filmográficos los adquirió La Lupe Productions, una compañía de la actriz boricua Lauren Vélez. Está claro que La Lupe es inimitable. Me parece que el éxito de cualquier trabajo sobre esta increíble artista ha de basarse en presentar su esencia humana, mucho más que en imitar su estilo y su voz.
 
La vida de La Lupe, a pesar de su alocado estilo durante un período, guarda un profundo mensaje de desarrollo humano y de crecimiento espiritual. Lupe fue un ser humano generoso y súper talentoso, y la historia de su vida debe presentar a cabalidad ambas facetas, para verdaderamente ser exitosa.

 
 


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From: SOY LIBRE Sent: 31/08/2015 17:39

 
 
LA LUPE  PURO TEATRO

 

OTRA GRANDE DE CUBA
“Creo que le gusto a la gente”, le dijo La Lupe a la revista Look en 1971, “porque hago lo que ellos quisieran hacer, pero no hacen porque no son libres”. Es cierto que hay quienes dirían que la Yi Yi Yi—una de las cantantes más electrizantes que jamás hayan fulminado por el Planeta Tierra—era la pura encarnación del espíritu libre; y otros dirían que simplemente estaba poseída. Literalmente. No sorprendería a nadie si lo estuviera, dada la tendencia de esta vocalista voluptuosa de tirarse contra las paredes en el escenario, arrancarse la ropa, tirarles sus zapatos y sus joyas a los músicos de su grupo, arañarse y rasgarse a sí misma, y todo esto mientras orgásmicamente cantaba a toda voz, como si estuviera en un trance. “¡Yo canto con delirio!” cantó una vez, y así lo hizo, convirtiendo cada canción en un drama total. Algunos la criticaron por vestirse como una prostituta, mientras otros abrazaron su evidente sexualidad. Sus presentaciones en el escenario y grabaciones en discos reflejaban su tumultuosa vida personal y fueron, de hecho al igual que el nombre de una de sus canciones más famosas—puro teatro.
 
Un crisol de Eartha Kitt, Edith Piaf, Olga Guillot, y Nina Simone, la voz tempestuosa- mente elástica de la cantante podía a la vez mimar e incinerar a cualquier género. Ya fuera interpretando boleros o sones montunos, canciones pop o cantinelas del rock-and-roll, clásicos del jazz o números de Broadway, La Lupe simplemente no podía contener la música dentro de sí misma, y nadie—sea Fidel Castro, Mongo Santamaría, Tito Puente, o Morris Levy jamás podría, sin importar lo mucho que intentara, domar su energía filarmónica. Era un desgarrador juego entre el impulso y la artesanía, fuese su plataforma la calle, el club, o la sala de conciertos. El drama musical de tal nivel le permitió viajar el mundo y, según informes, atrajo a celebridades internacionales y sofisticadas como Marlon Brando, Ernest Hemingway, Simone de Beauvoir, Tennessee Williams, Picasso,

Jean-Paul Sartre la cortejo, pero todos aquellos que la vieron en persona—desde la gentuza hasta la realeza, jóvenes o viejos, ya fuese en su Cuba natal, en los Estados Unidos o en América Latina—no eran capaces de olvidarla. ¿O lo fueron? Miles asistieron a sus shows desde el Birdland hasta el Palladium, de Carnegie Hall a Madison Square Garden y millones de fanáticos compraron sus discos; millones más la vieron en la televisión. Pero sin embargo, a pesar del renombre y de haber sido coronada la “Reina del Soul Latino”, y a pesar de haber grabado dos docenas de dinámicos álbumes, una de las artistas más carismáticas del siglo XX murió como una mendiga.

Érase una vez, mucho antes de que el popular anfitrión de televisión Mike Douglas la presentara como una leyenda cuyo estilo era “sexo, fuego, soul, y vudú, mucho antes de que la revista Look declarase que “comparada con ella, Jane Birkin suena como una perrita”, mucho antes de que se le asociara con drag queens y drogas, y antes de que una publicación cubana declarase que ella era “un caso psicosomático que divide a Cuba en dos”, y definitivamente eones de cultura popular antes de que las masas se volvieran locas por el linaje de La Lupe (Lady Gaga), La Lupe, cuyo nombre verdadero era Lupe (aunque hay quienes dice que fue Guadalupe) Victoria Yoli Raymond, nació en San Pedrito, un pueblo en la parte sur de Cuba, cerca de Santiago de Cuba. Parece que se ha llegado a un acuerdo sobre el día de nacimiento de La Lupe—el 23 de diciembre—sin embargo, quizás de manera digna de una figura tan controversial, el año específico de su nacimiento parece ser tema debatido. La mayoría de las fuentes dicen que es 1936 o 1939. Metraje de archivo del funeral de La Lupe muestra el año 1936 como la fecha anotada en su ataúd, mientras la lápida de La Lupe en el cementerio St. Raymond en el Bronx cita el 1939 como el año de su nacimiento.

