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General: A LA CAZA (CRUISIN), LA PELÍCULA MÁS POLÉMICA SOBRE LA CULTURA GAY
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Respuesta  Mensaje 1 de 2 en el tema 
De: BuscandoLibertad  (Mensaje original) Enviado: 17/02/2023 14:59
                                                                                                                    AL PACINO
Un día de julio o agosto de 1979. Manhattan, Nueva York. Barrio de Greenwich Village. Nos encontramos en Waverley Place o West Street, por ejemplo. Al Pacino rueda su película a las órdenes del director William Friedkin, con quien trabaja por primera vez. Se titula ‘A la caza’ y es el décimo título de sus filmografías.
 
Pacino encarna a Steve Burns, un policía novato infiltrado en los ambientes BDM gays de Nueva York, en búsqueda de un sádico asesino. Es seleccionado por sus superiores por encajar en el perfil de las víctimas: hombres homosexuales que alternan en estos locales. Durante el desarrollo de la misión para atraer y atrapar al fetichista homicida, experimentará una crisis de identidad.
 
Desde el otro lado de la calle, tras el cordón policial, a Pacino le gritan «pequeño maricón» y otros epítetos. La comunidad gay considera que la película incita al odio. El intérprete no entiende el virulento rechazo que está suscitando, si ni siquiera está terminada. Jamás hubiera aceptado hacerla si el guion le hubiera parecido homófobo. Detesta encontrarse en el ojo del huracán; está incómodo. Él tan solo es un actor haciendo su trabajo.
 
La estrella discreta
Alfredo James Pacino, nació el 25 de abril de 1940 en Manhattan, Nueva York, hijo de padres italoamericanos, Salvatore Pacino y Rose. Su progenitor los abandonó cuando él tenía dos años.
 
Al Pacino empezó a fumar a los nueve años, y a beber alcohol y a consumir marihuana desde los trece. Dos de sus mejores amigos murieron a causa de su adicción a las drogas. Creció en el Este de Harlem y el Bronx metiéndose  en peleas ocasionales y siendo un elemento perturbador en la escuela.
 
En su adolescencia "Sonny", como le conocían a sus amigos, pretendía convertirse en jugador de béisbol. Desde muy pequeño demostró su vocación destacando en las funciones escolares. Tuvo su oportunidad en la renombrada High School of the Performing Arts, suspendió todo excepto Inglés.
 
Dejó el colegio a los 17 años, y debido a las discusiones que mantuvo con su madre, se fue de casa.
 
Se trasladó a Greenwich Village a los 19 para convertirse en actor. Trabajó como mensajero, ayudante de camarero, portero y empleado de correos para financiar sus estudios de actuación.
 
Al Pacino Apareció en círculos de teatro underground de Nueva York, pero fue rechazado en el Actors Studio cuando aún era un adolescente. Entró al Herbert Berghof Studio, donde conoció al maestro de actuación Charlie Laughton, que se convirtió en su mentor y mejor amigo. Durante este período a veces tuvo que dormir en la calle, en cines, o en la casa de algún amigo al no tener ingresos estables.
 
En 1961 fue arrestado por la policía acusado de portar un arma oculta. Un año después estuvo a punto de entrar en un hospital psiquiátrico tras la muerte de su madre, que falleció con 43 años. En 1963, también murió su abuelo James, una de las personas más influyentes en su vida.
 
Después de cuatro años en el HB Studio, superó con éxito la prueba para ingresar al Actors Studio, donde estudió "método de actuación" bajo la dirección de Lee Strasberg.
 
Empieza a actuar en cafés-teatro y en 1969 debuta en Broadway con la obra "Does the tiger wear a Necktie?". Gracias a su actuación consiguió un premio Tony.
 
Muchas de sus películas están basadas en su apariencia de hombre común (Serpico, Sidney Lumet, 1973; Un instante, una vida, Sidney Pollack, 1977; A la caza, W. Friedkin, 1980).
 