Su pueblo natal era tan rural que ella comentó, “Nací en un pueblo tan pequeño que nadie lo conocía hasta que yo me fui”. En el excelente documental de Ela Troyano para
PBS, La Lupe – Queen of Latin Soul, Norma Yoli, la hermana de Lupe, la describe como “simplemente otra niña negra a la que nadie prestaba atención y a quien le encantaba meterse en la [fila de] conga y bailar”. Por otra parte, la joven Lupe se inspiró a cantar tras ver una presentación en televisión de Edith Piaf. Aunque la música le atrajo desde tem- prana edad, los padres de Lupe le insistieron que ejerciera una profesión más estable la de maestra y obedeció sus deseos, aunque le resultó difícil resistir su burbujeante pasión, especialmente cuando su familia se mudó a La Habana cuando La Lupe era una adolescente. Allí estudiaba por el día y comenzaba a cantar por las noches.

Tras ganar un concurso cantando como la conocida cantante de boleros Olga Guillot, Guillot la animó a cultivar su propio estilo, lo cual se propuso hacer dentro del mundo de los clubes nocturnos de la Habana. “La Habana de La Lupe [del 1957 al ’60] contaba con el ambiente nocturno más grande del mundo”, dice el musicólogo cubano Helio Orovio en la película de Troyano. “Lupe era un fenómeno de su época, y era una época de locura...

La Lupe absorbió todo aquello y lo lanzó hacia afuera”. De hecho, el ambi- ente de fiesta nocturno de la Habana antes de Castro fue infame por su creatividad y exceso, y pronto La Lupe llegó a formar parte de un trío llamado Tropicuba, un grupo que le brindaría a la cantante su primer gustazo de popularidad profesional, además de su primer esposo. Luego de que su marido la engañara con la otra integrante de Tropicuba, el turbulento matrimonio y el grupo—no duraría más y ello marcaría el comienzo de una serie de relaciones abusivas para La Lupe, relaciones que muchos creyeron ser el com- bustible de su candente personalidad en el escenario a través de su carrera.

Así es que La Lupe se lanzó al mundo sola, consiguiendo presentarse en un club llamado La Red, y acumuló un grupo de leales seguidores presentándose siete veces cada noche por $28 a la semana. “Ella hacía algo, y si al público le gustaba, lo repetía”, recordó en el documental de Troyano Homero Balboa, su pianista en aquel momento. “Si me pegaba en
la cabeza con un zapato y se reían, me pegaba todas los días... En aquel entonces teníamos a los hippies y a los existencialistas. Y ese público la acogió inmediata- mente. La gente que se ponía la camisa al revés, esa era su audiencia”. Sin embargo, sus compañeros músicos no eran los únicos que soportaban tales abusos, ya que La Lupe se arrancaba el pelo, se mordía, y se flagelaba por todo el escenario. “Se rasgaba el vestido. Se sacaba un seno del vestido y lo golpeaba contra el micrófono”, recordó un cliente de La Red en un artículo en la revista New York en 1969. “Ella era muy femenina y macha a la misma vez—agresiva, irreverente”, añade el musicólogo Orivio en la película de Troyano. “Ella fue como un tipo de antecedente a los raperos... Hablaba, gritaba, se lanzaba contra la pared, y la música seguía tocando. La música seguía en una dirección y ella en otra. Pero toda esa incoherencia tenía sentido”.

En 1960, tendría tanto sentido que a los 22 (ó 23) años firmaría un contrato con la disquera afiliada de RCA, Discuba Records. Los dos LPs, Con el Diablo en el Cuerpo y La Lupe Is Back, establecerían más o menos el esquema musical que seguiría a través de su carrera cantando en “spanglish”, el cual mezclaba conocidas canciones pop como “Fiebre” (“Fever”) con crudas descargas indígenas. Y aunque su primer LP fue probablemente titulado así por el extático tema principal escrito por Julio Gutiérrez, y no (necesariamente) por la tendencia de La Lupe de aparentar estar “poseída” en el escenario, no se podía culpar al público consumidor si, luego de ver en ambos lados del álbum las imágenes de la mujer claramente transfigurada, quizás pensaron que el diablo se escondía en las ranuras de vinilo del disco. Pero justo cuando La Lupe comenzaba a revolucionar lo que podía lograr una cantante femenina (y para colmo, negra), su estrella fue eclipsada por una fuerza aún más poderosa, a quien algunos miraban como el salvador, y otros como el diablo supremo.

“[Fidel Castro] dijo que yo le estaba robando atención a su revolución, y dijo que me tenía que ir”, le dijo La Lupe a Rolling Stone en 1972. “Cuando hay revolución, no puede andar por ahí alguien como [Beny Moré] o como yo. Le quitamos toda la atención. Yo existo para todos, no me limitan las revoluciones, ¡soy para todo el que tenga soul!” Y así, en 1962, La Lupe se llevó su soul rumbo al norte, primero a México, luego a Miami, y luego a la Gran Manzana, donde se halló sin pompa ni circunstancia rogando por la oportunidad de presentarse junto a todos los otros desconocidos que también esperaban su gran oportunidad.