Radiografía de ‘A la caza’.
A Friedkin le fascinaba contar esta historia de asesinatos en un mundo restringido, tabú para la mayoría. Una estimulante oportunidad para cuestionar el arquetipo masculino que articula sus obras. La película parte de la novela homónima de 1970 publicada por Gerald Walker, periodista del 'New York Times'. Le pareció desfasada y tan solo tomó la premisa argumental. Friedkin urdió su película partiendo de diversas fuentes.
 
Recurrió a su amigo Randy Jurgensen, detective del Departamento de Policía de la Ciudad de Nueva York, que colaboraba con él como actor y asesor técnico, para insuflarle autenticidad. Era una presencia habitual en sus filmes desde ‘French Connection. Contra el imperio de la droga’, ya que participó directamente en el caso que inspiró dicha película.
 
Jurgensen, junto a su compañero Sonny Grosso –que también participa en ‘A la caza’– se introdujeron en los ambientes del Village en 1962 para investigar el asesinato de varios hombres homosexuales, presuntamente perpetrados por dos criminales que se hacían pasar por policías. Friedkin tomaría buena nota de esta vivencia y la integraría en la película.
 
Obsesionado con tomar el pulso a la calle para ser lo más verosímil posible, Friedkin frecuentó locales como el Mineshaft, el club BDSM gay más salvaje. Pertenecía a una de las familias mafiosas de Nueva York, el clan de los Genovese.
 
Gracias a su amistad con una de sus cabezas visibles, Matty «el Caballo» Ianniello, a Friedkin se le abrirían las puertas de par en par para rodar con los clientes habituales como extras. Se empapó de la filosofía leather bar de la ciudad, quedó fascinado por la atmósfera única que hace palpitar este, según sus palabras, «mundo de fantasía».
 
Hablemos de crímenes
1973. Paul Bateston, de 38 años, es un apreciado técnico de radiología del NYU Medical Center –hoy NYU Langone Medical Center–. William Friedkin lo contrata junto a otros especialistas en la materia, como actores en ‘El exorcista’. Recrearán con precisión clínica la cruda secuencia en la que a Regan –Linda Blair– le realizan un angiograma –una radiografía de los vasos sanguíneos–. Si has visto la película estas imágenes se habrán quedado grabadas en tu mente. Si no la has visto, Friedkin irá a tu casa y te fustigará.
 
Entre 1975 y 1977 unos extraños objetos aparecen flotando en el East River, que separa Long Island de Manhattan. Unas bolsas de plástico negras –parece ser que pertenecientes al NYU Medical Center– que contienen fragmentos humanos desmembrados, de seis hombres distintos.
 
Los análisis de los restos de ropa adheridos llevan a las autoridades hasta una tienda de Greenwich Village que vende artículos BDDM, allí se pierde el rastro. No se identifica a las víctimas, posiblemente homosexuales, ni a probables sospechosos. Desde entonces se conocen como los Bag Murders.
 
14 de septiembre de 1977. Addison Verrill, crítico cinematográfico de Variety, muere tras ser golpeado con una sartén en la cabeza y apuñalado en el corazón, en su apartamento de Greenwich Village. La policía no muestra demasiado interés, como suele hacer con los casos de homosexuales asesinados. Lo achacan a un robo que acaba mal.
 
Arthur Bell es un influyente periodista gay autor de una página semanal, Bell Tells, en el periódico Village Voice. Escribe con asiduidad sobre crímenes de tintes homófobos sin resolver. Siempre advierte a sus lectores que eviten el circuito BDSM para no exponerse a situaciones peligrosas.
 
Bell denuncia en un artículo la desidia de las autoridades ante el crimen de Verrill y advierte que tras ello se esconde un psicópata. Días después, Bell recibe una llamada anónima en la que un individuo confiesa haber asesinado a Verrill. Elogia el artículo, pero deja claro que él no es ningún psicópata.
 