Por suerte para La Lupe, su gran oportunidad se presentó vía un compatriota exilado conocido por los tórridos ritmos que creaba con sus manos. “Ella era famosa en Cuba, pero eso no importaba aquí”, recordó el ahora fallecido Mongo Santamaría en el documental de Troyano. “No tenía nada, nada, nada. Donde yo iba, ella venía conmigo; se sabía todas las canciones que yo tocaba. Hay una parte de ‘Watermelon Man’ en donde ella grita y cuenta esos chistes suyos. Y el promotor me dice, ‘Mongo, si esta mujer va a seguir con esto, vamos a ponerle un micrófono’. Yo le dije, ‘Yo no la voy a echar de aquí. Ponle un micrófono’”. Fue así como en muy corto tiempo La Lupe no sólo se convirtió en parte de una banda popular, sino que su voz extática formaba parte del hit más grande de la carrera de Mongo, una cubierta estilo boogaloo de “Watermelon Man”, de Herbie Hancock para Riverside Records y un éxito que la llevaría a estrenar su propio “semidebut” en los Estados Unidos, Mongo Introduces La Lupe. Lanzado justo antes de que Riverside se fuera a la quiebra, su mezcla de jazz latino, mayormente instrumental, y las vocalizaciones al margen de Lupe resultaron, en el mejor de los casos, en un lanzamiento suave. No obstante, su foto y su nombre terminaron en la portada de un LP y le dieron una excusa para irse de gira.

“Cuando ‘Watermelon Man’ estaba caliente, recorrimos el circuito teatral negro, co- menzando con el Apollo, y La Lupe vino con nosotros”, recuerda Marty Sheller, entonces un joven trompetista y naciente arreglista para la banda de Mongo. “Mongo siempre fue extremadamente popular en Nueva York, y en el Apollo tocábamos un par de números y sacábamos a La Lupe. Entonces se involucraba tanto en el acto, se ponía tan febril, que se mordía los costados de las manos y se pegaba. Y cuando la cosa se ponía caliente y Mongo se adentraba en su solo, ella se paraba como a 15 metros y salía corriendo, caía de rodillas y se deslizaba hasta llegar a las congas mientras Mongo seguía tocando. ¡A la gente le encantaba! Ahora bien, los muchachos que trabajaban como tramoyistas en el Apollo habían presenciado tanto ya que nada los sacudía—¡y ella los sacudió! El último número que interpretaba era ‘Afro Blue’, y ahí estaba Mongo tocando su solo, y ella estaba en su trance, como una loca, y se iba pisoteando hacia un lado del escenario y los tramoyistas aguantaban el telón, y se les podía escuchar diciendo, “¡Ahí viene esa tipa loca! ¡Cuidado, que te pega!”

Tales locuras salvajes sirvieron para aumentar el número de historias y la cobertura que rodeaban a La Lupe, de manera que otras estrellas latinas comenzaron a prestar atención. “Mongo quería salir del circuito de los ‘cuchifritos’”, explica Sheller. “Así que empezó a presentar más jazz, y a La Lupe no le interesaba eso. Ella ya comenzaba a adquirir popularidad. Entonces fue cuando se unió a Puente, y su carrera se lanzó a la estratosfera”. Mongo, quien había sido por mucho tiempo un príncipe de la percusión en la orquesta del Rey del Timbal, le aconsejó a Lupe que se fuera. Irónicamente, Puente había sido uno de los que La Lupe in Cuba at Club La Red, El Vedado, 1959.Al principio dudaban del talento de La Lupe, pero ahora la estaba cortejando. “Cuando la escuché junto a Mongo por primera vez, no me interesó su estilo”, Puente le dijo a Rolling Stone en 1972. “Ella le llamaba soul, pero yo le llamaba gritería. Entonces escuché un día un disco de Lupe, y me impresionó. Pensé que sería bueno tratar de trabajar con ella, y ver si la podía desarrollar. Yo fui el que consiguió que cantara su primer bolero, ‘Que Te Pedí’, y se convirtió en su primer gran éxito”. El tema, escondido en el medio del lado B de la magistral colaboración de 1965 entre Tito y La Lupe, Tito Puente Swings – The Exciting Lupe Sings, fue de hecho uno que realmente quemaba a fuego lento, uno de tres boleros mezclados con el ruido finamente orquestado que era simbólico de Puente. Bajo la dirección de la colección de productores importantes de Tico Records, se convertiría en una de las muchas canciones icónicas que el dúo lanzaría al cabo de dos años y cinco LPs.