Explica que tras conocer a Verrill en Badlands –un bar gay–, bebieron, se drogaron y visitaron otros locales como el Mineshaft. Luego mantuvieron relaciones sexuales en casa del periodista, antes de acabar con su vida. Era la primera vez que mataba; lo hizo porque no conectó con él y se sintió rechazado.
 
Más tarde Bell recibe una nueva llamada anónima en la que otro hombre afirma conocer la identidad del asesino, él mismo le había confesado el crimen. Su nombre: Paul Bateston, alcohólico y en paro. Es detenido y declara ante la policía ser el autor.
 
Durante el juicio llega a retractarse. A lo largo del proceso Bateson se convierte en sospechoso de los crímenes de las bolsas cuando, según el fiscal del caso, cuenta a un amigo que había matado a otros hombres y después los había troceado para deshacerse de ellos.
 
Friedkin lee el caso de Batesonen la prensa. Espoleado por la curiosidad, va a verle a la cárcel y le pregunta si ha matado a esas personas. A partir de este punto es probable que los recuerdos se confundan. Según Friedkin, Bateson le dice que acabó con la vida de Verrill. Lo despedazó y arrojó sus restos al East River, lo cual no sucedió así. Friedkin añade que Bateson se está pensando si atribuirse los crímenes de las bolsas; la policía le ha ofrecido una reducción de condena a cambio para poder cerrar el caso.
 
El 5 de marzo de 1979 Bateson es condenado a un mínimo de 20 años por el asesinato de Verrill y no se encuentran evidencias que lo vinculen con el resto de asesinatos. Los crímenes de las bolsas permanecen sin esclarecer. Bateson sale de la cárcel en 2003 y no se sabe más de él.
 
Friedkin incorpora los Murder Bags a la trama de la película y tiene muy en cuenta los artículos de Arthur Bell, que se convertirá en el mayor enemigo de Friedkin y su película.
 
Village People
El verano de 1979 es especial en Greenwich Village, el vecindario paradigmático cuna de la contracultura y de la comunidad homosexual neoyorquina. Se cumple el décimo aniversario de la revuelta de Stonewall Inn, germen de la marcha del Día Internacional del Orgullo LGTBQ y origen del Frente de Liberación Gay. Hace menos de un año que el neoyorquino Harvey Milk, el primer político que se declaraba abiertamente homosexual, era asesinado en San Francisco.
 
En la ciudad californiana, entre 1974 y 1975, el asesino conocido como The Doodler mató a cinco personas. Se lo relaciona con 14 casos más. Frecuentaba bares gais y diners. Dibujaba un retrato de la víctima a la que acechaba –siempre un hombre homosexual de raza blanca– y luego se lo regalaba para romper el hielo. Tras mantener relaciones sexuales con él, lo acuchillaba y abandonaba su cadáver en el Golden Gate Park o en la playa de Ocean Beach. The Doodler aún no ha sido atrapado y actualmente se ofrece una recompensa de 100 000 dólares a quien pueda aportar información valiosa.
 
Otros sucesos similares igual de graves siembran el terror entre el estigmatizado colectivo. La primera marcha nacional por los derechos de los gais y las lesbianas está programada para octubre de 1979 y se gesta en el corazón de Greenwich Village. 'A la caza' se va a rodar allí durante ocho semanas en aproximadamente ochenta localizaciones, todas reales. Para ellos la película no es solo una provocación: es una declaración de guerra. La mecha prenderá.
 
Jim Hubbard es un documentalista experimental que filma un cortometraje en 8 milímetros sobre las manifestaciones contra 'A la caza' –‘Stop the Movie (Cruising)’–. Según sus palabras, la batalla comienza cuando un miembro de la producción facilita una copia del guion a Arthur Bell, que escribe una invectiva contra la película. Según Friedkin, esta incendiaria columna se publicó tras la segunda semana de rodaje.
 