El brillo que Puente brindaba fue más que suficiente para catapultar a Lupe (quien ahora era madre) al primer plano de la música latina, capturando el rapto vocal que Lupe había estado liberando ante las muchedumbres a lo largo de la década anterior, y refinándolo con su toque de veterano. Lo que no quiere decir que grabar a La Lupe, ya fuera un bolero, rumba, o guaguancó, fuese un paseo. “Era el demonio en bicicleta”, dice el veterano cantante Willie Torres, quien contribuyó varios coros a las sesiones ya clásicas de Tico durante los años 60, incluyendo las de Lupe. “Siempre tenía a todo el mundo al borde”. El ingeniero y productor Fred Weinberg recuerda en la película de Troyano la constante hazaña de capturar la voz de Lupe en el estudio. “Era como un huracán cuando entraba por la puerta. No creo que dos de las tomas de Lupe fueron iguales, o sea que sacábamos de ellas lo que podíamos. A ella no le importaba si se le escuchaba algún ruido raro en el micrófono; [eso] volvía loco a Puente. ‘¡Soy yo!’, decía”.

“Puente se convirtió en un mentor para La Lupe”, escribió el historiador Joe Conzo en un artículo para el Times-Herald Record en el 2004. “Él le proporcionó un ambiente en el cual ella podía expresar su creatividad”. Con todo lo que se benefició La Lupe del nombre y de la experiencia de Puente, él también se benefició del estrellato de Lupe, que quizás para entonces brillaba demasiado para el ego del Rey. “Ella era cantante en la orquesta de Tito Puente, y así es como le gustaban a él las cosas”, recordó el diseñador de carátu- las de discos y personaje de la música latina Izzy Sanabria en el documental de Troyano. “Pero cuando la gente venía a ver a La Lupe, acompañada por la orquesta de Tito Pu- ente...eso no le cayó muy bien a Tito. Ella era demasiado estelar... Ningún otro artista latino de esa época y en ese género musical había alcanzado ese tipo de exposición”.

Por consiguiente, Tito despidió a La Lupe. Por suerte para ella, Morris Levy, dueño de Tico Records, amaba tanto a su talento y al dinero que se estaba ganando gracias a ella, que le ofreció un contrato como solista. La Lupe rápidamente se dispuso a probarle a su ex jefe (y al cualquier otro escéptico) que era absolutamente capaz de vender discos por su cuenta. El hecho de que Puente esencialmente reemplazó a Lupe con su compatri- ota exilada Celia Cruz tiene que haber contribuido a la ira de Lupe, la cual expresó en letras como, “Y yo que le daba todo a mi jefe Tito Puente / Se me fue con la del frente, y solita me dejó [coro] / Ay ay ay, Tito Puente la botó” / Me botó, me botó”. Sin embargo, en vez de enfrentársele a Celia, La Lupe flexionó sus dinámicos músculos, tirando una curva estilística en su primer LP como solista, Y Su Alma Venezolana, rechazando arre- glos orquestados tipo big band para utilizar en su lugar un set minimalista de pegadizos números acústicos venezolanos. “La Lupe era mi preferida”, dice Izzy Sanabria desde su hogar en Tampa, Florida. “La diferencia entre Celia y ella es que Celia era una dama— gran estilo, gran voz. Pero La Lupe cantaba desde lo mas profundo de su alma. No hay otra manera de explicarlo”.

De 1966 a 1974, el alma de Lupe estaría efectivamente en pleno vigor en una docena de discos, un acontecimiento que pudiera haber sido bautizado—con el mismo nombre de su LP del ’68—la era de La Lupe (La Lupe’s Era). Se había convertido en una estrella financiable a su carismática mane- ra, y en 1969 pasó a ser la primera hispana en encabezar un show en Carnegie Hall, cobrando hasta $10,000 por noche. “Le gusto a la gente porque soy sincera”, le dijo La Lupe a la revista New York en 1969. “Puedes escuchar mis discos en todas las casas del barrio. Le rezo a Dios que nunca pierda mi sinceridad”. Además de vender millones de discos, la invitaban a tocar en festivales de rock con actos como Iron Butterfly, Jethro Tull, las Supremes, y Ray Charles, posicionándose para atraer a los fanáticos del pop sicodélico, un grupo que esperaba comprara su disco Queen Does Her Own Thing, producido por Harvey Av- erne y con arreglos de éxitos de rock y soul por Marty Sheller. Atrajo la atención del Vil- lage Voice, en el cual prácticamente se ex- clamó, “Ella es Janis, Aretha, y Edith Piaf mezcladas en una. Canta baladas mejor que Piaf, y canciones movidas como las otras dos—con locura añadida... Pudiese ganar una fortuna en el ámbito del rock... La Lupe—es devastadora, y parece que se está devastando a sí misma...Jim Morrison, toma nota”.

Morrison no vivió lo suficiente para tomar nota, pero el anfitrión de televisión Dick Cavett sí lo hizo. “Cuando recibió la llamada para presentarse en el programa de Dick Cavett”, recuerda Marty Sheller, “Lupe me dijo, ‘Marty, quiero que me hagas un arreglo de “Afro Blue”. Bobby Rosengarden estaba a cargo de la orquesta [del programa], y Víctor Paz era el trompetista principal. Pero la mayoría de los músicos americanos nunca habían tocado un 6/8 al estilo latino, así es que hacerlo bien tomó varios intentos. Aunque sólo era un ensayo, Lupe empezó a adentrarse en su zona, y los músicos se estaban muriendo de la risa; nunca habían visto nada igual. Pero todo sonaba muy bien. Entonces llegó la hora de grabar el programa y ella salió. Yo dije, “¡Carajo, mira lo que tiene puesto!”