En ella el periodista manifiesta que la película sería la más homófoba jamás vista. Basa sus argumentos en el contenido de la novela y en el guion, que retrata a los homosexuales como depravados que eran victimizados y ridiculizados. Considera el argumento una invitación a asesinarlos. En un programa de la cadena ABC, Bell exhorta al colectivo homosexual a combatir la película.
 
A la voz de "Cruising must go" y otras soflamas, con los puños y las pancartas en alto y envueltos en el ensordecedor ruido de sus silbatos, alrededor de un millar de manifestantes organizan piquetes cada jornada del rodaje. Se dirigen allí donde se establece el equipo de filmación, bajo la atenta mirada de la policía. En algunos casos superan el centenar. El ochenta por ciento de los diálogos de la película tendrá que ser regrabado.
 
Según las crónicas hay algunos enfrentamientos con heridos y detenidos. Los manifestantes bloquean el tráfico, rompen las ventanas de los bares donde se rueda, propagan avisos de bomba, arrojan botellas y latas a los vehículos de producción, a los actores y al propio Friedkin, que recibe amenazas de muerte. Algunos extras sabotean las tomas haciendo burlas a la cámara...
 
Otros abandonan el rodaje por las amenazas que lanza Bell a todos aquellos que se atreven a colaborar en la producción. El editor jefe de la revista gay 'Mandate', John Devere, es uno de los 1600 figurantes que participan en la película. Según dice, el número de manifestantes disminuye con el paso de los días, solo actúan de noche y casi siempre son los mismos, aproximadamente una veintena.
 
La sede de la organización de la marcha nacional por los derechos de los gais y las lesbianas se convierte en el centro neurálgico donde se organizan las protestas. Demandan a la productora de la película, Lorimar. Exigen al alcalde, el demócrata Edward Koch, que retire los permisos de rodaje. Este rechaza la petición por considerarla una forma de censura.
 
Friedkin y su productor, Jerry Weintraub, se defienden arguyendo que el relato no pretende ser representativo de la comunidad y que no están inventándose nada. Según Bell, a lo largo del rodaje el guion se va reescribiendo para eliminar los aspectos más incendiarios. Friedkin asegura que, pese al acoso, no se toca ni una coma.
 
En esta coyuntura histórica, semejante reacción social es comprensible; sin embargo, no se puede descartar que las voces más conservadoras braman desde el miedo y el rechazo a los hábitos BDSM. En todo caso, ‘A la caza’ es un producto de estudio con aspiraciones comerciales, que se atreve a exponer a la luz una cultura clandestina. Tendrán que pasar los años para que se reconociera como tal.
 
Desnudando ‘A la caza’
‘Cruising’ no es una película homófoba; es un arriesgado relato sobre la identidades adelantado a su tiempo. El reverso harcore de una película que Friedkin filmó una década antes, ‘Los chicos de la banda’ (1970). Una adaptación de la obra de teatro homónima de Off-Broadway de 1968, escrita por Mart Crowley.
 
Este texto supuso una revolución por su retrato íntimo y amargo de un grupo de amigos gais del Nueva York de finales de los sesenta. La versión cinematográfica está dirigida con pulso, frescura y un buen sentido del ritmo.
 
'A la caza' propone una aproximación más osada centrada en los cuerpos, en los rituales de seducción, en las pulsiones. La mirada de Friedkin es la de un infiltrado en este universo regido por sus propios códigos, que documenta el estilo de vida del Macho Man hambriento de emociones fuertes.
 
Un reducto de libertad que muy pronto sufriría el azote del sida: el 5 de junio de 1981 se hicieron públicos los primeros cinco casos de personas infectadas, todos varones gais con vida sexual activa, que sucumbieron a la neumonía. La enfermedad y sus víctimas serían demonizadas durante años. En 1985 los inspectores del NYC Consumer Affairs Department cerraron el Mineshaft, por permitir prácticas sexuales de alto riesgo que podían propagar el virus.
 