“La palabra wow estaba en boca de muchos”, relató Cavett sobre el episodio en la película de Troyano, comparando la energética presencia de La Lupe con la de Jimi Hen- drix o la de Fred Astaire. “El público sabía que estaba presenciando algo diferente a lo que jamás había visto”. Cuando Lupe terminó su versión frenética de “Afro Blue”, la audiencia nacional televisiva había visto más de sus voluptuosas curvas y su unitardo dorado de lo que hubiese querido ver, sin hablar del casi desnudo Dick Cavett bailando junto a ella.
Mientras tanto, más o menos al mismo tiempo en que La Lupe estaba causando con- troversia en la televisión convencional, Fania Records y su acto principal, las Estrellas de Fania, estaban haciendo un gran revuelo en el mercado latino con música a la que llamaban salsa, e incitando disturbios en lugares como el estadio de los Yankees, que se vendían a capacidad. La salsa era un moderna, joven, e impetuosa vuelta “neoyoricana” a la música afro-cubana que empezaba a revolucionar el ambiente de la música latina en la Gran Manzana y más allá, y que contaba con muchas canciones escritas por Tite Curet Alonso, quien se había lanzado a la fama con su primer éxito, “La Gran Tirana”, del álbum de años atrás, Queen of Latin Soul, de La Lupe. Aunque las candentes energías de ambos hubiesen parecido resultar en un emparejamiento natural, Fania no quería mucho que ver con La Lupe, ya que habían contratado a su única cantante femenina, Celia Cruz, a la que eventualmente llamarían la “Reina de la Salsa”. Por su parte, Celia, la mayor de las dos, respetaba a su colega. “Lupe es una buena intérprete de canciones de la música moderna”, le dijo a Rolling Stone en 1972. “Ese no es mi estilo, pero ella es también una creadora, y yo la admiro por eso”.

Por lo tanto, la única presentación de La Lupe con un conjunto estelar sería con “Sale el Sol” en 1974 en Carnegie Hall, como parte del concierto de las Estrellas de Tico-Alegre, la última llamada para el desvaneciente imperio latino de Morris Levy, el cual pronto sería absorbido por la rápida expansión de Fania. Y aunque su producto fue sólido durante el resto de los años 70, el brillo de La Lupe comenzó a disminuir. La década de los años 80 fue simplemente cruel, a medida que rumores de uso de drogas, problemas económi- cos, un incendio en su apartamento, y una debilitante caída severamente afectaron a la madre de dos, obligándola a depender de la misericordia de refugios para desampara- dos, cheques de asistencia social del gobierno, y de sus colegas músicos. Sabiendo que la música que llevaba dentro no la soltaría, ella soltó a la música, abandonando por completo las presentaciones seculares y cambiando sus creencias santeras por las pentecostales.
En 1992, cuando murió mientras dormía de un ataque masivo al corazón a la edad de 56 (ó 59) años, muchos se reunieron para llorar a una de las estrellas más grandes que jamás habían visto o escuchado. Y aunque ella había logrado más que la mayoría, todavía persistía la sensación de que quizás el ícono controversial no había logrado alcanzar el máximo potencial que Dios le otorgó.

Había sido una luchadora toda su vida, superando obstáculos raciales, políticos, y personales a lo largo del camino. “Soy negra y cubana, y no le agrado a mucha gente por eso”, le había dicho a la revista Rolling Stone veinte años antes de su muerte. “La gente es prejuiciada porque uno es negro, son prejuiciados porque uno es gordo... En Cuba existía el prejuicio, pero a mí no me importa. Había prejuicio en Norteamérica también cuando llegué. Todavía sigo luchando por La Lupe, sigo luchando... Canto música soul porque me gusta. ¡Cantaría en China siempre y cuando la gente tenga soul!” “En Cuba me decían loca”, diría La Lupe después.

“No me entendían”. El Bronx en donde actualmente se encuentra La Lupe Way definitivamente sí la entendió. 



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From: SOY LIBRE Sent: 31/08/2015 17:41

 
  
  
LA ETERNA CANTANTE CUBANA LA LUPE 

 
La Lupe  el auténtico ciclón caribeño que revolucionó la música afrocubana en los 50 y sesenta
Muchos años antes del punk, años antes de las ardorosas puestas en escena de Janis Joplin o Patty Smith, una cantante cubana daba que hablar por sus tormentosos éxtasis escénicos y sus polémicas apariciones públicas. Conoció la gloria y el fracaso, ganó mucho dinero y terminó en la miseria. Grandes intelectuales han glosado su figura, que ahora está rodeada de una aureola mítica. Sobre La Lupe, el escritor Guillermo Cabrera Infante escribió lo siguiente:

"Salía una mulata que daba la impresión de ser a la vez fornida y delicada, según se mirara a las grandes tetas o a los grandes brazos y cantando, interpretando (ese es el verbo adecuado) un calipso de Adolfo Guzmán. Pero se convertía de pronto en un temblor demente, en una incursión trepidante, en un verdadero ataque. La cantante misma primero parecía poseída por el demonio del ritmo y su miedo escénico se convertía en una forma de terror.- 'Hoy tengo el diablo en el cuerpo y me abrasa la fiebre de tu ardor / Este delirio por ti me consume / ¡hoy tengo el diablo!'. La cantante ahora se golpeaba, se arañaba y finalmente se mordía las manos, los brazos. No contenta con este exorcismo musical, se arrojaba contra la pared del fondo, dándole trompadas con los puños y con uno o dos cabezazos se soltaba, literal y metafóricamente, el moño negro. Tras aporrear el decorado, atacaba al piano y agredía al pianista con una furia nueva. Todo ello, es milagroso, sin dejar de cantar ni perder el ritmo de cálido calipso que ella convertía en una tórrida zona musical'.
Así evocaba Cabrera Infante su contacto con La Lupe en el antro habanero La Red, en una Cuba en plena euforia de la revolución. Principio de una era en la que no encajarían: ambos terminarían exiliándose.

La Lupe se llamaba en realidad Victoria Yolí Raymond, nació el 23 de diciembre de 1936 en Santiago de Cuba y fallecida el 29 de febrero de 1992 en Nueva York. También conocida como "la Reina del Latin Soul", se introdujo en el mundo de la música cantando en distintos locales habaneros, una vez terminada, por exigencia paterna, su carrera de magisterio.

En 1959 formó, junto a su primer esposo, Eulogio "Yoyo" Reyes, el Trío Tropicuba, que comenzó a presentarse de forma permanente en el legendario bar de La Habana La Red.
Su forma de cantar, llena de energía y con un cierto toque estrafalario, la hizo famosa casi inmediatamente en toda la isla.

Tras los primeros meses de euforia revolucionaria, el régimen cubano comenzó a controlar con mano férrea lo que ocurría en esos clubs nocturnos, siempre sospechosos de albergar la contrarrevolución.

La tensiones con los Estados Unidos extienden el lema: “con la revolución o contra la revolución”, sobraban todos los indecisos. La Lupe y otros muchos artistas optan por exiliarse. Así viajó a México y, a los pocos meses, a Nueva York, donde empezó a cantar en un bar de mala muerte: La Barraca.
Allí fue "descubierta" por el percusionista Mongo Santamaría, con el que grabó el disco Mongo Introduces La Lupe (1963) .Ciertas desavenencias con Santamaría fueron aprovechadas por Tico Records para proponer a la artista formar un tándem con Tito Puente que grabó cuatro discos que tuvieron un éxito inaudito y la catapultaron al estrellato.
 
Más famosa que Celia Cruz en los años 60, el éxito de La Lupe se debió en parte a su canto aguerrido, su peculiar y única manera de afrontar el bolero y la cada vez mayor influencia de una música latina alejada de los formalismos de salón que imperaron, en los años 50, en la ciudad de los rascacielos. Ese canto arrabalero, más propio del barrio que de un salón de baile, halló en La Lupe su mejor exponente femenino.

Viajó por muchos países de la región y fue cartel principal en los reputados carnavales de Caracas, en los que ganó premios a la mejor cantante y llenaba el aforo de sus presentaciones.
 
En Nueva York fue la primera cantante latina que actuó en el Carnegie Hall y el Madison Square Garden. Fueron los días del esplendor para la Lupe.

En los años 70, sin embargo, varios factores incidieron para que su estrellato decayese.  Su vida personal y sentimental era un auténtico terremoto. Ella era santera y muchos de sus "mayores" se aprovechaban de su influencia y dinero; su segundo esposo, Willie García, empezó a desarrollar un cuadro esquizofrénico que la obligó a gastar ingentes sumas de dinero en tratamientos médicos. Sus hábitos manirrotos hacían que, por ejemplo, gastase los 20.000 dólares que ganaba en un concierto en un nuevo abrigo de piel. También, la consolidación de la salsa contribuyó a que sus producciones musicales fuesen perdiendo relevancia.

En 1974 el sello disquero Tico Records fue adquirido por Fania Records y sus directivos, que habían logrado que Celia Cruz se mudase a la ciudad y formase parte de las portentosas Fania All Stars, decidieron dejarla a ella en un segundo plano.

Así que tenemos a finales de los setenta a una Lupe pobre, con su mansión hipotecada, se mudó a Puerto Rico durante unos meses mientras esperaba recibir algún contrato para cantar en los escenarios. El viaje a Puerto Rico le trajo problemas con varias cadenas televisivas, su peculiar estilo de bailar e interpretar algunas canciones fueron más allá de lo permitido.
He aquí un documento sonoro del paso de La Lupe por la ista puertorriqueña. . Es su aparición estelar en el show de “El gallo”.

Aunque era querida por mucha gente en la isla, lo cierto es que en esta época Puerto Rico es mucho más puritana de lo que era Cuba y los excesos de La Lupe no fueron siempre bien encajados. Nadie le miraba, nadie le escuchaba, nadie le hablaba. Tampoco nadie le llamaba porque... había perdido el móvil. Así que localizó un fijo, llamó a su número y una voz campanuda le dio una clara explicación: “No Existe”. Todo estaba aclarado.

En una presentación para el Canal WAPA, se desprendió de toda su ropa al interpretar una canción. Nadie entendió aquello en su debida dimensión y la Lupe abandonó Puerto Rico rodeada de incomprensión.
Tras la amarga experiencia Puertorriqueña, optó por regresar a Nueva York.
A finales de los 80 se convirtió a la religión evangelista.
El 29 de febrero de 1992 sufrió un paro cardiaco fulminante mientras dormía en un pequeño apartamento que compartía con su hija Rainbow en el Bronx. Le sobrevivieron su esposo, William García; su hija, Rainbow, y su hijo, René Camaro (cuyo padre fue Eulogio Reyes). La tumba de La Lupe se encuentra en el cementerio St. Raymond's del Bronx..Hemingway la llamó “La creadora del arte del frenesí”,Jean Paul Sastre la llamó “Un animal musical” Picasso la definió como  “Un genio”, Y un íntimo admirador, Guillermo Cabrera Infante la llamó “Fenómeno fenomenológico”.

 


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From: SOY LIBRE Sent: 31/08/2015 17:46

 
 
 


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LA LUPE VÍCTIMA DE 'UNA MALA BIOGRAFÍA
             Por Jorge Posada -
Hubo una breve época en La Habana de inicios de 1959 (cuando el país entero vivía la euforia del derrocamiento de Fulgencio Batista y del ascenso al poder de Fidel Castro) que entre tantas grandes intérpretes—Blanca Rosa Gil en el Ali Bar, Elena Burke en el club Scheherazada, Freddy en el Bar Celeste, Bertha Dupuy en el cabaret del Hotel Riviera y la inmensa Olga Guillot, en Tropicana y en Montmartre— una nueva cantante electrizaba a la ciudad. Todos hablaban de ella y aparecía dondequiera: en periódicos, en revistas, en entrevistas de radio y en programas de televisión. Cantaba en La Red (Donde el amor queda aprisionado, decía la propaganda), un club del Vedado de moda entonces, con variospullmans al fondo, un escenario pequeño y veinte o treinta mesas; decorado con temas marinos para darle al auditorio el sentimiento de estar en un barco de pesca.
  
La cantante era una mulata joven y dinámica; con un moño alto, de senos generosos, de un temperamento descarado que tenía también una belleza salvajemente atractiva. De cierto modo la mujer no cantaba sus canciones, sino que las sufría, las gritaba, las lloraba, con una rabia contenida y las ofrendaba con una cómplice seducción. «Todo el mundo tiene fiebre, eso bien que lo sé yo», cantaba. Y susurraba con sensualidad: «Tener fiebre no es de ahora, hace mucho tiempo que empezó. ¡Ayyy!», soltando una carcajada, acariciándose los muslos, los pechos; halándose el pelo, dándole en español una furia fresca aFever, el éxito de Peggy Lee. Después, aún con ritmo y sin perder la letra ni la entonación, entraba en trance con su versión de Crazy Love, de Paul Anka, y se golpeaba, se mordía, se volvía a reír, se quitaba los zapatos, los anillos, los collares y le pegaba una y otra vez al pianista Homero Balboa y al percusionista Lacho Rivero quienes, resignados, continuaban tocando. En medio de actuaciones tan auténticas, el público, escritores y artistas enloquecían y en pocos meses la hicieron su favorita.
  
Se llamaba Guadalupe Victoria Yolí Raymond pero era conocida como La Lupe (Santiago de Cuba, 23 de diciembre de 1939 – Bronx, Nueva York, 29 de febrero de 1992) y hoy en día más que una diva es una auténtica leyenda.
  
Nunca hubo rivalidad con Celia Cruz
A propósito de la telenovela Celia, sobre la vida de Celia Cruz, que transmitió la cadena Telemundo en un horario estelar, ha surgido una encendida polémica sobre sus torpes desatinos cronológicos, su distorsión de la verdad histórica y la abundancia de anacronismos. Los errores son mayúsculos, las inexactitudes son descomunales, las actuaciones son de espanto y el guion más que una distorsión de la realidad resulta un insulto a la sensibilidad de los cubanos. La Habana era un burdel del Caribe, Celia Cruz no tenía una hermana blanca y envidiosa, ni era en absoluto como la pinta el guionista colombiano Andrés Salgado.
  