El personaje de Burns/Pacino ve la misión como una oportunidad para recibir un ascenso y convertirse en detective. Un juego que supone ponerse en la piel de alguien que no es, cambiar un uniforme por otro. La segunda piel de Burns es de cuero negro y tachuelas, pegajosa. Pronto no la distinguirá de la suya.
 
La lucha interior de Burns por entender quién es o en quién se está convirtiendo se concentra en la mirada de Pacino. Compone esta transformación de forma introspectiva. En cada sudoroso vergel que visita descubre algo nuevo, llega un poco más lejos (o más profundo). Friedkin se mantiene enigmático respecto a los límites que sobrepasa Burns; tiene cuidado en ser lo más confuso posible para el espectador.
 
El director propone un hitchcockniano y esquizoide juego de disfraces, de identidades, de dobles vidas, de capas sobre capas. Los roles de policía, asesino y víctima se confunden, al igual que el deseo, el odio y el Popper se entremezclan con otros embriagadores vapores de la noche.
 
Si los mejores trabajos de Friedkin se caracterizan por su vigor, en esta ocasión la narración está dominada por una tensión muy peculiar: la que recorre estos edenes de cuerpos dilatados a punto de estallar, antes del último clímax o de la misma muerte.
 
La película que nunca veremos
Friedkin tuvo que eliminar 40 minutos del montaje final para eludir la calificación X de la MPAA –Motion Picture Association of America–. Metros y metros de puro porno gay, ha aclarado. Ese metraje amputado se perdió para siempre.
 
En 2013 el inefable James Franco y el director del cine Travis Mathews presentaron en el Festival de Sundance y en la Berlinale su particular homenaje a este fragmento cercenado: ‘Interior. Leather Bar’. Un ensayo dirigido por ellos, a medio camino entre el falso documental y el cine erótico.
 
Fantasean recreando lo que podría aparecer en aquellos míticos fragmentos perdidos. De paso reflexionan sobre la representación en la pantalla del sexo homosexual y reivindican la normalización del BSDM.
 
‘A la caza’ llegó a los cines estadounidenses el 15 de febrero de 1980 con una calificación R –los menores de 17 años deben ir acompañados de un padre o tutor adulto–, de la mano de United Artists.
 
Se vendió como un thriller policíaco más, evitando cualquier referencia a los aspectos más polémicos. En las copias de exhibición se incluyó un mensaje antes del comienzo, que indicaba que lo que se vería a continuación no era una crítica a los homosexuales.
 
Fue recibida a pedradas y desapareció muy pronto de las salas; supuso el tercer fracaso consecutivo para Friedkin. Actualmente la película se ha revestido de cierta mitología y cuenta con sus devotos, entre ellos Quentin Tarantino, fan del director.
 
Mientras Friedkin sigue defendiendo a su criatura, Pacino apenas ha hablado de ella. Para él, está mutilada y cree que Friedkin no filmó el guion entero. Pronto sería agua pasada para ambos. El actor encarnaría ni más ni menos que a Tony Montana en la icónica ‘El precio del poder’ (Brian de Palma, 1983) y Friedkin recuperaría su toque maestro en la visceral ‘Vivir y morir en Los Ángeles’ (1985).
 
‘A la caza’ mantiene a pesar del paso de los años su poder de atracción y de suscitar debate. Posee una personalidad genuina y continúa escondiendo algún que otro secreto.
 
  NOTA:
Cruising en el argot policial dicen que significa algo así como patrullar. Pero de acuerdo al vocabulario gay se lo aplica a la búsqueda de encuentros sexuales o simple ligue entre homosexuales en lugares públicos.
 


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Respuesta  Mensaje 2 de 2 en el tema 
De: BuscandoLibertad Enviado: 17/02/2023 15:16
 

 


 
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