Tampoco La Lupe, a través del personaje de Lola Calvo, basado arbitrariamente en su vida, era el ser lleno de maldad que tergiversa la novela. Aunque Celia conoció y compartió actuaciones con La Lupe, no hubo nunca una amarga rivalidad, un altercado ni un enfrentamiento entre las dos. El escritor francés Marcel Proust, que sabía mucho de mujeres, dijo una frase que no ha perdido su vigencia: “Las malas biografías le añaden un perturbador terror a las vidas de las mujeres”.
 
La Lupe nació en San Pedrito, un barrio pobre de Santiago de Cuba, y desde muy niña le gustó la música: el bolero, la guaracha, el guaguancó, las comparsas y los toques de santo; le fascinaban las españolas Carmen Amaya y Lola Flores y la cubana Olga Guillot.
 
En 1955 se mudó con la familia a La Habana y siendo muy joven empezó a cantar en concursos de radio y en pequeños clubes, pero su padre, Tirso Yolí, era muy dominante, y no quería que su hija fuera cantante, por lo que la obligó a estudiar para maestra en la Escuela Normal. Con el tiempo se independizó del padre, pasó a formar parte del grupo de Facundo Rivero, y a finales de los años 1950, se casó con Yoyo Reyes, integrante y fundador del trío Los Tropicuba, con el que empezó a cantar en 1958. Pero el simpático Yoyo era un tipo incontrolable y se enredó con Tina, la otra muchacha del grupo, dejando a Lupe Victoria sin esposo y sin trabajo. Ella no se acobardó y pronto se lanzó como solista. Tocada por eso que en el mundillo farandulero suele llamarse polvo de estrellas, con un instinto musical único y un estilo cautivante, de la noche a la mañana se volvió un fenómeno irrepetible de la frenética vida nocturna habanera. Había surgido La Lupe.
 
En Cuba su carrera fue vertiginosa y efímera al mismo tiempo. Los primeros aires de la revolución con sus proyectos y sueños empezaron a desaparecer y el frenesí de aquella fuerza de la naturaleza no tenía cabida en el cada vez más asfixiante clima político ni en la aburrida moral puritana del régimen. Como le pasó a tantos músicos, a La Lupe no le quedó más remedio que irse muy temprano del país.
 
Un vendaval en Nueva York
A comienzos de 1962 se asiló y no regresó más. Primero en México, luego en Miami y finalmente en Nueva York. Sus primeros años en el exilio fueron muy difíciles como ocurrió con la mayoría de los exiliados. Debió vivir una dura etapa de adaptación trabajando en locales nocturnos por muy poco dinero, pero su amor a la música era mucho, y cantaba en las calles de los barrios, tocando las puertas de los distintos bares. No se le pudo negar la oportunidad: con su potente voz, sus movimientos exuberantes y su presencia llena de energía era una sensación. Su música, una fusión afrocubana con jazz y un poco de rock daba de que hablar. En el escenario era un vendaval; poderosa e intensa, sobre todocuando cantaba boleros.
 
El ilustre percusionista Mongo Santamaría fue a verla en persona en el club de Nueva York donde cantaba y enseguida le propuso grabar con él un disco que fue un hit rotundo: Mongo Introduces La Lupe (1963). Después Tito Puente se la lleva para su orquesta y graban juntosTito Puente Swings, la Exciting Lupe Sings (1965), que contenía una de sus canciones más famosas, el exitazo Qué te pedí.
 
Aparecía frecuentemente como invitada en los programas más populares de la televisión, como los de Dick Cavett, Mike Douglas y Merv Grifith: era un fenómeno incontenible y la reina de la música latina en Estados Unidos.
 
Fue la primera cantante latina que actuó en el Carnegie Hall y en el Madison Square Garden. Fue a la vez la gracia más exuberante y la más recóndita tristeza. Ganó y derrochó mucho dinero; tuvo fama, gozó de caprichos y cometió excesos; disfrutó de amantes, dos hijos y practicó la santería; fue adorada por sus seguidores y grandes celebridades la admiraron incondicionalmente.
 
Pablo Picasso dijo de ella: “Es un genio”. Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir exclamaron al unísono: “Es un animal imparable”, y años más tarde, la revista neoyorquina The Village Voice proclamó: “La Lupe es Edith Piaf, Janis Joplin y Aretha Franklin en una sola mujer, más un toque de locura”. En sus años finales se quedó en la pobreza, se entregó a los evangelios y se hizo predicadora. El cineasta español Pedro Almodóvar la inmortalizó en la película Mujeres al borde de un ataque de nervios, que cierra con su magistral interpretación de Puro teatro, de Curet Alonso.
 
Vivió en un tiempo irrepetible que Fidel Castro –que jamás bailó un chachachá, tarareó una guaracha ni se conmovió con la angustiada letra de un bolero– trató de destruir con saña y encarnizamiento; un momento fugaz en que todavía la vida era menos una queja.
 
El 29 de febrero de 1992, un infarto fulminante mató a los 53 años en un hospital de Manhattan a Guadalupe Victoria Yolí Raymond, pero laexplosiva vitalidad, la insolente personalidad y las trepidantes canciones de La Lupe vivirán para siempre.
 
 


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